I195001a
Fecha: 19990813
Título: Cree en Aquel que puede vencerlo todo por ti
Original en audio: [9 min. 18 seg.]
Queridos Hermanos:
Josué fue el encargado por Dios para entrar al pueblo, en la tierra prometida, pero no fue una entrada simplemente como quien cambia, como quien se muda de una casa para otra o de un país para otro.
La predicación que hizo Josué, y que escuchábamos en el día de ayer, y la predicación que hace en el día de hoy, esas dos palabras, esos dos sermones, intentan que el pueblo tome conciencia de lo que está sucediendo.
Se trata del cumplimiento de las promesas, se trata de lo que Dios había anunciado y que ahora está cumpliendo, y por eso Josué relaciona el paso del jordán y la entrada a la tierra prometida, con la Alianza; es el Arca de la Alianza la que detiene las aguas; eso lo veíamos en nuestra imaginación, según la Palabra de ayer.
Llegaron los sacerdotes, tocaron el agua, el agua se aleja; ellos entran en el cauce seco, y se mantienen ahí, mientras todo el pueblo va pasando; cuando termina de pasar el pueblo, entonces los sacerdotes salen del cauce y las aguas vuelven a su curso.
Son los sacerdotes, pero sobre todo es esa Arca de la Alianza la que detiene las aguas, es el Arca de la Alianza la llave para entrar en la tierra prometida.
Josué quiere con sus palabras y con esta señal magnífica que Dios le regala, que el pueblo comprenda que no se trata de entrar solamente en una tierra, ni entrar en la abundancia, ni entrar en el Paraíso, se trata de entrar en el querer de Dios, y aquí tenemos una primera enseñanza o aplicación para nosotros.
Podemos decir que vive en la tierra prometida, aunque se encuentra en cualquier país; pertenece a la tierra prometida, no importa dónde se mude o lo muden, pertenece a la tierra todo aquél que tiene la llave de la Alianza.
El que vive en alianza con Dios, ese, aunque esté por el desierto, está en tierra prometida, y aunque entre a lugares de prosperidad, está sólo de paso, porque su destino está más allá, en el término de esa misma alianza.
Esto pasaba ayer, en el día de hoy Josué hace un recuento, un resumen precioso, está en el Capítulo 24 del libro que lleva su nombre, hace un recuento apretado pero muy completo de lo que ha sido la historia de ese pueblo.
Empieza contando el pasado de idolatría, Teraj era Padre de Abraham, sirvió a otros dioses y luego, siguiendo a Abraham, Isaac, Jacob, la estadía en Egipto, la salida, el tránsito por el Mar Rojo; luego la defensa contra las potencias invisibles, ese es el episodio que está en el libro de los Números.
Allá cuando Balaam y Balac, Balac intenta maldecir, intenta sacra con las huestes infernales al pueblo de Israel, pero Dios troca en bendición ese intento de maldición. Contra las huestes infernales y contra los reinos de esta tierra y contra el desierto que se traga la gente, contra la terquedad del mismo pueblo, Dios a pesar de todo ha sacado adelante su plan. Podemos decir que el resumen, la moraleja, la enseñanza de ese pasaje es esta.
Sijón, rey de los amorreos, Og, rey de Basán han sido vencidos; las maldiciones del infierno han sido vencidas; la sed y el hambre han sido vencidas; la magia de los Egipcios han sido vencidas; la infidelidad misma del pueblo ha sido vencida.
Esto es muy importante. Conserva en tú memoria que Dios venció a todos sus enemigos, es lo que te está diciendo Josué, repasa tu propia historia, revisa tu vida y verás cómo, uno tras otro, Dios ha vencido tus enemigos, hasta a ti mismo te ha vencido a favor tuyo, a favor tuyo ha vencido hasta tú propia infidelidad, hasta tu propia terquedad, hasta las veces que te has torcido del camino.
Este recuenta que hace Josué es el recuento solemne que prepara la renovación de la Alianza, este es el pasaje que escucharemos, Dios mediante, mañana, mañana vamos a oír la renovación de la Alianza.
Ya viste cómo el Arca de la Alianza frenó aguas de muerte que te impedían el acceso a la vida, ya viste cómo Dios venció uno por uno tus enemigos, entonces renueva la Alianza, cree en Aquel que puede vencerlo todo por ti, cree en Aquel que puede darte todas las victorias. Como decía Fray Luis de Granada en una de sus meditaciones: "El que me trajo hasta aquí, de aquí también puede llevarme".
Reconocer al Dios de las victorias en el pasado de nuestras vidas, es reconocerlo capaz de victoria en el presente y en el futuro de nuestra misma vida.
Ejercicio, tarea: de hoy para mañana cada quien tiene que repasar su propia historia, tiene que hacer lo que le hizo Josué al pueblo, tiene que ver de qué idolatrías lo han sacado, de qué maldiciones lo han protegido. Cada uno tiene que ver de qué desiertos, de qué hambres y de qué sed, de qué desnudez y de qué terquedad, de cuáles sustos y de qué demonios ha sido rescatado.
Esa memoria continua tiene poder para que uno renueve una y otra vez, para que uno renueve incesantemente la alianza, y con la llave de esa alianza, entre a la tierra de promisión.
Pues es el mismo esquema que se sigue en la Santa Misa. Hay una parte de la Santa Misa que se parece a lo de Josué, es el prefacio; el prefacio es un memorial que siempre recuerda y canta las obras de Dios: "Por él, que es tú Palabra, hiciste todas las cosas", dice, por ejemplo, este prefacio que ya me dejaron aquí listo. Aunque uno puede decir otro, pero me dejaron este.
"Por él, que es tu Palabra, hiciste todas las cosas; tú nos lo enviaste para que, hecho hombre por obra del Espíritu Santo, nacido de María la Virgen, fuera nuestro Salvador y Redentor".
Es una historia también, es una narración como la de Josué, sólo que aquí es mucho mayor en calidad, en nobleza y en eficacia; son las obras que Dios ha hecho por Cristo.
"Él cumplió tu voluntad, destruyó la muerte, manifestó la resurrección, y al extender sus brazos en la cruz, nos adquirió para ti como pueblo santo".
El Prefacio es la parte maravillosa de la santa Misa que casi le da su nombre a todos lo que nosotros nombramos como Eucaristía, es acción de gracia. Uno debería aprenderse cada vez más estos prefacios, como sacerdote, como bautizado, como persona que comulga en la Santa Misa, uno debería aprenderse estos prefacios o debería aprenderse el capítulo 24, versículos del 1 al 13 de Josué, saber esas historias, saber que Dios venció uno tras otro nuestros enemigos.
Es la única puerta, por que para el futuro, nuevas maldiciones, nuevos magos, nuevos brujos y hechiceros, nuevos demonios, nuevas luches y reyes vendrán contra nosotros, pero si nosotros tenemos fresca la memoria por Josué y por el prefacio de la Eucaristía, podríamos decir lo mismo que dijo David cuando se iba a enfrentar a Goliat: "Yo ya he matado leones y osos, yo puedo matar también al bravucón este" 1 Samuel 17,36
Eso dijo David: "En el nombre del Señor yo ya he vencido, en nombre de Cristo, yo puedo vencer en el nombre de Cristo" 1 Samuel 17,45.
Saboreemos, degustemos las victorias de Dios como nos invitan los salmos: "Dad gracias al Señor, porque es bueno" Salmo 117,1; degustemos en el nombre de Dios, degustemos sus victoria, saboreemos esos bienes de Dios para que cuando llegue Goliat a asustarnos, nosotros digamos "No, yo ya he matado osos que eran más grandes que usted, más peludos que usted, pero no eran más feos que usted".
De manera que uno pueda tener la victoria, ahí está la raíz de nuestra victoria, la fe que nace de contemplar las obras de Dios.
Ninguna tan grande como la que se cuenta en la Eucaristía, alimento que Dios nos regala en esta tarde.