I184001a

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Fecha: 20030807

Título: No dejar que se opaque la gloria de Dios

Original en audio: [10 min. 17 seg.]


Queridos Hermanos:

Yo les confieso que muchas veces me he preguntado por el sentido de esas palabras que encontramos en la Primera Lectura de hoy, eso que le dice Dios a Moisés; le dice que, "por haber dudado" Números 20,12, por esa especie de castigo a la duda, "tú no vas a entra a la tierra prometida" Números 20,12; eso es lo que le dice Dios a Moisés.

Y esas palabras, desde que yo era niño, me han parecido excesivas, me han parecido muy drásticas, al fin y al cabo, pues Moisés se gastó por la causa de Dios, incluso podríamos decir, arriesgó su propio pellejo, arriesgó su propia vida. Muchas veces defendió al pueblo ante Dios, y muchas veces defendió la causa de Dios ante el pueblo.

Desde que era niño, pues, me ha dado pesar ese desenlace de la historia de Moisés. Pero luego he ido encontrando que tal vez las cosas no son tan injustas. Y hay dos puntos de reflexión que quiero compartirles.

El primero es, tratemos de localizar exactamente en dónde está la duda de Moisés; y el segundo es, ¿verdaderamente se trataba de un gran premio entrar a la tierra prometida? O consiguientemente, ¿verdaderamente se trataba de un terrible castigo no entrar en esa tierra?

Vamos a mirarlo un poco, con la ayuda de Dios.

Y primero lo primero, ¿en qué consistió la duda de Moisés? El pasaje que hemos escuchado en realidad es muy preciso, nos dice que la multitud, la muchedumbre se queja ante Moisés. Y entonces Moisés y Aarón se van a la tienda del encuentro y se postran ante el Señor, y allí reciben las instrucciones.

Es decir, Moisés no responde directamente a la muchedumbre rebelde, incrédula; Moisés no responde ante ellos, sino que se apartan de ellos junto con Aarón, y se postran en la tienda del Señor. Ellos saben que Dios habita en esta tienda, pero parecen no estar completamente convencidos de que Dios habita en ellos.

Es decir, buscan la respuesta en la tienda de reunión, porque han quedado desconcertados por la duda de la gente; no tienen una respuesta a la incredulidad de la gente; no piensan que Dios está habitando en ellos, sino que retroceden y buscan protección en la tienda, en el Arca de la Alianza.

Es decir, la duda esta exactamente en eso, no alcanzaron a creer, era una cosa muy grande, no era una cosa sencilla, pero es que Dios tampoco había sido pequeño ni había sido débil con Moisés; había sido fuerte, convincente y poderoso. No alcanzaron a creer que Dios estuviera con ellos para responder directamente a la gente; buscaron respuesta en la tienda de reunión; no sintieron que en ellos mismos, no pudieron reconocer que en ellos mismos habitaba ese Dios; ahí estaba la duda.

Eso es importante porque los problemas a nosotros nos buscan; normalmente nosotros no buscamos a los problemas, ellos nos buscan a nosotros, y la respuesta se necesita ahí donde surge el problema.

Si tú por ejemplo, vas a tu lugar de trabajo, si tú vas a tu empresa y un compañero tuyo te dice que se encuentra decepcionado de la Iglesia, o que es incrédulo ante los sacramentos, o que piensa que la Palabra de Dios son puras fábulas, la respuesta se necesita ahí; tú tienes que creer que Dios habita en ti, tú tienes que creer que en ese momento Dios está contigo.

Recordemos cómo el lenguaje cambia cuando llegamos a los Evangelios. Podemos relacionar esta escena de la muchedumbre rebelde contra Moisés con lo que le dice Nuestro Señor Jesucristo a sus Apóstoles, les dice que, "cuando ellos sean atacados y sean llevados a los tribunales, que no se preocupen por un discurso, que no vayan a preparar un discurso para ese momento, que crean que el Espíritu está con ellos" (véase San Mateo 10,19,20). Desde luego, esto no se le podía pedir todavía a Moisés, hablemos en esos términos.

Y lo mismo pasa en nuestra vida, cuando somos confrontados, muchas veces tenemos una sola oportunidad para defender la gloria de Dios, ¡una sola oportunidad para defender la gloria de Dios!, y en ese momento tal vez no hay tiempo para decir: "Voy a la tienda de reunión, voy a la iglesia, voy a no sé dónde".

Necesitamos una sabiduría para por lo menos defender la gloria de Dios ahí; es verdad que quizá no tenemos la respuesta más perfecta, pero eso de simplemente quedarse callado y apartarse de la multitud, eso de tomar la postura del que está confundido, eso de dejar que una nube de confusión y de vergüenza se apodere de nuestro rostro, eso es ocultar la gloria de Dios, y eso fue lo que le sucedió a Moisés.

Enseñanza para nosotros: necesitamos tomar conciencia de la habitación del Espíritu de Dios en nosotros, necesitamos tomar conciencia de su presencia eficaz, para no quedar confundidos y para no dejar que se empañe la gloria divina; para eso necesitamos la presencia del Espíritu y la conciencia nuestra de esa presencia.

Por otro lado, preguntémonos si fue un terrible, si fue un espantoso castigo lo que sucedió ahí, preguntémonos eso y preguntémonos, por consiguiente, si era un gran premio entrar en la tierra prometida.

Afortunadamente, tenemos la secuencia misma de los relatos que nos da la Biblia, y en esa secuencia,¿qué encontramos? Que el sucesor de Moisés, Josué, pues no tiene tampoco una vida sencilla. ¿Qué fue el desierto? Un camino de rebeldías, ¿y qué es la entrada a la tierra prometida? Pues un camino de dificultades.

Si nosotros leemos el libro de Josué, pero especialmente si leemos el libro de los Jueces, y vamos a escuchar de hecho en las semanas siguientes algunos pasajes selectos del libro de los Jueces, si nosotros escuchamos esos relatos, bien podemos preguntarnos: "¿Era ese un gran premio para Moisés? ¿O era más trabajo?"

Personalmente, creo que no era ningún premio; personalmente, creo que eso era más trabajo, porque mientras no lleguemos al Cielo prometido, ninguna tierra prometida será suficiente premio.

Haberse llevado a Moisés, puede parecer un terrible castigo, pero haberse llevado a Moisés, en realidad, fue darle el descanso y fue llevarlo a a esa tierra que tiene el aspecto y esencia de Cielo, es decir, a la compañía, a la contemplación del Rostro divino.

Estos no son inventos míos. Si nosotros recordamos a Moisés el contemplativo, pues también recordamos cómo Moisés, en cierto momento, encendido de amor, le dice a Dios: "Déjame ver tu Rostro" Exodo 33,18, y Dios le dice: "Si tú no puedes ver mi Rostro y seguir viviendo" Exodo 33,20.

¿Eso qué significa? Significa que para alcanzar su anhelo más profundo, Moisés tenía que dejar esta tierra y eso es lo que Dios le concede; le da algo mejor que esos alegatos de Josué con el pueblo terco de Dios; le da algo mejor que seguir viendo luchas, infidelidades y todo lo que sigue en el Antiguo Testamento, ¡por Dios!, aunque Moisés hubiera vivido siglos y siglos, hubiera seguido viendo casi lo mismo que había encontrado en el desierto. En realidad, Dios se lo llevó porque lo amó.

Por eso, hermanos, comprendamos cuál fue la duda de Moisés, pero comprendamos sobre todo cuál fue la misericordia de Dios.