I183002a

De Wiki de FrayNelson
Saltar a: navegación, buscar

Fecha: 20070808

Título: Dios no esta jugando con nosotros

Original en audio: [15 min. 40 seg.]


Amados Hermanos:

Quiero compartirles una reflexión basada en la primera lectura de hoy, que como oímos, fue tomada del libro de los Números.

Podemos decir que el gran protagonista de esa primera lectura, o la gran protagonista de esa primera lectura es la Tierra Prometida.

Es la primera vez que los israelitas se lanzan a conocer aquello que un día Dios le había prometido, le había anunciado a Abraham; van a entrar en esa tierra, quieren saber cómo es, y mandan unos exploradores, tomados de la gente principal, de los jefes de cada tribu.

Durante cuarenta días estos exploradores recorren esa Tierra Prometida y traen un informe; el informe al principio es muy positivo, pero luego se convierte en algo bastante negativo, con una sola excepción de un personaje llamado Caleb.

Ahora la pregunta es: ¿qué podemos aprender nosotros de ese texto y cómo lo podemos aplicar en nuestra vida?

La Tierra Prometida es importante no por ser tierra sino por ser prometida, por ser promesa de Dios. La Tierra Prometida es importante porque es como la concreción de lo que Dios ha anunciado y es capaz de cumplir.

En ese sentido, nosotros podemos aplicar esto de la Tierra Prometida a varias realidades. Podemos decir que la Tierra Prometida es una imagen del cielo; podemos decir que la Tierra Prometida es una imagen de la vida en santidad; podemos decir que la Tierra Prometida es una imagen de la vida consagrada a Dios, a su servicio; podemos decir que la Tierra Prometida es lo que tú esperas que te suceda después de convertirte.

Y en cada uno de estos casos podemos aplicar lo que aquí se dice.

Frente a la Tierra Prometida los israelitas tuvieron una actitud ambivalente, estaban como divididos. Por una parte sentían: "Tan bueno, tan bonito, tan dulce, tan deseable; pero por otra parte sentían: "Tan duro, tan difícil, tan trabajoso, tan inalcanzable".

Y esos son los sentimientos que uno también tiene con respecto al cielo, por ejemplo. El cielo, qué belleza, quién no quiere estar el cielo, ¿pero quién podrá estar en en cielo? "-El cielo significa que tienes que ser humilde", "-¡no!" "-Sí, tienes que ser humilde". "El cielo significa perdonara tus enemigos", "-no, me parece muy trabajoso".

"El cielo significa renunciar a tus pecados", "-eso me parece imposible"; "-el cielo significa estar para siempre con Jesús", "-me parece dulcísimo"; "-el Cielo significa vencer al pecado", "-me parece imposible"; "-el cielo significa ver a Dios cara a cara", "-¡ah, qué cosa tan hermosa!" "-El cielo significa apartarte de todo lo que no es de Dios", "-creo que nunca lo lograré".

¿Ves? Uno está dividido todo el tiempo. Uno todo el tiempo está sintiendo: "Qué alegría el cielo, qué difícil el cielo"; "que alegría la santidad, qué difícil la santidad". Le dicen a uno: "-Los místicos han llegado prácticamente a hablar cara a cara con Dios como un hombre habla con su amigo", "Uy, qué belleza; yo tengo vocación de místico". "-Los místicos ayunaban", "-no, yo tengo vocación de místico".

Le dicen a uno: "-Los místicos tienen una experiencia personal de cada uno de los versículos de la Escritura, los llevan como escritos en su propia vida", "-qué hermosura, yo quiero ser místico"; "-los místicos padecieron humillaciones, fueron relegados, nadie los entendía", "-no, no quiero ser místico".

¿Ves? Lo mismo que le pasa ahí a los israelitas: tan bonita, tan bonita la Tierra Prometida, pero tan difícil, tan difícil la Tierra Prometida". Lo mismo pasa con la vida consagrada, hoy, que tenemos esta renovación de votos de algunos consagrados y consagradas.

Le dicen a uno: "¿Quieres dedicarte solamente a Dios, llevar una vida completamente al servicio del Señor? No hay otro como Él, Él es el único fiel, Él será el único amor de tu alma", "-Uy, sí, sí, yo quiero, yo quiero, sí, sí, sí". "-Pero como Él va a ser el único amor de tu alma, te van a abandonar los demás amores y muchas veces experimentarás soledad, la gente te dará la espalda, se burlarán de ti", "-no, no, no, no, no quiero, no quiero".

¡Es difícil! ¡Es difícil! Y lo mismo podemos aplicar incluso para las virtudes. Tú quieres un hogar, porque no todo el mundo quiere consagrarse a Dios, no todo el mundo tiene esa vocación de consagración total al Señor, "¿-quieres un hogar?" "-Sí, quiero un hogar". "¿Un hogar bello?" "-Sí, un hogar bello, lleno de oración, donde mi esposo sea San José". "-Ah, pero a ti te toca ser la Virgen", "-ah, entonces no".

Porque los esposos sí quieren que ella sea como la Virgen María, pero ellos no quieren ser como San José; y así no jugamos, así no hay pacto.

Entonces, en resumen, sí sentimos que es deseable lo que Dios promete, pero también sentimos que es arduo lo que Dios promete, y por eso hay un momento que es un momento de audacia. En realidad, la palabra clave en esta primera lectura es lo que viene a decir Caleb, ese personaje que aparece en este momento del libro de los Números, aparece tan claramente.

Es un golpe de audacia, un golpe de audacia que significa: "Váyame bien, o váyame mal", porque mientras uno se la pasa en: "Sí me gusta, sí me gusta, sí me gusta, pero sí me cuesta, sí me cuesta", uno nunca avanza, nunca avanza.

La única manera de avanzar es: suspender esa deliberación, suspender ese "sí, sí, sí, pero como que no, pero como que sí, pero como que no; tal vez no, pero yo creo que en el fondo sí, como que quien sabe".

Y mientras uno está en esas, el tiempo está jugando en contra de uno.

Somos invitados, mis hermanos, somos invitados a tener el golpe de audacia; el golpe de audacia es el sí resuelto que consiste en la frase: "Váyame bien o váyame mal", esa frase me la enseñó una religiosa de clausura, ella se llama Sor Lucía.

Cuando ella fue a entrar al monasterio, un monasterio de clausura, ustedes se imaginan, eso tiene muchas dificultades, y créanme que la más pequeña es la clausura.

Eso tiene muchas dificultades. Si el monasterio tiene veintidós religiosas, entonces tiene veintidós dificultades grandes. No es tan fácil ser monja de clausura, no es tan sencillo; es una vida de muchas renuncias, es una vida de mucha humillación, de muy poquitos aplausos, claro, también es una vida como todo esto, es una vida que también tiene sus promesas maravillosas.

Y uno recuerda a Santa teresa de Jesús y uno dice: "Ay, sí, yo quiero ser, sí, sí, yo quiero ser verdaderamente contemplativa, vivir lo que vivió Santa Teresa", "-¿Y quieres padecer lo que padeció Santa Teresa? "-No, esa partecita no".

Sor Lucía quería entrar al monasterio de las dominicas contemplativas, y empezó este jueguito, el jueguito de siempre, lo que venimos contando: "¡Ay, tan lindo ser una religiosa, estar únicamente consagrada a Cristo, acompañar a Cristo en su soledad, dedicar largos ratos a la oración, estar para siempre con Él, empezar ya en esta tierra lo que será el cielo!. Sí, yo voy a ser monja".

Pero Después ella pensaba: "Pero voy a estar tan lejos de mi familia, pero va a haber tantos problemas, pero y quién sabe si la salud me aguante, y además quién sabe si esas monjitas serán buenas personas, algunas como que son malacarosas... No, entonces mejor no. ¡Ay, pero tan bonito, pero tan difícil!"

Y entonces ella llevaba varias semanas en esas, como que sí, como que sí, como que no, como que no, como que sí, como que sí, sí, sí, no, no no. En esas estaba, y esa danza agota, agota, uno se siente desgastado. Un día ella encontró la frase que la sacó de esa situación, y esa frase es la que yo le dije a ustedes antes: "Váyame bien o váyame mal, entro".

¿Por qué? Porque si uno pone como condición "sí voy a entrar, pero que me vaya bien; sí voy a entrar pero que todo salga bien; sí voy a entrar pero que sí me quieran, pero que sí me aplaudan, pero que sí me acepten, pero que me vaya bien"; si uno está suponiendo que las cosas tienen que ser así, a uno se lo come la incertidumbre, porque uno no puede controlar el futuro, uno no puede controlar lo que va a suceder con las otras personas.

"Padre, yo me quiero casar, estoy resuelto a casarme, me voy a casar la semana entrante, pero tengo una duda: ¿qué tal que yo me case y mi mujer, que a veces es descuidada, la atropelle un transmilenio y yo sea viudo, padre? Yo no quiero ser viudo, padre, yo no sé si casarme o no".

¡Hombre, uno no puede controlar los transmilenios, no han podido los alcaldes, menos vamos a poder nosotros! ¡Uno no puede controlar el futuro, uno no puede todo lo que va a pasar! Si la gente se va a enfermar, "¿qué tal que yo me case y en ese momento se enferme mi esposa, ah? ¿Y qué tal, y ahí se enferme y sea una enfermedad incurable, autoinmune? ¿Y qué tal que en ese momento a mí me boten del trabajo? ¿y...?"

Todo eso puede pasar, y créalo o no, hay personas a las que les ha pasado eso; hay personas que se han casado y al poco tiempo, sorpresa, sorpresa, gran enfermedad o accidente, o lo que sea. Eso me puede pasar a mí.

La única manera entonces de casarse es: "Me caso porque pienso que es honesto en concienciencia, porque pienso que esto no contradice el plan de Dios, porque creo que ahí puede estar mi felicidad, sobre todo. Con esa conciencia clara, doy ese paso, váyame bien o váyame mal. Es decir, así quede viudo, así pase lo que sea, sigo adelante".

Cundo uno se traga esa dificultad y uno dice: "Váyame bien o váyame mal", ahí se despeja el panorama.

Caleb sí pudo entrar en la Tierra Prometida, en cambio todos los de "sí, sí, sí, pero no, no, no, pero casi, pero casi, pero sí, pero no, pero casi", esos nunca hicieron nada. Esos se murieron en el desierto.

Y esa es la vida sin sentido, eso es lo que el demonio intenta hacernos, que nos muramos en el desierto, que nos muramos en medio de nuestras dudas, que nunca hagamos nada, porque siempre estamos con que sí, pero no, pero casi, pero sí, sí, sí, pero no, pero casi, pero sí. En esto sacamos un fax con ese cuento.

Y uno nunca hace nada y ahí está pendiente y entonces llega uno ahí con casi, casi, casi llega a la puerta del cielo, casi, "bueno, sí, lo alcancé a ver, ya, San Pedro, ya". No, Dios nos libre, Dios nos libre, eso no puede suceder.

Se necesita la actitud de Caleb, ¿qué fue lo que dijo Caleb?" Caleb dijo lo siguiente, mire, dice aquí con inspirado acento el libro de los Números. Ellos se volvieron todos cobardes, ¿no? "La tierra que hemos cruzado es una tierra que devora a sus habitantes" Números 13,32.

¿Pero qué fue lo que dijo Caleb? Caleb dijo, mire aquí está: "Tenemos que subir y apoderarnos de esa tierra" Números 13,30, punto. Se acabó.

"Tenemos que subir y apoderarnos de esa tierra" Números 13,30. Y les pasaron muchas cosas, pero ellos tenían que subir y apoderarse de esa tierra.

Y lo mismo tiene que decir estos jóvenes que se encuentran aquí,-digo jóvenes por el promedio de edad-; lo mismo tiene que decir estos jóvenes que van a renovar hoy su consagración virginal, tiene que decir eso: "Tenemos que subir, tenemos que dar ese paso".

"-Pero es que pueden suceder muchas cosas". "-Sí, pueden suceder demasiadas cosas. No sabemos, un meteorito se salió de su órbita y viene aquí y no vamos a alcanzar de terminar la Santa Misa; no lo sabemos. Pero en lo que se aclara lo del meteorito, seguimos celebrando la Santa Misa con gozo, ¿amén? "Amén", ¿amen? "Amén". Eso es. A mí me encanta esa convicción, así venga el meteorito, ¿cierto?

Uno tiene que estar así, uno tiene que vivir así, ¡ese paso se puede dar! Ahí es donde la fe se abraza con la esperanza.

Hermanos, las invitaciones que da el Señor y los llamados que da el señor, Él mismo los ayuda a vivir.

Jesús no está jugando contigo: "Voy a poner a este Fray Nelson ahí a ver qué hace, a ver qué hace ante esa situación". No. Nuestro Dios no es un Dios malévolo: "Voy a ver esta muchachita a ver qué hace en esta situación, a ver qué cara pone". No.

Dios no está jugando con nosotros; Él nos está llamando a la perfecta unidad con Él, y Él sabe que nos cuesta trabajo, sabe de qué barro estamos hechos, sabe que somos cobardes, por lo menos algunos de nosotros somos cobardes, somos débiles, somos incoherentes, somos enfermos, tenemos muchas dificultades, bastantes dificultades. Él sabe todo eso, Él no nos va a dejar solos.

¿Qué pide Dios de ti hoy? Un acto de audacia, un sí resuelto, eso es lo que el Señor te está pidiendo hoy; no demores ese sí, dile es sí al Señor.

Amén.