I144001a
Fecha: 19970710
Título: La historia de Jose es como una anticipacion de la Pasion de Jesucristo
Original en audio: [9 min. 34 seg.]
La historia sapiencial de José es como una maravillosa figura, como una preciosa anticipación de la Pasión de Jesucristo.
¡Qué maravillosa es la Sagrada Escritura, qué preciosa, qué dulce! Y también cuán misericordiosa con nuestro entendimiento porque, si se piensa bien, todas estas anticipaciones de Cristo, que se encuentran en el Antiguo Testamento, se encuentran, pues, a la la luz de la fe iluminada ya por la Pascua.
Todas estas figuras o anticipaciones, como digo, son otras tantas ternuras y misericordias de Dios para con nuestra inteligencia.
Si se nos presentara sola y simplemente la tortura y la muerte de Cristo en la Cruz y se nos dijera: "Este es tu Salvador", nuestro entendimiento, deslumbrado por ese espectáculo al mismo tiempo horrendo y piadoso, no sabría qué descubrir y no podría llamar con San Pablo "sabiduría de Dios" 1 Corintios 1,22 al sacrificio del Dios-Hombre.
Pero el Antiguo Testamento nos va dando como el lenguaje para entender la suprema manifestación de Dios en la persona, en la obra y sobre todo en la Pasión, en la muerte y en la gloriosa resurrección de Cristo.
Así nos encontramos hoy con la figura de José. Echado de la presencia de sus hermanos por odio y por envidia, como Cristo, echado de la tierra de los vivos por envidia y por odio; vendido al país inicuo, al país idólatra, a Egipto, como Cristo sepultado en la tierra de los muertos, región de tinieblas.
Y luego nos encontramos a los hermanos de José, que tienen que ir a esta tierra a suplicar provisiones, que se han hecho escasas en su tierra de origen.
Y así también nos encontramos a la Humanidad, que después de arrojar a Cristo de la tierra de los vivos, cuando se asoma a los misterios de la muerte, necesita, implora, quizá a gritos, un poco de luz, un poco de comprensión para el misterio de una vida, que sin ninguna esperanza, se convierte sólo en absurdo y se deshace en la nada.
Y este diálogo, que hoy nos ha ofrecido la Sagrada Escritura, seleccionanando algunos versículos de los capítulos 44 y 45 del Génesis, este diálogo, que sucede ya no en la presencia de la corte, sino en la intimidad de José y de sus hermanos, cuán semejante nos resulta a las apariciones del Resucitado que suceden no en la espectacularidad del atrio del Templo o en otro lugar público ante los judíos.
No sucede en el pretorio junto a Pilato, como convenciéndolo a la fuerza de que eran inútiles sus cobardías y eran estériles sus demostraciones de poder; no se aparece Cristo resucitado en la casa de Anás o de Caifás, para humillarlos y confundirlos, sino se aparece sólo ante el rostro y el corazón arrepentido de sus Apóstoles, que vienen a ser como estos hermanos de José.
Y ante ellos les dice, con blandas palabras, más para suscitar su conversión y su esperanza, que para recriminarles nada, les dice José, para bien: "Yo soy José vuestro hermano; ahora no os preocupéis, ni os pese el haberme vendido aquí, para salvación me envió Dios delante de vosotros" Génesis 45,4-5.
Así también el resucitado, cuando se aparece a los Apóstoles, lo que les dice es: "(en griego"), "¡paz a vosotros!", "¡os traigo la paz!" San Juan 20,21-22. No llega a reclamar, no llega a recriminar. Porque en realidad no llega a pedir que se le alarguen los días en esta tierra, Aquel que ya goza del día de la eternidad.
De manera que esta historia, que conocemos desde nuestra infancia, esta historia de José, nos permite hacer toda una lectura de la Pascua de Cristo; nos permite descubrir cómo hasta las intenciones más perversas, hasta las más malignas, terribles, fratricidas, están sin embargo en las manos de Dios.
Nos muestra cómo Dios sabe escribir con todas las tintas, no sólo con el blanco de la inocencia o de la pureza, sino también con el negro de la traición, de la mentira y del odio.
Nuestro corazón pequeñito, nuestros ojos opacos, nuestra mente flaca no logran agarrar los designios de Dios, y por eso, porque no logramos levantarnos mucho sobre esta tierra, cuando suceden estos acontecimientos de traiciones, de mentiras, de impunidades, y renegamos y decimos: "Bueno, pero ¿para qué estoy? ¿A qué estamos jugando? ¿Qué sentido tiene esto? ¿Por qué tú permites esto, Señor?
Pero pasa el tiempo y el desenlace mismo de los acontecimientos, como sucedió en el caso de José, muestra que también en esos momentos de tribulación, de soledad, de angustia o de traición, también en esos momentos Dios estaba escribiendo, Dios estaba haciendo su cuadro con todas las tintas, Dios estaba pintando con todos los colores.
Él conoce no sólo los colores que a nosotros nos gustan, sino todos los colores; es dueño de todas las tintas; sabe cómo darle, a base del oscuro, y del sepia, y del gris, que tal vez no sean los colores que más quisiéramos para nuestros días, sabe cómo darle a esos colores su propio lugar, para que la imagen final tenga toda la belleza de Él, que es su Artista.
Es famosa en la historia de la pintura, la imagen del Cristo Crucificado de Velázquez, el cuerpo exangüe, pálido, casi marmolíneo de Cristo, corta y sale de en medio de una espesa noche, de un oscuro negro. Si ese cuadro lo viera uno pintar, si uno viera al gran pintor realizando esa imagen, uno le preguntaría: "¿Y por qué tanto negro?" "¿Por qué tanta oscuridad?"
El que ve una sola pincelada negra, dice: "¿Qué sentido tiene eso?" "¡Qué cuadro tan triste!" Cuando uno ve el conjunto y ve a Cristo que parece salirse en ofrenda de amor al Padre y en ofrenda de amor al hombre, salirse de esa imagen, para declarar nuestra salvación, uno dice: "¡Estuvieron tan bien esas pinceladas! "También esos colores oscuros tenían su lugar"
Recojamos entonces nuestro corazón al amparo de las Alas divinas; reconozcamos que Él y sólo Él es el Señor, y pidámosle esa luz que vence al mundo presente, esa luz que atraviesa la historia, que se llama la fe, para que también nosotros podamos bendecir a Dios, también cuando está la tribulación, porque también ahí Él está realizando su plan y nada ha salido de sus manos.