I182001a
Fecha: 19970805
Título: Dios hace distincion de personas en orden a su providencia y a su gracia
Original en audio: [5 min. 33 seg.]
Mis Hermanos:
Si recordamos, las últimas semanas la primera lectura nos ha traído constantemente las murmuraciones del pueblo de Israel, porque les falta agua, porque les aturde la soledad del desierto, porque sienten envidia de Moisés.
De manera que este pueblo, "que Dios se escogió como heredad" Deuteronomio 4,20, según dice la Escritura, parece un pueblo de murmuradores, un pueblo lleno de protestas y de descontento.
Eso tiene de triste, que es como un continuo testimonio de ingratitud, pero eso tiene de bueno, que nos permite reconocer ahí las mismas murmuraciones, o muy semejantes, que acompañan al pueblo de Dios en todas las etapas de su historia.
Y esto es bueno, creo yo, en la medida que nos permite por una parte, ver que Dios no ha abandonado a su pueblo ni siquiera por el pecado, y por otra, ver cómo ese mismo Dios va educando al pueblo. Como dice en algún lugar: "Castiga con la vara sus culpas, pero no aparta de ellos su alianza" Ezequiel 20,37. Y así también nosotros podemos encontrar en nuestra vida muchos paralelos con esas murmuraciones. ¿Por qué a unos sí y a otros no?
El tema de hoy propiamente es el de la distinción que hace Dios entre Moisés y los demás profetas, o videntes, o inspirados del pueblo de Israel.
Y aquí viene algo muy importante, porque nosotros estamos hoy acostumbrados a la expresión: "Dios no hace distinción de personas", y habrá que decir que no las hace pero que sí las hace, porque no las hace por motivos humanos, no las hace por las razones por las que nosotros distinguimos unas personas de otras, es decir, por el dinero, por el interés, por la posición social.
Si vamos a hablar de esas cosas, Dios no distingue a las personas; pero si vamos a hablar de sus designios y de su providencia, entonces Dios sí distingue a las personas, porque por eso dice aquí: "Yo a los demás profetas les hablo de una manera, y a Moisés le hablo de otra manera" Números 12,6-7.
Estas distintas maneras no se corresponden a realidades humanas que tenga la persona como por su propio esfuerzo, sino se corresponde a sus caminos de su gracia, y el irrespeto de los caminos de la gracia de Dios hace que la persona se convierta en un aborto, como le pasó a la carne de María, la hermana de Moisés.
Es decir, aquel que no acepta el plan de Dios, no termina de nacer, se convierte en un aborto, se frustra como proyecto, se frustra como creyente y como persona. Y en este sentido entonces, en el sentido de la providencia y de la gracia divina, sí es necesario respetar las acepciones de personas.
Una cosa es Moisés y otra cosa los demás profetas; una cosa son los discípulos de Jesús y otra cosa son los fariseos; una cosa son los pobres y otra cosa son los ricos; aquí hay diferencia, y por eso podrá decir el evangelio de Lucas: "¡Bienaventurados vosotros los pobres" San Lucas 6,20, y, "¡ay de vosotros los ricos!" San Lucas 6,24.
Esas distinciones no están propiamente por las cualidades humanas, ni siquiera por el dinero, como lo podría sugerir el texto de Lucas, sino está por el respeto o no respeto, por la acogida o no acogida que se le dé a la gracia divina.
Estar atentos a los caminos de la gracia, saber cuál es nuestro lugar en el plan de salvación, y recibir y bendecir esos caminos de la gracia en las otras personas, son las puertas para llegar a nacer verdaderamente como cristianos.
Porque nuestro verdadero nacimiento, según nos enseñaron ya los primeros mártires, se encuentra no en el hecho de haber sido bautizados, sino en alcanzar la plenitud del bautismo que sólo la tendremos a la hora de la muerte.
No olvidemos nunca lo que decía San Ignacio de Antioquía, el gran obispo mártir de la iglesia de Siria, cuando ya casi faltando unos días para su martirio, escribe a alguna de las iglesias y les dice: "Cuando sea triturado, cuando se consuma mi cuerpo en los dientes de las fieras, entonces seré verdaderamente hombre", y en otro lugar dice: "Apenas ahora, -y lo dice un obispo, doctor y santo, y de todo-, apenas ahora empiezo a ser cristiano".
Se nace al cristianismo acogiendo los caminos de la gracia divina, y las señales, diríamos, los mojones del camino están marcados por los elogios que la Biblia hace de Moisés: paciente, humilde, fiel, orante; esos caminos, esas señales del camino son las que van indicando las señales de la acogida de la gracia de Dios.
Así nos lo conceda Él, de quien proceden todos los bienes.