I186002a
Fecha: 20030809
Título: "Si tuvierais fe, nada os seria imposible"
Original en audio: [53 min. 10 seg.]
Queridos Hermanos.
La fe y el amor son las dos palabras grandes de las lecturas que hemos oído. Se nos pide una fe total y se nos pide un amor total, amor sin divisiones, fe sin grietas; una fe absoluta, un amor permanente.
Lo propio del amor, lo que se pide para el amor es que sea constante; lo que se pide para la fe, es que sea grande. Una fe inmensa, una fe sin medida, y un amor que sea capaz de proclamarse a todas horas y en todos los lugares.
Primer pensamiento entonces para reflexionar hoy: fe y amor. La vida es sencilla, nuestros pecados son complicados; el pecado complica la vida. Analiza qué complica tu corazón y verás que son tus pecados y los pecados de otras personas; pero la vida es simple, la vida es sencilla y la sencillez de la vida la reencontramos, la disfrutamos en la fe y en el amor.
La fe que nos permite saltar hasta la dimensión de Dios, el amor que nos permite abrir la puerta para que sus promesas sean realidad en nosotros.
Como predicador me siento casi dividido porque quisiera hablar tanto de la fe como del amor. Pues demos un paso, pasemos a una segunda parte en nuestra reflexión, detengámonos en la fe, pensemos cuál es el milagro, cuál es la grandeza de la fe.
La fe es como un puente; hay una frase que personalmente me ha ayudado a entender qué es la fe, es la frase que se encuentra en la Carta de Santiago, donde dice. “bueno, tú crees que hay un Dios, pues los demonios también lo creen” Santiago 2,19.
Esa frase me ha servido inmensamente, “los demonios también creen que hay un Dios” Santiago 2,19, obviamente, eso no les sirve para salvación, es algo que no produce vida en ellos, es algo que no los cambia; ellos creen que hay un Dios, y creen que hay un Dios fuerte.
Eso lo testifica la Escritura según San Marcos, creen que es tan fuerte Dios, que cuando un endemoniado se encuentra con Jesús, le suplica: “Por Dios te pido que no me atormentes” San Marcos 5,7, habla como una fiera asustada; el demonio conoce no sólo que Dios existe, sino que conoce que Dios es poderoso.
Entonces uno se pregunta, pues si saben que Dios existe y si saben que Dios es poderoso, y con otros pasajes también podríamos mostrar que también saben que Dios es bueno, ¿por qué eso no les aprovecha? ¿Dónde está la falla? ¿En donde está el problema? Saben que existe un Dios y saben que ese Dios es bueno, ¿entonces por qué no les sirve? ¿Por qué eso no produce vida en ellos?
Porque ellos saben que Dios está allá, Dios allá es bueno, Dios allá es santo, Dios allá es fuerte, Dios allá es poderoso; la fe es Dios acá, la fe no es saber cosas sobre Dios, la fe es admitir, con asombro, que ese Dios del que sabemos algunas cosas, -aunque Santo Tomás dice que es más lo que ignoramos que lo que sabemos-, ese Dios del que sabemos algunas cosas, tiene que ver con ellos; la fe no es saber que Dios es poderoso, sino saber que tiene poder en mi.
La fe no es saber que Dios es bueno, sino saber que Dios ha sido bueno conmigo; la fe no es reconocer que Dios es santo, sino reconocer a Dios capaz de santificarme, esa es la fe, y una fe así es la que resulta superior a los ataques del demonio, superior al viento helado del mundo que se burla cuando creemos; superior a las seducciones pegajosas de la carne.
Esa es la fe, esa es la fe que nos rescata del demonio, del mundo y de la carne; la fe que es capaz de admitir un Dios que se mete con mi vida, un Dios al que reconozco poderoso y al que le otorgo poder en mí, un Dios al que reconozco bondadoso y cuya bondad canto en mi existencia, un Dios al que reconozco santo y lo reconozco capaz de santificarme.
Cuando uno piensa estas cosas, mis queridos hermanos, uno piensa que tal vez habría que hacer un credo distinto, voy a decir una cosa muy horrible, muy horrible, ¿están preparados? Lo muy horrible que voy a decir es que el credo, casi todo el credo lo podría decir un demonio, ¡imagínate! Que Dios es Padre, que Dios es Hijo y que Dios es Espíritu Santo.
El demonio tiene un doctorado en teología, de manera que lograr un doctorado en teología no necesariamente es lograr mucho, los demonios saben todas esas cosas, y saben que nació de María y saben que María es virgen; los demonios saben muchísimo y pueden escribir muchas cosas, en revistas como "Sígueme" o en cualquiera de esas editoriales, eso lo saben los demonios y ese no es el tema.
Un demonio podría decir casi cualquier credo, pero hay unas frases, hay unas pequeñas frases que los demonios no pueden decir, por ejemplo, en el Credo Niceno Constantinopolitano, el credo largo que a veces llamamos, hay una frase que no podría decir el demonio: “Que por nosotros y por nuestra salvación…”, eso no lo puede decir; lo que Dios es en sí mismo, eso sí lo puede decir, pero que ese Dios haya hecho algo por mí, eso no lo puede decir.
Si nosotros tomamos, por ejemplo, el símbolo de los Apóstoles, y miramos y nos preguntamos: ¿De eso qué podría decir un demonio? Qué tal esa homilía: ¿qué podría decir un demonio del símbolo de los Apóstoles? Porque uno tiene que buscar aquello que es propio de nosotros, algo que verdaderamente sea único.
A ver, veamos, “Dios Padre Todopoderoso, creador del Cielo y de la Tierra; Jesucristo su único hijo nuestro Señor”, eso no lo puede decir, puede decir que Jesucristo es el Señor, pero admitir que Cristo es su Señor, no lo puede decir, sin embargo en exorcismos ha sucedido que tiene que reconocer que es su Señor, es decir, lo reconoce, porque finalmente tiene que obedecer.
Pero la primera frase incómoda es esa, sin embargo con incomodidad, un demonio podría decir eso, podría decirlo no porque quisiera decirlo sino porque le toca decirlo.
"Que fue concebido, que nació, que padeció, que fue crucificado que descendió a los infiernos, que resucitó, subió, que está sentado a su derecha", desde ahí ha de venir a juzgar a vivos y muertos”, todo eso lo puede decir el demonio.
“Creo en el Espíritu Santo”, lo cual significa creo que hay Espíritu Santo, eso sí lo puede decir; “la santa Iglesia Católica”, le tocaría decirlo; “la comunión de los santos”, le torturaría pero le tocaría decirlo; “creo en el perdón de los pecados”, es una frase imposible sobre todo porque el sentido es, “creo en el perdón de mis pecados”, "creo que mis pecados pueden ser perdonados", esto es muy grande y no lo puede decir.
De manera que la fe es el puente maravilloso, es el puente por el cual le doy la oportunidad, por el que me abro a Dios para que Él haga su obra a su tamaño.
¿Qué es tener fe? Tener fe es algo como esto: “Creo que Dios puede perdonarme todo”, “creo que Dios puede consagrarme”, “creo que Dios puede hacer de mí un gran santo”, eso es fe.
Creo que Dios puede hacer santos, creo que hay santos en el mundo, eso lo puede decir cualquiera, gente que lleva una vida perversa y que no hace sino burlarse de las cosas de la Iglesia; respeta a la Madre Teresa de Calcuta, y dicen: "Sí, ella es una santa, pero a mi no me interesa ser santo".
Hay un dicho grosero en inglés, pero traducido, claro, dice: “Las niñas buenas van al cielo, las niñas malas van a donde quiera, van a cualquier parte”; entonces, "sí, La Madre Teresa, sí, se fue al cielo, bien, que disfrute su Cielo, a mí me interesa mi vida, me interesa disfrutar, me interesa mi pecado".
Creer que hay santos no es creer gran cosa, creer que Dios me puede hacer santo, eso sí es la fe; creo que Dios puede perdonarme, creo que Dios puede transformarme, creo que puede iluminarme, creo que pude enviarme, creo que puede santificarme, eso sí es la fe. Claro, esa es la fe que mueve las montañas, esa es la fe que cambia la vida.
Pasemos al tercer punto de la enseñanza, hablemos de la falta de fe, uno disfraza la falta de fe de muchas maneras, porque es muy vergonzoso no tener fe, sobre todo es vergonzoso no tener fe cuando se supone que uno debería tenerla.
Si uno, por ejemplo, es Padre Dominico y encima tiene una parroquia, se supone que tiene fe y la gente espera, y es muy duro para uno cuando le toca reconocer que uno no tiene fe, o que tiene uno una fe muy raquítica, a veces la fe de uno merece más un regaño que otra cosa, como pasó en la escena del evangelio.
Pues bien, uno disfraza la falta de fe de muchas cosas, y son disfraces que deberían darnos risa, si no nos dieran tanta tristeza y si nos causaran tanta rabia. Uno disfraza la falta de fe, son cosas chistosas, yo les voy a contar algunas, pero nos para reírse porque son muy tristes, porque cada vez que te disfrazaste saliste perdiendo.
Imaginémonos un paralítico que sabe que viene Jesús, su enfermedad, una artritis espantosa, le ha retorcido los pies monstruosamente; ve que viene Jesús y entonces se sienta o hacen que lo sienten al borde del camino, se pone el manto cubriendo los pies deformes, saluda, sonríe y le dice: "chao, Jesús"; “lo engañó”, Jesús no le vio los pies deformes. ¿Quién perdió? Perdió él. Lo triste y lo que da rabia de disfrazarse es que uno hace ese ejercicio, el ejercicio de dejar pasar a Jesús.
¿Cuáles son los disfraces de la fe? Son muchísimos, todos son tejidos en el infierno, todos son diseñados por Satanás y todos tienen un propósito: que te pierdas de lo que Dios te quiere dar.
Por ejemplo, uno de los disfraces más comunes: me hablan de alguien, bueno; por ejemplo, San Martín de Porres oraba por la conversión de los niños, pero a él lo insultaban, le decían “perro mulato”, entonces San Martín le hace este ofrecimiento a Dios, y era un adolescente y hace este ofrecimiento a Dios: “Señor, no volveré a enojarme cuando me digan "perro mulato", y voy ofrecerte ese sacrificio por tales o cuales intenciones".
Cuando uno recuerda su propia adolescencia y uno recuerda que uno estaba tan lejos de esa clase de sentimientos, por lo menos en mi caso, cuántos sentimientos de generosidad, de humildad hay metidos en esa frasecita de san Martín: “Te prometo no enojarme cuando me digan "perro mulato", y eso lo ofrezco por…”.
Como eso nos deslumbra, como eso nos sobrepasa entonces decimos: “No, es que hay gente que tiene ese temperamento”, lo atribuimos al temperamento, lo atribuimos a la educación, hay gente educada para ser paciente; lo atribuimos a los estudios que ha hecho o a los estudios que no ha podido hacer.
Es decir, atribuimos la bondad heroica que encontramos en los santos a su historia, es decir, como mi historia no ha sido tan buena, entonces yo no tengo que ser exigido; es decir, hay personas que están destinadas a ser buenas y hay personas que estamos destinadas a ser mediocres o ser malas.
Ese es un disfraz para no creer; "mi pasado no da para más, mi vida no da para más, mi cultura no da para más; es que claro que haya gente penitente por allá en la Europa Septentrional, puede ser, pero aquí en medio de todo este folclor, en medio de todo este tropicalisimo, es que aquí las pasiones hierven, es que aquí no hay modo"; ese es un disfraz.
Creer que las personas son distintas de Dios, como mi pasado no da para más, no se me puede exigir más. Es un disfraz muy triste, porque precisamente lo que Dios quería mostrar contigo era que, aunque tus circunstancias no ayudaban, Él sí podía, Él puede hacerlo, acuérdate cómo acaba la lectura, para Él no es imposible, Él puede hacerlo.
"Pero es que mi pasado", "pero es que mi formación", "pero es que mi temperamento", "es que mi cabeza no da para más", "eso es para los inteligentes", "eso para los que han estudiado", "eso es para los que tienen otro temperamento", "eso como para las mujeres", dicen los hombres; "no, eso es como para los hombres", dicen las mujeres.
Disfraz, la fe no es la consecuencia de tu pasado, la fe es una ruptura de gracia en tu historia. Precisamente lo maravilloso que va a traer la fe a tu vida, es que tú no dabas para eso y sin embargo Dios lo hace, tú no tenías para eso y sin embargo Dios lo hace.
"Ah, pues que María sufrió mucho frente a la Cruz, y soportó todo"; "no, es que ella estaba predestinada para eso, ¿pero yo qué? ¿Y tú qué? No, ¿pues yo estoy predestinado al pecado entonces? No, no estamos predestinados para eso, quitemos ese disfraz; ninguno de nosotros es el fruto necesario, irrevocable de una historia o de un pasado, precisamente la historia es el brinco maravilloso que trae la gracia a tu vida. Decía un padre de mi comunidad: "¡Déjate de pitorreos, quítate ese disfraz!"
Segundo disfraz: "es yo sí me lo merecía, pero ya me equivoqué y ya no lo merezco"; es el disfraz con el que Satanás mintió a Judas Iscariote para llevarlo a la desesperación, no sabemos si finalmente a la condenación, eso lo tiene que resolver Dios, no nosotros; pero para llevarlo a la desesperación, lo vistió con ese disfraz: "Tú tuviste tu oportunidad y la perdiste."
Miren, hay una historia tan conmovedora que sucedió no hace mucho, le contaron al Papa Juan Pablo II del caso de un sacerdote que había abandonado completamente su vocación, había hecho casi todo lo malo que podía hacer y vivía como mendigo, cantaba en las calles; había quebrantado todos sus votos, todas sus promesas, es decir, estoy hablando de una persona que realmente profanó, si ustedes quieren hablar así, profanó su sacerdocio hasta el fondo, eso implica falta de pobreza, castidad y de obediencia gravísimas.
Este sacerdote cantaba como un mendigo por la calle y alguien que conoció el caso le contó al Papa y el Papa Juan Pablo II, que según cuenta esta narración, que no he sabido que sea desmentida, invitó a que lo fuera a ver este sacerdote y lo invitó a hablar con él, un sacerdote que lo había perdido todo, es decir, ¿que tipo de pecados no había cometido ese señor? Cuando llega con el Papa, pues este hombre que se esperaba lo más terrible, y lo que le dice el Papa es: “Quiero que me confieses”, esas fueron las palabras casi de saludo del Papa Juan Pablo II.
Ahí empezó la conversión de este Padre, no es un mal apostolado confesar Papas, y ya el que ha confesado Papas, pues siente que puede hacer muchas otras cosas seguramente.
Después de que confesó a Juan Pablo II, entonces le dijo: “Ahora vamos a hablar de tu situación, ¿qué es lo que podemos hacer por ti?”
El disfraz que siempre nos va a poner el demonio es: “Mira, ya lo perdiste todo", "ya la embarraste", "ya no hay nada que hacer", "esto ya se acabó”; es la desesperación. El demonio quiere vestirnos con el ropaje de la locura y de la desesperación para que nosotros sintamos que, “no, yo tuve la esperanza, "yo hubiera podido ser", "en otras circunstancias yo hubiera sido”; a veces pienso que ese pretérito potencial “hubiera” se lo inventó el diablo, ¡porque hay tantas frases de “hubiera” que van en contra de la fe!
“Yo hubiera sido”, que era la frase que le repetía el demonio día y noche a ese sacerdote cuando era un mendigo por las calles de Roma; “yo hubiera podido ser…” “pero mira, que te has vuelto un andrajo”, “-mira cómo pisoteaste tu sacerdocio” “-mira cómo destruiste tu oportunidad”, “-mira cómo malgastaste tu vida”, “-mira cómo rompiste tu vocación”, “-mira que no hiciste nada que valiera la pena”.
A esperar el día en que este hombre, en una borrachera, o en alguna traba, o en un acto de locura, se le atravesara a un bus o se suicidara de otra manera. Pero en Juan Pablo II habita Jesucristo y lo primero que hace Juan Pablo II es demostrarle: “-Tú puedes ser”; el lenguaje del demonio es: “-Tú hubieras podido ser”; el lenguaje de Dios es: “-Tú puedes ser”.
Ese es otro disfraz, el de “hubieras podido”, el lenguaje de Cristo es: “-Tú podrás ser” “-Tú puedes ser”; el lenguaje del demonio es encerrarnos en nuestro pasado y con nadie lo intenta tanto como con las almas consagradas, vírgenes, religiosas, sacerdotes, tratarán de ser enloquecidos con la voz del infierno, e intentarán con todas las fuerzas de su ser angélico, tratarán de encerrarnos con nuestro pasado: “-Mira lo que hiciste”, “-mira lo que desperdiciaste”, “-ya no te lo mereces.”
Los santos, como santa Catalina de Siena, han encontrado una estrategia maravillosa para defenderse, porque en últimas, de todo lo que dice el enemigo es: “-Mira que no te mereces“; pero ahí empieza la oración de los santos: "-claro que no me merezco, si me lo mereciera no sería gracia, pero es gracia, mi salvación es gracia", y por eso Catalina muere invocando la Sangre.
Ella no apela a nada más, ni a sus virtudes, ni a sus milagros, ni a sus conocimientos, ni a sus apostolados, ni tampoco se enloquece pensando en sus pecados, en sus caídas, en sus imperfecciones o en sus errores. Catalina, libre como una paloma del Espíritu, vuela cantando al Cielo: "Sangre", y esa es nuestra respuesta, esa es nuestra solución, eso es lo que nosotros tenemos. De manera que ese es otro disfraz para no creer.
Mencionemos sólo otro disfraz mas “tal vez si podría ser” “pero no soy capaz”, “me da miedo”. El miedo en sus diversas formas nos disfraza de tantas cosas. y yo les quiero contar que el arco iris de los miedos humanos es bastante grande, uno solo se da cuenta de los miedos que tiene cuando se le dan ciertas circunstancias ¿ustedes han pensado el poder que tiene el miedo al ridículo?
Los Padres que han tenido grandes carismas de sanación en estos últimos años, pensemos en un padre Tardif o un padre Darío Betancur, en fin, Padres que Dios les ha regalado dones muy grades, cuentan como a los inicios de su ministerio, la fe se les trataba de bloquear por el miedo, más o menos la escena es esta: “-Y qué tal que yo rece y no pase nada”, en el fondo lo que hay es un miedo y es un miedo al ridículo, a quedar mal, a perder una apariencia como persona o como grupo.
Les quiero contar que una de las cosas que le está haciendo mas daño a la Iglesia, según mi humilde opinión, es el miedo, ¿saben qué miedo nos está comiendo a los religiosos? Por decir un ejemplo, el miedo a ser inútiles, a ser irrelevantes, el miedo a no significar nada para el mundo, el miedo a que el mundo nos saque de su margen, nos desprecie. Y hay una lucha tan grande en tantos corazones, una lucha por ser relevante, una lucha por justificarnos ante el mundo.
Como obviamente la Comunidad que mejor conozco es la Orden de Predicadores, pues ustedes comprenderán que podríamos escribir unos libros con historias al respecto, ¿pero la Orden no está haciendo nada en el campo de…? Todo superior, todo provincial tiene que tener una respuesta para todo; ¿-Y ustedes no están hacienda nada en el campo…? "-Si, claro ya hemos iniciado en las actas del último Capítulo", "nos reunimos, el Consejo de Provincia", tiene eso en la agenda próxima: "ya hicimos", "ya hay una reunión", "ya estamos trabajando…"
Qué pocas veces he escuchado a los obispos, a los provinciales, a los superiores que den respuestas como estas: ¿-Ustedes no están haciendo nada en tal campo..?" "Por ahora no hemos hecho nada al respecto, estamos pidiéndole a Dios conversión para hacer algo que valga la pena y que sea útil para su Reino en ese campo." No, es un afán de mantener esa apariencia, que no se vea que tenemos problemas, que no se vea que estamos divididos, que no se vea que nos equivocamos, que no se note…, y ese es un miedo, no es otra cosa.
Hay uno que nos puede ayudar muchísimo a sanar ese miedo, Jesús. Imaginen, por favor, la llegada de Jesús a un pueblo, ¿quiénes acompañaban a Jesús en ese momento? Y Jesús se presentaba así tranquilo, acompañado por un séquito de tres o cuatro prostitutas, dos o cinco publicanos; el otro que no sabe leer, dos que venían peleando hasta que entraron ahí al pueblo.
Mira, Jesús parece que no se respetara, ¡andaba con una gente!, y de eso se daba cuenta todo el mundo, es que si ustedes lo piensan bien…
Miremos el evangelio de hoy y verá como es una lección en eso de vencer ese miedo; escuchemos un pedacito: “Señor, ten compasión de mi hijo que le dan ataques, te lo he traído a tus discípulos y no han sido capaces de curarlo” San Mateo 17,15-16.
Jesús hubiera podido disimular la cosa y decir: “Sí, tal vez es un caso un poco grave, espérate, tráemelo aquí…”; no, Jesús no está en eso, como si no se notara que tenía unos ineptos, fíjate lo que dice: “Gente sin fe y perversa” San Mateo 17,17.
¿De quiénes dice eso? No lo dice del papá que estaba ahí, porque el papá estaba haciendo un acto de fe, acercándose a Jesús; “gente sin fe y perversa” San Mateo 17,17, eran los que estaban con Él, eran los discípulos.
Este papá le dice a Jesús: “Sus discípulos no pudieron” San Mateo 17,16, ¿y qué es lo que responde Jesús? “Es que están sin fe y son malos” San Mateo 17,17; esto fue lo que respondió Jesús, y agrega para que no quedara ninguna duda: “¿Hasta cuándo tendré que soportarlos?” San Mateo 17,17, y entonces los discípulos se acercan después a Jesús y le preguntan: “¿Y por qué no pudimos echarlos nosotros?” Y ahí Jesús les responde: “Por vuestra poca fe” San Mateo 17,20.
De manera que uno tiene una cantidad de cobardías y una de esas cobardías son las apariencias, “que no se vean los problemas”, “que no aparezcan”; y miren, hay tantas enfermedades, enfermedades mentales, tantas enfermedades emocionales, tantas, que es imagen de eso, de guardar una apariencia, de que, “no aparezca”, “que no se vea”.
Yo tengo un caso impresionante para contarles, porque supe del en un Capítulo General nuestro, resulta que en cierta provincia dominicana, digamos que no decimos el nombre de esa provincia, y no fue en la nuestra, en esta provincia empezó a regarse ciertos rumores: “Que el padre fulano tiene Sida, y seguramente no fue una aguja infectada”, y seguía regándose, “que tiene sida”.
Entonces el Prior Provincial aprovechó una reunión, pero una reunión solemne, alguna de las reuniones que tenemos los dominicos con motivo de algo, tal vez del día de Santo Domingo, entonces les dijo a todos: “Les quiero comentar de algunas asignaciones, el Padre fulano, que tiene Sida, va a vivir conmigo en la Curia Provincial”. La gente se quedó de una pieza, "-¿cómo así?" "-Pues sí, va a vivir conmigo", está en la habitación de al lado y he pedido que me den turno de enfermería con él", se acabó el problema.
El padre tiene eso, lo que usted tiene tal vez no se ve, ¿quiere que lo veamos también? Lo de él ya se ve, ¿quiere que ahora veamos lo suyo? ¿Usted cree que porque lo suyo no se ve es más santo? Mire, si nosotros tomáramos esas actitudes de la libertad, estas actitudes que oxigenan la Iglesia, solucionaríamos demasiados problemas.
Ustedes saben todos los problemas de la pederastia y todos los escándalos, ¿de qué surgieron? De tratar de que no se note: “sí, parece que el padrecito tiene algunas cositas…; pero bueno, disimulemos", y para otra parroquia; "y puede ser que entienda y puede ser que vea…”
Hay un disfraz que nos impide tener fe y es el disfraz de “yo sí podría, pero me da miedo”, y los miedos que uno tiene son muchísimos: el miedo a no ser entendido, el miedo a no ser acogido, el miedo a no ser respetado en los propios sentimientos, el miedo a hacer el ridículo, el miedo a quedar mal, tenemos una cantidad de miedos.
Pasemos a un cuarto punto de nuestra reflexión y digamos una palabra sobre aquello del amor, el amor total. Hay una cosa interesante, yo no me acuerdo cuál fue el científico que dijo: “Poca ciencia lo puede alejar uno de Dios, mucha ciencia sirve más bien para acercarlo a Dios”.
Un conocimiento a medias, un conocimiento improvisado lo puede llevar a uno a alejarse de Dios, un conocimiento mediocre. Esa persona que compra un librito: "El Origen de la Vida” de Oparin, por ejemplo, y allá dice que la vida no es ningún misterio ni ningún Dios porque la vida vino de no sé dónde, vino de las lunas de Júpiter…; ya, quedó explicado; y de un librito se vuelve ateo porque un libro dice.
El que tiene poco conocimiento absolutiza su poco conocimiento y así fácilmente llega a la incredulidad, en cambio, el que tiene mucho conocimiento sobre todo ha llegado a conocer, como diría San Agustín: “Cuánto ignora”, ¿por qué digo esto? Porque lo mismo pasa con el amor, poco amor termina por hacer daño, mucho amor trae vida, trae salud.
El problema del corazón nuestro no es que no ame, de pronto no amar no sería una situación tan trágica como un amor a medias, amar poco, amar por ratos, amar con el corazón dividido. El amor que nos sana, el amor que nos hacer percibir la aventura de la gracia, es el amor con el corazón repleto.
Les cuento una cosa: imaginémonos las grandes aventuras de la fe, por ejemplo, los misioneros, los misioneros no pueden irse a esas tierras muchas veces inhóspitas si no está que revienta de amor; poquito amor sirve para que pierdas la poquita fe que tenías, mucho amor sirve para que riegues la mucha fe que tienes. Nada hay más peligroso que caminar por el mundo con poquito amor, el que camina con mucho amor, vence al mundo, el que camina con poquito amor es vencido una y otra vez.
Tratemos de ilustrar esto con ejemplos “Ama a Cristo; pero vamos, no hay que ser exagerado", es decir, sí ama a Cristo pero no así un amor que se diga…”, “yo sí amo a Cristo pero no quiero ser fanático, no quiero ser exagerado”.
Esas personas que se revisten de una sensatez que no es la sabiduría de Dios, sino es la sensatez mundana, la de tratar de evitar problemas, evitar discusiones, esa es la típica persona, el típico católico que va por el mundo y dice: “Pues yo sí tengo fe, pero no soy fanático”.
Y esa es la persona a la que un ateo o un anticlerical lo coge y le da tres vueltas: “-Ah, bueno, ¿y la Inquisición?" "-Ah, fue un gran error", "-¿y Galileo?" "-Pues Galileo fue otro gran error", "-¿y el Papa Borgia? ¿Y los bautizos a la fuerza…?" "-Bueno, sí, todo eso es tan detestable; sí, todo eso, que yo no sé cómo creo..."
La persona que tiene poco conocimiento, como la persona que tiene poco amor, lo único que va a vivir es lo que dijo Jesucristo, acuérdate lo que dijo: “Al que tiene se le dará, pero al que no tiene se le quitará hasta lo poco que tiene” San Marcos 4,25. Nada hay más peligroso que caminar por el mundo con poca fe o caminar por el mundo con poco amor.
Caminar por el mundo con poco amor es exponerse a todas las burlas, seguramente, si la persona no se presentara como católico, si la persona hubiera perdido absoluta y completamente la fe y no le importara nada de eso, tendría una posición más equilibrada.
Miren, es que Europa es muy chistosa, Europa es un conjunto de países muy gracioso. Resulta que está haciendo la Constitución Europea, y mira lo gracioso: estaban discutiendo por qué el nombre de Dios no aparecía en el prólogo de la Constitución europea.
Entonces, había unos que decían: "Bueno, pero aunque sea, pongan ahí el nombre de Dios, o por lo menos digan que las tradiciones cristianas, o por lo menos digan..."; es decir, ahí como mendigando, como poniendo por ahí un pedacito, que finalmente no quedó nada.
Pero lo chistoso, ¿a qué viene? Que la gente que decía que debía aludirse al pasado cristiano de Europa y es que había dos tendencias: unos por razones religiosas, como desde luego el Vaticano, Italia, Irlanda; ellos eran los que estaban hablando que había que mencionar el pasado cristiano.
Pero lo más gracioso es que uno de los ateos y de los incrédulos decían: “Ahí debe quedar el pasado cristiano”, y, ¿sabes por qué lo decían? No lo decían porque creyeran en Jesús sino porque decían: “Si yo estudio la historia de Europa ahí aparece una historia cristiana, eso debe quedar ahí."
¿Por qué doy este ejemplo? Para decir cómo algunas veces las personas que radicalmente parece no creer en nada, a veces tienen una mirada mas objetiva frente al fenómeno religioso; nada es más peligroso que andar por el mundo con un amor a medias.
Y realmente lo que nos está reclamando la Primera Lectura de hoy es: ¿Qué tal un amor total? ¿Qué tal una apuesta total? ¿Qué tal por un amor así, por Jesucristo, por su Evangelio? ¿Qué tal creer hasta el fondo?
Hay gente que hace este experimento, por ejemplo el Papa Borgia, Alejandro VI, es uno de los casos más escandalosos, es repugnante, es ridículo, dan asco muchas cosas de su caso, mejor dicho, todas esas novelas llenas de morbo, de todo el pecado de la Santa Sede y todo lo que sucede en los palacios de los cardenales, y el mundo se goza contando sobre los escándalos y las orgías.
Una persona que tiene un amor a medias, una persona que tiene una fe a medias oye una historia de esas ¿y qué hace? Normalmente dice: “Bueno pero por ahí hay uno que otro bueno, siempre queda por ahí un Papa bueno”.
Hay gente que es un poco mas valiente porque tiene un amor más grande, por ejemplo, sin que yo esté de acuerdo con todo lo que ese señor hace, hay un escritor italiano famoso, Vittorio Mesori, él es un escritor que se ha dedicado a proclamar su fe de un modo casi descarado, abierto, desabrochado.
Entonces alguna vez le estaban diciendo: "Mira que el Papa Alejandro VI y las orgias", porque claro, el tema sexual es siempre tan escandaloso, y entonces dice Vittorio Mesori con la Biblia en la mano: "Oye, ¿tú sabes que es un papa?" "-Bueno, es que un Papa...., se entiende, un Papa es la cabeza de todos ustedes", "-no, espérate, ¿tú sabes lo que es el Papa?"
Finalmente no sabe qué es el Papa y cuando ya descubren que no sabe lo que es el Papa, entonces dice: "Mira, el Papa y la misión del Papa aparece en la Sagrada Escritura, y dice que el oficio de Pedro y el oficio del sucesor de Pedro es confirmar en la fe a los demás”.
"-¿Tu has leído los documentos de Alejandro VI, o sólo te han interesado sus orgías?" "Bueno, hombre, es que se entiende que son esas orgías", "-Bueno, esas eran las orgías de Alejandro VI, ¿pero has leído los documentos o conoces la doctrina de Alejandro VI? No con qué mujeres se acostó sino qué estaba predicando al pueblo cristiano."
"-No lo conozco tampoco", ".Entonces hagamos una cosa, estudia lo que hizo Alejandro VI, eso lo puedes hacer, y lo que predicó y cómo confirmó en la fe a sus hermanos y después me haces el favor de responderme si él en esa misión no estuvo asistido por el Espíritu Santo, o, ¿es que tú crees que el Espíritu Santo huye o desaparece porque exista pecado en las personas?
¿Tú no has leído, por ejemplo, en el evangelio de San Juan, ¿no has leído cómo el Sumo Sacerdote que estaba tramando la muerte de Jesús dijo una verdad muy grande sobre Jesús? “Conviene que este muera en lugar de todo el pueblo” San Juan 11,50, y eso lo dijo un hombre que estaba en pecado mortal.
"-Nosotros no estamos diciendo que Alejandro VI sea un santo, estamos diciendo que él, asistido por el Espíritu, cumplió lo que significa ser Papa en aquello que dice la Escritura, que es un pésimo ejemplo, nadie lo está negando, pero asistido por el Espíritu, ahí lo tienes en sus escritos, ¿o no has conocido sus escritos?"
Fíjate cómo una persona, doy este ejemplo porque es una cosa que a cada rato está apareciendo, fíjate como Vittorio Mesori, lleno de un conocimiento más grande pero sobre todo lleno de un amor mas grande, no se acompleja, uno se acompleja por falta de amor.
Por eso uno quiere esconder lo que uno es, por eso uno quiere esconder los problemas que uno tiene y el grupo en el que uno está; por eso uno está, como dice Santa Teresa de Jesús: “bueno, con eso de estar con tanto encogimiento”; claro que yo creo que uno tiene que ser español para entender eso de, “tanto encogimiento”; hoy se diría: “No andes tan acomplejado”, “anda sin tanto complejo”, “anda con más paz”.
Por ejemplo la Inquisición, y lo que hacían porque hay una obsesión morbosa: “¡y cómo torturaban a las mujeres y las desnudaban!…”; bueno, después de que su mente ha terminado de hacer el retrato sobre las mujeres, permítame hacerle una pregunta: ¿-Tiene datos también sobre la Inquisición protestante? ¿O usted se dedica nada más a la Inquisición católica?”;
“-Se entiende que me dedico a la Inquisición católica”, "-bueno, eso se entiende por usted, pero eso denota que usted no estudia, usted debería conocer qué era lo que se estaba viviendo en la Inquisición protestante. ¿Sabe usted que el término casa de brujas es un término que nació en los países protestantes? ¿Y tiene estadísticas de quiénes y de qué manera condenaron y de cómo hicieron?"
Y por eso llegamos finalmente a Santo Domingo de Guzmán, él es: “súbele el volumen a tu amor, “súbele el volumen a tu fe, y con eso a ganar gente para Jesucristo", ¡ese es Santo Domingo!
Santo Domingo en una época que los obispos tenían sus escándalos y todo era tan escandaloso, Santo Domingo se presenta y dice: "Bueno, yo sacerdote de la Iglesia Católica, como Jesús con su grupo, yo soy de estos, soy de los mismos."
"-No, nosotros somos los cátaros, tú sabes que la palabra cátaro significa los limpios, los perfectos", ¿sí son los limpios?, Ojala estuviera limpia también vuestra doctrina."
Hermanos, tenemos que dejar complejos, tenemos que subirle el tono al amor, tenemos que subirle el volumen al amor, tenemos que seguir el consejo a Santa Teresa: “No andéis con tanto encogimiento”
Comprende qué Dios tienes, comprende qué amor tiene ese Dios, comprende qué puertas habrá de querer ese Dios y verás cómo los problemas que parecen más terribles, no era otra cosa sino jugarretas del enemigo tratando de enredarnos unos con otros y tratando de que nuestro pensamiento ore menos y ame menos, no hay más.
Jesús dijo que, "había más fiesta en el cielo por un pecador que se convirtiera que por noventa y nueve justos que no necesitaran conversión” San Lucas 15,32; de pronto hay fiesta en el infierno por cada día que un santo deja de orar: "Lo logramos, logramos, un día lo confundimos y no pudo orar, se enredó con sus recuerdos, se enredó con el Provincial, se enredó con los otros del convento, se enredó con sus amigos, se enredó con sus amigas y no oró."
Claro, allá nosotros si vamos a ser tan bobos de seguir esas voces apestosas, allá nosotros. No, propósito: "No me dejo enredar", tenemos que decir: "No me dejo enredar."
Tuve una llamada tan linda; bueno, acabo con esto porque hay que acabar en algún punto. Tuve una conversación tan bonita con un Padre, hermano de mi Comunidad, ¡y el hombre tiene problemas hasta que ya! Y a mí a veces también me llegan problemas que no se si más grandes o más chiquitos, pero uno conoce problemas aquí, problemas allá y poco a poco nos vamos volviendo eclesiásticos muy serios: "¡La situación es gravísima, es tan grave!"
Y oiga, y entonces estuvimos conversando con este hermano y el señor Jesús nos regaló mucha alegría con esa conversación y él resumió la conversación diciendo: “Te agradezco mucho esta llamada porque se me había enredado la risa, el canto, la alabanza”.
¿Te enredaste en qué? No es que, "fíjate que hubo un pecado y el otro pecó y ambos pecaron y todos pecaron"; pues hombre, eso ya sabíamos, que hay pecado que uno pecó y que el otro dijo. ¡Se nos enreda la risa, se nos enreda el canto! Y claro, a medida que nos vamos enredando nos vamos entiesando y entonces nos volvemos la Iglesia artrítica, la Iglesia acomplejada, la Iglesia temerosa, ¿dónde está el vigor?
Dicen que Ghandi criticaba a los cristianos y decía: "¿Qué habéis hecho de vuestra alegría? Yo leo el Evangelio y todo es alegría y los miro a ustedes y están todos tan constreñidos, tan preocupados, es una situación que es casi caótica."
El Evangelio es el Evangelio, la Buena Noticia es Buena Noticia, el amor es fuerte y la fe abre las puertas para que ese amor sea la verdad de nuestra vida.
Amén.