I176003a

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Fecha: 20110730

Título: Aprender de Juan Bautista a ser coherentes en la fe y a no andar con el corazon dividido

Original en audio: [4 min. 35 seg.]


El capítulo catorce de San Mateo trae una noticia triste: es el final de la vida de Juan, llamado Juan el Bautista, por ese ministerio que fue como lo más típico suyo, esa predicación que él hizo a orillas del río Jordán, llamando a la gente para que se bautizara.

Pues el capítulo catorce cuenta el final, hasta cierto punto deprimente, de Juan el Bautista. Las circunstancias no podrían ser más frívolas, y esto duele, porque se tata de un hombre que con la seriedad del amor quiso tocar las puertas del corazón de su pueblo.

En la vida de Juan la austeridad, la coherencia, el brillo de una vida sin tacha están cada paso; y por eso, su palabra penetrante, quemante, cortante no podía detenida. Bien sabemos que cuando una persona habla mucho, pero su vida no corresponde con sus palabras, pues bien pronto resulta desautorizado, ridiculizado y es fácil hacer caso omiso de él.

No así con Juan Bautista, un hombre que mucho antes de abrir su boca a los hombres, había abierto su corazón a Dios; un hombre que antes que escribir un mensaje de conversión en la vida de cualquier otro, había vivido un camino demasiado serio de vuelta hacia Dios, porque eso es lo que significa la apalabra conversión, es volverse hacia Dios.

Pues Juan había vivido de cara a Dios, con una generosidad sin límites y con una proclamación impresionante del señorío de Dios. Porque tú sabes, esa vida en el desierto finalmente lo que está proclamando es: "Yo dependo de Dios, yo no dependo de imperios ni componendas humanas".

Y efectivamente, trataron de silenciarlo de muchas formas,pero juan practicó lo que predicó: "Si Dios es el Señor, y si el Mesías está cerca, los tiempos no son para hacer muchas negociaciones con los hombres, son más bien tiempos para renovar alianza con el único Dios".

Y por eso se volvió fastidioso. Pero yo creo que aquí hay una enseñanza que debemos tomar del personaje que lo mandó matar. Se trataba de un Herodes, este Herodes era hijo del otro Herodes, el que en tiempos del nacimiento de Cristo mandó a asesinar a los niños en Belén, lo que recordamos en la fiesta de los Santos Inocentes. El de la fiesta, el de la masacre de esos niños se llamaba Herodes el Grande, y este otro Herodes era hijo de ese primer Herodes.

Y este segundo Herodes llevaba una vida, pues, en desobediencia a Dios y Juan se lo dice, y este hombre queda dividido porque percibe la verdad de lo que le está diciendo Juan, se da cuenta que eso es cierto, se da cuenta que esa es la verdad, pero se siente incapaz de cambiar.

Sigue llevando su vida incoherente y licenciosa y luego, atrapado por sus propias palabras, termina sirviendo a los deseos de una mujer absolutamente indigna, Herodías, que aprovecha esta ocasión para deshacerse de la incómoda voz de Juan.

La lección para nosotros es obvia: no se puede andar por dos caminos, no se puede tener el corazón dividido; hay que abrirse en un sí resuelto al Dios y Padre de Nuestro Señor Jesucristo.