I176001a
Fecha: 19970802
Título: Cuanto mas se gasta el amor y la gracia de Dios, mas se multiplica
Original en audio: [9 min. 11 seg.]
La primera lectura, del Levítico, nos cuenta una legislación un poco extraña. Mire de lo que se trataba: cada cincuenta años la gente volvía a su tierra original.
Cuando llegó José con los Israelitas, allá a la tierra prometida, el Señor asignó las tierras a las distintas tribus, pero luego el movimiento del comercio, las necesidades, los problemas y las vicisitudes, las estrecheces, hacían que algunas personas tuvieran que vender sus tierras e incluso que tuvieran que venderse a sí mismos como esclavos.
El Señor había decretado, según escuchamos en el Libro levítico que cada cincuenta años las cosas tenían que volver a su forma origina, es decir, el que había comprado una tierra, la devolvía al que la había vendido y todos se devolvían todas las cosas, de manera que se volvía, con esa legislación, al estado primitivo, es decir, a la tierra como Dios se la había dado a Josué, a la repartición original de las tierras.
Si uno mira lo que realmente sucedió en Israel, esta ley no se cumplió, porque por ejemplo, el profeta Isaías, si no me falla la memoria, denuncia: “Ay de aquellos que van juntando campos y campos y campos hasta quedar ellos solos en el país" Isaías 5,8.
O sea que esta ley no se cumplió, lamentablemente, como muchas otras leyes, en los israelitas y fuera de los israelitas, esto no se cumplió, porque la gente de todas maneras iba haciendo negocios y se iba adueñando del país, de manera que la enseñanza que nosotros podemos sacar de ahí no es lo que en realidad pasó, sino que lo que debemos preguntarnos es: ¿qué era lo que Dios quería con esa ley tan extraña?
Eso es lo que nos preguntamos y el mismo texto nos cuenta que era lo que Dios quería. Resulta que si una persona en un momento de necesidad tiene que vender lo único que tiene, esta ley permitía que esa persona tuviera luego paz, tuviera luego júbilo, tuviera luego descanso.
Ese año que aquí esta traducción llama “jubilar” es lo mismo que el año sabático y esto viene de la palabra sábado que significa descanso.
La idea es que si una persona tuvo un grave problema, una catástrofe económica y se quedó en la calle y tuvo que vender su poquita tierra y tuvo que venderse como esclavo, luego llegaría un momento de justicia y un momento de descanso.
De manera que esta era una ley muy sabia porque era una ley para defender al pobre, es una ley para defender a las personas cuando tienen graves problemas, cuando tienen graves estrecheces económicas y se quedan en la calle, claro que como en la época no había calle, se quedan sin casa. Era una ley para proteger eso.
Y ese propósito no se le hizo caso a Dios, ese propósito no se le atendió a Dios, esa ley no se cumplió. Esta ley era también importante para evitar la soberbia del éxito comercial, la soberbia del éxito, la soberbia de la riqueza, la soberbia del que posee mucho.
Esta era una ley que hacía que nosotros recordáramos que todo lo que uno tiene en esta tierra, lo tiene como administrador. A ver, uno dice: compré una casa, compré un carro, compré una finca, ¿compré? La vas a administrar, en el mejor de los casos, hasta que te mueras, ¿y cuánto tiempo vas a vivir?
Resulta que esta ley estaba para cada cincuenta años. En la Biblia, el tiempo de una generación es de cuarenta años. Fíjate por ejemplo que cuando los israelitas pecaron en el desierto, Dios dice: “Esta generación no va entrar” Números 14-30, y por eso la peregrinación por el desierto duró cuarenta años como indicando: en cuarenta años ya se murieron todos los de esa generación.
O sea que una ley que establece restitución de tierras cada cincuenta años, ¿qué estaba diciendo? Hombre, le está recordando a la especie humana que nadie es dueño de nada, que es locura ensoberbecerse uno por las cosas que tiene, que es mentira creerse uno dueño de las cosas, porque uno a lo sumo las va a administrar veinte, treinta, cuarenta y hasta cincuenta años, y después de eso, ¿a quien pasa? A otro; entonces no era el dueño.
Esta es una ley, entonces, para que nadie se considere demasiado dueño de las cosas, estamos de paso en esta tierra. Como se dijo, es una ley para recordarles a los israelitas que ya llegaba la tierra prometida, que aunque esa fuera su tierra prometida, en el fondo seguía siendo tierra de peregrinación porque también ahí, un día tenían que entregar sus cosas.
En tercer lugar, esa ley era maravillosa porque esa ley está pronunciada en el nombre del Señor, como se repite varias veces, "el Señor es tu Dios" Levítico 25,17. O sea que lo que intenta recordar no es solamente que nosotros no somos los dueños, sino que el verdadero dueño de todas las cosas es Dios.
Él es el que reparte las tierras, Él es el que reparte, el que da todos sus bienes, y fíjate lo maravilloso, cuando Dios es el que reparte, alcanza para todos, cuando Dios es el que reparte, el pobre no se muere, cuando Dios es el que reparte, el rico no se ensoberbece.
¿Qué nos está recordando? Que si nosotros volvemos la mirada al que da todos los dones, a Dios, que es el Señor de todo, si nosotros tenemos nuestra mirada puesta en Él, pues Él dará y sobrará para todos, en cambio, cuando los hombres empezamos a sentirnos dueños de las cosas, decimos: “Esto no va a alcanzar, y puesto que no va a alcanzar, yo voy a asegurar mi pedacito".
Cuando Dios es el que reparte, se parece a Jesús cuando multiplicó los panes, le llegó a todo el mundo; cuando nosotros somos los que nos metemos a repartir, cuando los seres humanos somos los que repartimos, entonces nosotros decimos: "umm, esta ollita no va a alcanzar, primero yo aseguro mi parte, que si luego no le alcanzó al otro, allá verá él, que se pudra o que se muera, ese será su problema".
Y esta es la manera como se resuelven las cosas. Según el pensamiento de Dios, la tierra y todos los dones de la tierra, minerales, vegetales, animales; la tierra y todos sus dones, alcanzan para todo el mundo, ese es el pensamiento de Dios. El pensamiento de los hombres es: los dones no van a alcanzar, conclusión: que no haya gente.
La manera de pensar de Dios es: multipliquemos los dones, la manera de pensar del hombre cuando se aleja de Dios es: disminuyamos las personas.
¿Cómo piensa Dios? Que haya más bien para todos; ¿cómo piensa el ser humano cuando se aleja de Dios? Que haya poquitas personas, que ojalá no haya niños, ay, que ojalá no naciera nadie, que no naciera nadie porque no nos van a alcanzar, no nos va a alcanzar; que ojalá no haya niños, ojalá no tener niños, nada, nada, no tener niños, que no haya hijos porque esto no va a alcanzar.
Esa es la manera de pensar del ser humano cuando no conoce la mente de Dios. En cambio Dios que dice: "Si ustedes vuelven la mirada hacia mí, yo multiplico los dones. Así como yo puedo repartir la tierra y alcanza hasta para los más pobres, mis bienes alcanzan para todos porque yo Soy el Señor, el único dueño de todas las tierras".
Como se ve, esto que parece simple legislación por allá de años antiquísimos, en realidad nos está contando cuál es la mente de Dios para con los bienes terrestres y por eso es una lectura tan importante que tiene tanto para aportarnos.
Pues volvamos la mirada a Dios que multiplica así los dones. Dios en su misericordia realiza una obra semejante en la Eucaristía, los bienes de la Eucaristía alcanzan para todos. Dios hace como una multiplicación de su gracia y de sus bienes para todos en la Eucaristía.
Cuándo se ha visto una Eucaristía donde se diga: "Ojalá no viniera nadie, que vinieran poquitas personas porque la gracia no va a alcanzar, si acaso para dos o tres personas, la gracia no va a alcanzar. NO.
La gracia de Dios, el amor de Dios crece, y cuanto más se gasta, más se multiplica.
Lo vamos experimentar en esta Eucaristía y lo vamos a seguir viviendo en toda nuestra vida.