I161003a

De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20110718

Título: No nos volvamos adictos a los milagros o prodigios que obra el Senor

Original en audio: [4 min. 24 seg.]


No soy psicólogo y por eso tampoco sé cuántas adicciones habrán clasificado ya los que dominan esa materia de la Psicología.

Sabemos que hay adicción al alcohol, o al sexo, o a la droga; suponemos que hay una especie de adicción en ciertos pecados, por ejemplo, la persona que es apegada al poder o apegada al dinero; hay personas que parecen depender de la fama, por eso andan por el mundo tantas actrices y cantantes que cada mes tienen que crear algún escándalo, hacer alguna blasfemia, o desnudarse, o producir disgusto, ¿para qué? Para mantenerse vigentes, y para ellas mantenerse vigentes es seguir saliendo en los noticieros y en Internet y en la televisión. Eso quizás también es una adicción.

Es que hoy a aparece, en el capítulo doce de San Mateo,lo que yo creo que quizás es un tipo de adicción, la adicción a los signos. Jesús había hecho en torno a ese lago de Galilea, lago de Genesaret, especialmente, en Cafarnaúm y alrededor de Cafarnaúm, había realizado la mayor parte de sus milagros, podemos suponer que fueron decenas o centenares de milagros; y sin embargo, ¿qué es lo que le dice la gente hoy a Jesús?: "Queremos ver un signo tuyo" Mateo 12,38, es decir, parece que no se saciaban, parece que no se cansaban de ver milagros y necesitaban ver más.

a veces pienso que algunos católicos sufren de este tipo de adicción, ¿no conocen ustedes personas que andan persiguiendo apariciones de la Virgen en todas partes? ¿No conocen ustedes personas que van de grupo de oración en grupo de oración buscando mensajes, buscando palabras, locuciones, como que no les bastara lo que aparece en la Sagrada Biblia y en la predicación de la Iglesia?

No quiero decir yo que tengamos que rechazar estos fenómenos, por algo Dios ha dado grandes muestras de su ternura en lugares como el santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, o en Lourdes, o en Fátima, o en Chiquinquirá. Por supuesto que los milagros también son parte de la economía de Dios, de la manera cómo Él distribuye su gracia y provee a nuestras necesidades.

Pero hay que tener cuidado porque uno se puede volver adicto, y entonces se queda buscando los milagros del Señor y ya no busca al Señor de los milagros; se queda uno buscando los signos de Dios, y ya no busca al Dios que da esos signos. Y lo más importante no son los signos que nos da Dios, sino Dios, que con signos, maravillas y milagros, o sin signos, maravillas y milagros, sigue estando con nosotros y sigue reclamando de nosotros loo que a Él le pertenece, que es nuestro amor indiviso y es nuestra obediencia alegre, pronta, generosa.

Así que pidámosle a Dios que nos libre de esa adicción. Si Él da sus milagros y sus maravillas y sus cosas espectaculares, bendito sea, se examinan, se discierne, para eso está la Iglesia, y ya se sabrá qué hay que hacer. Pero que no dependamos de ello. ¡Qué más milagro que habernos dado a su propio Hijo! ¡Qué más maravilla que lo que tenemos en los sacramentos!