I194001a

De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 19990812

Título: Formula pare ser feliz: saber que la vida es un desierto

Original en audio: [20 min. 46 seg.]


Queridos Hermanos:

La primera lectura nos presenta la entrada en la Tierra Prometida. Una entrada que sucede con agua que se parte por medio, con una división de agua.

El agua que se parte por medio, ese es un tema que está varias veces en la Sagrada Escritura. Seguramente recordamos que, al salir de Egipto, los israelitas también pasaron por un mar, el mar Rojo que en otras veces se identifica con el mar de las Cañas.

Pasaron ahí, cuando el Faraón los iba persiguiendo. El agua se esparció por mitad y los israelitas pasaron por en medio del agua, ¿pero qué encontraron al salir de Egipto? No llegaron a una "tierra que mana leche y miel" Exodo 3,8, sino llegaron al desierto. El agua, en ese caso, sirvió de puerta para el desierto.

Más alegre y noble es el agua que nos hemos encontrado en la lectura de hoy, el agua del Jordán, agua que saca del desierto y que introduce en la Tierra Prometida.

De esa manera podemos decir que el camino por el desierto está entre dos aguas y entre dos prodigios sobre el agua. El primer prodigio, al salir de Egipto; y el segundo prodigio, al entrar a la Tierra Prometida.

De aquí surgió una hermosa figura sobre lo que es el agua, especialmente el agua del bautismo para nosotros. Salir de Egipto es salir de la esclavitud del Faraón. El Faraón es el ser satánico, por excelencia, en la Biblia.

Es el rey en la tierra de la magia y la brujería, es el que está vendido por completo al poder de las tinieblas. Salir del poder del Faraón es salir del poder del pecado y de Satanás, esta es una obra del bautismo. Pero los israelitas recibieron esta agua como en dos cuotas, una a la salida de Egipto y otra a la entrada en Canaán.

Nosotros en una sola agua encontramos eso, en el agua bautismal, porque lo mismo que el agua sirvió aquí de puerta para entrar a la Tierra Prometida, así también el agua del bautismo abre para nosotros la puerta del Reino de los Cielos, que es verdaderamente la promesa que el Padre tiene para nosotros.

De modo, pues, que ahí hay una primera aplicación de esta lectura a nuestra realidad. Pero resulta que hay otra división de aguas que está en la Sagrada Escritura, antes incluso que lo que sucedió cuando salieron de Egipto.

Recordemos cómo imaginaban el mundo los hebreos: para ellos, había agua debajo y agua arriba. En la creación, si leemos en la Sagrada Escritura, dice que "Dios separó las aguas superiores de las aguas inferiores" Génesis 1,7.

Los israelitas tenían un conocimiento del mundo y de la tierra evidentemente lejano de lo que sabemos hoy por la ciencia, y desde su mentalidad precientífica cuentan las cosas. Lo más importante ahí no es el cuadro precientífico, sino la enseñanza de salvación que nos ofrecen.

Para ellos, el hecho de que cuando uno excava un pozo, sale agua, era como una señal de que había bastante agua debajo. Ellos se imaginaban a la tierra como una inmensa balsa, o como estas construcciones que se llaman “palacitos” en algunas culturas, es decir, como tarimas que son afianzadas por pilotes en medio del agua.

Para ellos la tierra, esta tierra, toda la tierra firme era como palacitos, era como una balsa afianzada con pilotes, pero había muchísima agua debajo y muchísima agua arriba.

Como ya hemos comentado alguna vez hablando del diluvio, ellos imaginaban el diluvio, no como nosotros lo imaginamos, un aguacero largo, largo, largo, sino agua que caía y agua que salía de la tierra.

Como quien dice, ellos imaginaban que había agua abajo, agua arriba, la tierra como una especie de balsa pero con pilotes afianzados, y aquí un espacio de aire, es decir, la tierra habitable es un sandwich que está en medio de mucho agua arriba y mucho agua abajo.

¿Y quién fue el que abrió esas aguas para que quedara un espacio para la vida? Esa primera división de las aguas la hizo Dios. Por eso se nos cuenta en el libro del Génesis que "Dios separó las aguas superiores de las inferiores" Génesis 1,7.

Los israelitas miraban el agua como una imagen de la confusión y del caos original. El poder del agua, el poder bárbaro, cruel del agua que arrasa, ellos lo tenían muy presente, y, para ellos, la obra de Dios se podía expresar como abrir en medio del caos, en medio de las aguas, un espacio de vida.

Ellos sentían que la tierra estaba sostenida por pilotes y que el cielo era como una bóveda que contenía las aguas que estaban allá arriba, o sea, ellos se sentían como presionados por agua. Como imagen científica esto nos hace reír, nos puede parecer anecdótico o gracioso, pero como contenido existencial, hay aquí una enseñanza profunda para nosotros.

Para ellos el agua es imagen de lo que significa el caos, de lo que significa el poder de la muerte, un poder que no respeta a nadie, que arrasa con todo, que acaba con todo. Pero ellos pensaban y enseñaban y creían que aún en medio del caos, agua, igual, caos; en el pensamiento hebreo, agua, igual, barbarie, muerte, destrucción.

Claro que si no hay agua, también muerte. Agua, igual, caos. Para ellos Dios es capaz de hacer una burbuja en medio del caos. Y ellos sentían que la creación misma era como una burbuja en medio del caos.

Yo quiero que tomemos esa imagen y que la apliquemos a nuestra vida. El israelita no se extraña de que haya caos, se maravilla de que en medio del caos haya una burbuja. Son dos posiciones vitales distintas, que corresponden a dos clases de personas.

Hay personas que creen que el mundo debería ser bueno, y entonces se extrañan del mal; y hay personas que saben que el mundo es malo, y entonces tienen admiración por el bien. ¿Cuál de los dos quieres ser tú? ¿Cuál de las dos posiciones quieres tomar?

Lo que estoy diciendo es que la Biblia toma la segunda posición, te la repito: hay personas que piensan que las cosas deberían ser buenas, todo debería funcionar bien. Obviamente, cuando algo funciona mal, lo que sienten es que en un mundo bueno se han entrado desórdenes malos, se ha entrado el desorden del mal, y cuantos más males de todo orden, biológico, físico, social, laboral, mayor disgusto, mayor fastidio.

"¿Por qué hay este desorden aquí?" Esa persona que habla así, tiene como punto de partida en su mente que todo debería ser bueno. Esa no es la mente de la Biblia.

Yo me he dado cuenta, no tengo ni cifras ni estadísticas, pero me he dado cuenta de que todas las personas que yo conozco que tienen ese modo de pensar, son personas ajenas a la Biblia, son personas que no entienden la Biblia, y he llegado a creer que el principal obstáculo para entender la Sagrada Escritura, es creer uno que todo debería ser bueno, y por lo tanto, extrañarse y fastidiarse de las cosas malas que encuentra.

La mentalidad de la Biblia es precisamente la contraria: no es creer que el mundo tiene que ser bueno, para luego extrañarse, maldecir, renegar, protestar, po el mal. Más bien es saber que el mundo es caótico, es aplastante, es bárbaro, y la vida es frágil, es como una burbuja.

¿Tú te imaginas cómo te sentirías tú en un batiscafo de esos pequeños submarinos que se meten en el océano? A esos submarinistas les tienen que hacer pruebas psicológicas muy estrictas porque se pueden volver locos, claro que otros dicen que toca es meter locos a ver si se sanan.

El hecho es que calcula esto: un metro cúbico de agua, de agua de mar, que pesa más de una tonelada, un kilómetro que tú bajes, entonces son mil toneladas que tienes encima. Hay gente que ha bajado muchos kilómetros. Ese sentir que tienen miles de toneladas encima, es agobiante para la mente.

Pues el pensamiento hebreo es de esa clase. No parte de la afirmación de que el mundo es bueno ni de que las cosas tendrían que ser buenas, parte de la realidad, y la realidad es lo que aparentemente descubren algunos filósofos.

Decía Thomas Hobbes: “Homo homini lupus”, "el hombre es lobo para el hombre". ¡Descubrió la gran maravilla!

Lea la Biblia, hermano, y se dará cuenta que desde el principio la Biblia parte de eso, de que el mundo, desde el primer desorden del pecado, es inhabitable, es espantoso, es irrespirable, esa es la condición del mundo; y lo maravilloso es que Dios abre burbujas, burbujas, momentos en que no nos aplastan las miles de toneladas de agua de encima, eso es lo maravilloso.

Por eso la lectura de hoy nos invita a que tomemos una decisión: o sigues maldiciendo al mundo, porque tiene males; o empiezas a admirarte de Dios, porque ha puesto bienes en este mundo de males. Tienes que escoger.

Yo he visto que las personas que toman la primera postura, es decir, imaginar que el mundo tendría que ser bueno para luego entrar a renegar, protestar, amargarse de todos los males del mundo, las personas que toman esa postura, cuando se acercan a la Biblia, no entienden nada.

Manera de no entender nada de la Biblia: creer uno que el mundo tendría que ser bueno, ese es un método infalible, así uno no entiende nada da la Biblia. Puede pasar las páginas de las páginas.

Cuando uno empieza, al contrario, por reconocer, como lo muestra la misma Biblia, que desde el principio, incluso antes de la creación visible, -porque Satanás está desde antes de la creación visible-, que desde antes de la creación visible hay esa dimensión de desorden en el mundo, y cuando uno siente que, efectivamente, esta vida es con miles de toneladas encima, lo que uno piensa más bien es: "¿Cómo es que yo logro sobrevivir?" Y empieza uno a crecer en la autoestima, y empieza uno a decir: "¡Qué maravilla que haya oasis!"

Fíjate que lo que estamos diciendo de esa presión de las miles de toneladas y del sandwich de tierra en medio de agua, es lo mismo que pasa en el desierto.

Cuando una persona lo tiene todo, por ejemplo, la mayoría de nosotros que estamos en una ciudad como esta, en donde todo se puede conseguir con relativa facilidad, nos volvemos consentidos, creemos que todo debería funcionar.

La persona que ha estado siempre en la ciudad y que sólo le gusta la ciudad y la vida de la ciudad, es persona que le gusta que todo funcione, todo tiene que funcionar, todo tiene que salir bien y es una persona que no soporta que algo falle.

Ahora vámonos para el desierto: la persona que está en el desierto está acostumbrada a que nada funciona, nada. Te imaginas tú parado por allá en una duna en el desierto: "Bueno, va a oscurecer, enciendan la luz", no hay luz que encender, no hay teléfono al cual acudir.

"Quisiera como darme un bañito", "pues no hay manera de su bañito, señor, no hay modo de su bañito"; "me gustaría, no sé si una hamburguesa o un tamal", "ni hamburguesa ni tamal; si quiere, se come el último camello que se nos murió; ¡no hay!".

El desierto lo acostumbra a uno a una realidad profunda: no hay. Cuando uno está acostumbrado al desierto, lo que es noticia es el oasis. Cuando uno está en la ciudad, lo que es noticia es que algo no funciona.

Con estos servicios de Internet, pasan cosas muy curiosas, que uno tiene que estar estudiando, porque cuentan mucho de la sociedad humana.

Resulta que uno de esos servicios tenía que hacer un mantenimiento técnico y suspender el servicio por dos horas, entonces envían un correo a los abonados y dicen: "El día tal, de la hora tal, al minuto tal, tenemos que suspender el servicio, les pedimos muchas disculpas".

Según esto, es una compañía extranjera porque las compañías colombianas les falta un poquito todavía en eso, por lo menos las que yo conozco.

Entonces dicen: "Tenemos que suspender el servicio, no hay manera, lo lamentamos, pero desde las dos de la mañana a las cuatro de la mañana del domingo tal, usted no tendrá su servicio".

¿Por qué hay que pedir todas esas disculpas? Porque ellos saben que lo natural para los usuarios es que siempre hay servicio, y si yo abro la llave, siempre hay agua, y si toco el interruptor siempre hay luz, si llamo por teléfono siempre me responden, y si no me responden, siempre hay un operador para por lo menos nombrarle la familia y decirle: "¿Por qué no me....?"

La ciudad nos acostumbra a que todo funciona y lo que es noticia es que algo no funciona; el desierto nos acostumbra a que nada sirve, nada funciona, la muerte reina, de pronto apareció un oasis, gran noticia.

Nosotros los cristianos tenemos que aprender a vivir en una de esas Dios mentalidades. O vives en la mentalidad de que el mundo debería ser, y qué bonito fuera, qué bonito que todos me quisieran, que nadie me malinterpretara, que todos me aceptaran y que así, tomados de la mano, unidos avanzáramos; pues resulta que no hay tal.

Tengo que partir de la base de que esta vida es un desierto. Mi propia vida es un desierto. Lo mejor que le puedo hacer a mi vida es llamarla desierto. Lo mejor que le puedo hacer a mi vida es llamarla valle de lágrimas.

Me acuerdo por allá, un cristiano no católico que me decía: "¡Ustedes, con esa mentalidad derrotista llamando a esto valle de lágrimas!" Hombre, es lo mejor que se puede hacer, lo mejor".

El que sabe que pesan miles de toneladas encima del planeta, el que sabe que la vida es frágil, el que sabe cuántas cosas amenazan nuestra salud y nuestra estabilidad física y psíquica, el que sabe qué intereses tan espantosos se mueven en la sociedad humana, el que sabe que esto es un desierto, siempre tendrá una cuota de alegría cuando encuentre el oasis, siempre, y ése vivirá alegre.

¡Esa es la raíz de la alegría! Fórmula para ser feliz: saber que esto es un desierto, esa es la fórmula. Fórmula para vivir amargado: afirmar que esto tendría que ser un paraíso; esto tendría que ser un paraíso, todo tendría que funcionar, la gente tendría que marchar, y además, me deberían aceptar, me deberían querer, me deberían entender.

Por lo menos mi experiencia es, que muchísimas cosas, nadie las va a entender nunca, nunca. Y uno será malinterpretado en muchas cosas y será herido justamente en muchas cosas y uno ha herido a muchas personas, y uno ya no tiene cómo encontrar y cómo recoger a todas las personas a las que uno alguna vez hirió, uno ya no tiene esa opción, uno ya no puede desandar muchos de los pasos que ha caminado, ya no puede hacerlo.

Por eso las aguas y la división de las aguas es algo tan hermoso en la Biblia. En el próximo bautismo al que asistan o la próxima vez que utilicen agua bendita, recuerden lo que eso significa, aunque sean sólo unas gotas que humedecen nuestros dedos, con la señal de la Cruz y con el recordatorio del desierto, digámosle a Dios nuestro Señor: "Gracias por cada bien que recibo, gracias, gracias".

Dame, Señor, la alegría del oasis o pereceré en el desierto de las maldiciones; dame, Señor, la alegría del agua, que no me la debían, o me moriré, Señor, criticando la sequedad y la aridez de esta tierra y de esta historia.

Que Dios nos convierta, este es un cambio de mentalidad, que Dios nos convierta, que Dios transforme nuestra existencia, y que le agraden nuestros pensamientos para su gloria.

Amén.