I164001a
Fecha: 19970724
Título: Dios esta en medio de la creacion y reina en medio de su pueblo
Original en audio: [6 min. 48 seg.]
Una maravillosa manifestación de Dios en el Monte Sinaí, es lo que nos presenta la primera lectura del libro del Éxodo.
Una manifestación terrible a la cual alude, por ejemplo, la Carta a los Hebreos cuando dice que "nosotros no nos hemos acercado a estos truenos y relámpagos, sino a la mansedumbre del monte Sión" Carta a los Hebreos 12,22.
Y hace como una contraposición entre el espectáculo fantástico pero miedoso que tuvieron que presenciar los Israelitas, y ese otro espectáculo aún más maravilloso y sin duda más sosegado, que nosotros contemplamos en el Monte Sión, y que nosotros contemplamos especialmente en Nuestro Señor Jesucristo.
¿Qué lugar tiene esta manifestación? ¿Por qué Dios se hace presente así? Se trata sin duda de una providencia suya. Él se manifiesta con todo ese poder sobre una montaña en la tierra, no porque que eso agote su poder o porque eso manifieste cuánto puede Él, sino porque ese es el lenguaje que podía entender este pueblo que apenas estaba constituyéndose.
Hay veces, en efecto, en el de la vida humana en que el único lenguaje que se entiende es el lenguaje rudo, el lenguaje duro del poder.
Dios no tiene necesidad de esas ostentaciones, que deshará apenas sea posible, y así, cuando ya esté presente definitivamente en Jesucristo más bien se negará a dar señales en el Cielo.
Le pedían a Jesús: "Bueno, pero danos una señal en el Cielo para que la veamos y te creamos" San Mateo 16,1 y Jesús dice: "No, ya la señal no es esa; ahora la señal es el ocultamiento del Hijo del hombre en el seno de la tierra, como Jonás en el seno de la ballena. Así también el Hijo del hombre se va a esconder bajo tierra y va a resucitar de entre los muertos" San Mateo 16,1.
Y finalmente nunca les hizo ese milagro o esas señales que le estaban pidiendo que era como devolverse a esta etapa del Antiguo Testamento.
De todas las señales que aparecen en esta manifestación, en esta teofanía, tal vez la que tiene más largo alcance, la que tiene más repercusión es la de la nube.
Realmente, eso de que Dios se haga presente en una nube, en una nube espesa es una de las singularidades del pueblo de Israel, y si uno lo piensa bien, es un pensamiento, es una idea sumamente original, porque la nube indica una presencia, pero dentro de la nube no se discierne forma alguna.
Se sabe que ahí está Dios, pero se sabe que no se parece a nada; la nube es, en el lenguaje simbólico y si se quiere físico, la traducción de eso que en Teología llamamos la inmanencia y la trascendencia de Dios.
La presencia de la nube hace descubrir a nuestro entendimiento que Dios está en medio de su creación, que Él reina en medio de su pueblo. Pero al mismo tiempo en la nube no se ve nada, se ve la nube, pero en la nube no se ve nada y así descubrimos que no se confunde con ninguna de sus criaturas.
Esta nube vuelve a aparecer varias veces, muchas veces. Hay también una especie de nube que envuelve como gloria Divina el Tempo de Jerusalén, allá cuando Isaías contempla al Altísimo; pero sobre todo, esta misma nube aparece en la Transfiguración, cuando la presencia de Dios envuelve por completo al Cristo orante en el Monte Tabor,
Y esta es la misma nube que aparece allá en la ascensión de Jesucristo, no para simplemente decir que Cristo subió tantos kilómetros; aquí lo importante no es la altura física, evidentemente, sino para mostrar cómo la naturaleza humana de Cristo es asumida en la nube de la gloria de Dios.
Esa nube también tiene su lugar dentro del camino de nuestra vida espiritual. Nosotros no le pedimos, no le reclamamos a Dios las señales de los fariseos.
Pretender esta especie de claridad con la que yo manipulo o con la que yo utilizo los seres de esta tierra, pedirle esa claridad a Dios, obligarlo a que me exprese así sus planes o sus intenciones sería pretender que no hubiera una nube, sino quizá una estatua o algo parecido, algo que me dice cómo es su presencia. Pero al mismo tiempo negar la presencia de Dios en mi vida pues sería también falta de fe.
Hay una obra que se llama "La nube del no saber", una obra de teología espiritual, de vida mística que se refiere a eso, y es la misma idea que aparece en otros autores, como por ejemplo, cuando San Juan de la Cruz dice que en ese final del camino que se tiene en esta tierra hacia Dios, lo que hay es una "noche densa".
Esa noche se parece a esta nube, y en esa noche densa, dice hermosamente este Doctor de la Iglesia, ya uno no se guía tanto por la vista, puesto que nada se puede ver, sino por la sed; es la sed la que alumbra.
Dice San Juan de la Cruz, en una metáfora audaz como pocas: "Es la sed la que va mostrando el camino".
Y de veras que en los caminos de la gracia, es la sed, es el ansia de Dios la que da pistas dentro de la nube de su gloria, para descubrir verdaderamente el rumor de sus sandalias y para seguir ese paso misterioso en nuestra propia vida hasta encontrarnos definitivamente con Él en la gloria.