I201003a
Fecha: 20030818
Título: A veces nos va tan bien, que nos termina yendo mal
Original en audio: [3 min. 06 seg.]
Hermanos:
Esas lecturas que hemos escuchado nos enseñan que a veces, cuando a uno le va mal, le está yendo bien; y a veces, cuando a uno le va bien, le está yendo mal.
Porque a ese joven rico le iba muy bien, era rico; y el país en el que estaba y el tiempo en que vivía, no eran ni un país ni un tiempo de ricos. Los pobres judíos estaban oprimidos y muchísima gente pasaba graves necesidades, pero a este hombre le iba bien, pero le iba tan bien, que le fue mal.
Porque estaba tan apegado a las cosas que tenía, tan apegado a las cosas que tenía, que más bien parece que las cosas le tenían a él. Él no era dueño de las cosas, las cosas se habían vuelto dueñas de él, y por eso, aunque parecía que le iba bien, en realidad le iba mal.
Lo mismo nos puede pasar a nosotros. Hay veces que las cosas salen tan bien, no tenemos problema; tenemos, por ejemplo, juventud, belleza, prosperidad, amigos, estudios; se nos olvida Dios. Nos va tan bien, que nos termina yendo mal.
Pero la primera lectura muestra que hay veces, cuando a uno le va mal, es cuando entonces sí le va bien; porque hay veces que cuando nos sentimos oprimidos y en dificultad, ahí sí clamamos al Señor y ahí sí descubrimos el poder del Señor.
No debería ser así. Deberíamos ser gente que cuando tiene prosperidad y cuando tiene alegría, se llena más de agradecimiento con Dios y se pone más al servicio de Dios; así deberíamos ser. Pero los seres humanos, en esta naturaleza herida por el pecado, lamentablemente no tenemos esa capacidad muchas veces.
Por eso, hermanos, cuando las cosas salen bien, estemos en guardia; y cuando las cosas salen mal, no nos deprimamos más de la cuenta, porque ya muestra la primera lectura de hoy, que en esas ocasiones, es probablemente cuando más podemos clamar al Señor.
Evitemos entonces la desesperación, si las cosas nos salen mal; y evitemos la ingratitud, el orgullo y la vanidad, si las cosas nos salen bien.
Amén.