I133002a

De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 19990630

Título: Mudarnos a la Biblia

Original en audio: [18 min. 26 seg.]


En las mamás que aparecen en la primera lectura hay sentimientos de amor, o de cuidado, y de envidia, o de temor. Dios está mirando el dolor, o la incomodidad, las pretensiones, o los temores de esas mamás, pero sobre todo está mirando a esos dos niños: a Isaac y a Ismael.

Ciertamente en estos relatos se entrecruzan muchas historias; la Biblia suele explicar los orígenes de los pueblos a través de estas historias, que se confunden casi con la leyenda.

Por ejemplo, todas esas guerras entre israelitas y Edonitas, tienen su origen en que Edón, que significa rojo, es el mismo Esaú; Israel es el mismo Jacob. Jacob y Esaú, fueron hermanos, hijos de Isaac, y por aquella historia de la primogenitura y de la bendición, no se entendieron, y entonces hay odio entre Edón e Israel.

¿Qué tan cierto puede ser eso? Desde el punto de vista de la historia, como la entendemos hoy, eso es un problema difícil de aclarar. Más bien, dicen algunos estudiosos de la Biblia, lo que sucede es que toda lucha entre pueblos luego se concentra en un relato histórico, que luego se convierte en una lucha de diferencias entre personas.

Así por ejemplo, se sabe que entre el pueblo de la promesa y los llamados los ismaelitas, había tensiones, había dificultades; y se sabía que los Ismaelitas eran peregrinos del desierto, parece que algunos de estos relatos funden los recuerdos de antiguas tradiciones en historias que se asemejan a leyendas, por decirlo menos, y que concentran en una persona la característica de un pueblo.

Dicho de otra manera, parece que fueran más que personas, pueblos de los que se estuviera hablando aquí; porque los ismaelitas tienen parentesco con los israelitas, pero no son lo mismo, eran ismaelitas, por ejemplo, los que, de acuerdo con el relato, llevaron a José a Egipto para venderlo, los que compraron y vendieron a José Génesis 37,28.

Estas luchas o estos problemas de raza y de pueblo se concentran en personas; esas personas, en las que se concentra la característica de un pueblo, personas como existencia es un poco supuesta, un poco hipotética; esas personas son las que los estudiosos llaman “epónimos”; un epónimo es una persona en la que se condensa a través de un relato popular, se condensa la característica de un pueblo.

Parece que hay muchos epónimos, sobre todo en estos primeros capítulos de la Biblia, por ejemplo, había una gente salvaje que eran los kenitas, que todo el mundo sabía que los kenitas eran lo más atravesado, lo más cruel, lo más sanguinario, de ese tipo de salvajes, que siguen existiendo en nuestro tiempo, la gente que tortura, que degüella, que despedaza, que se gozan la sangre, esos eran los keinitas.

Los kentas o cainitas, tienen su epónimo precisamente en Caín, aquel que acabó con Abel. Desde luego, no hay un pueblo que salga de Abel, no hubo tiempo, para que hubiera un pueblo que surgiera de Abel. Estos epónimos y estos modos de describir las características de los pueblos a nosotros nos suena muy extraña.

Tiene como ventaja, por así decirlo, que en ese mundo tan primitivo, le da una luz de comprensión a las luchas, a las guerras; tiene de bueno también para nosotros que nos ayuda a entender el ambiente de violencia, el ambiente de guerra, el ambiente, podríamos decir, inhumano en el que se gestó el pueblo de Dios, en el que creció el pueblo de Dios.

Porque los epónimos, que reúnen características de pueblos, ¿de dónde han surgido? Han surgido para explicar diferencias y luchas entre pueblos; como muchos de estos personajes, son eso, epónimos, eso lo que está indicando es que hay muchas luchas, problemas con todos los vecinos, un vecindario de sangre.

Esa es la tierra prometida, esa es el lugar donde Dios quiso revelar su misericordia, en un vecindario de sangre; tan sangriento, tan guerrero, tan intolerante, que todavía en nuestros tiempos siguen las luchas. En estos días bombardeos del pueblo de Israel a sus vecinos del Líbano, porque hubo un atentado de los libaneses en Jerusalén.

Entonces los israelitas bombardean y acaban con población civil en el Líbano, como una manera de decir: ”Métanse con nosotros..”, y decía uno de los ministros de Israel: “Todavía tenemos muchos objetivos que atacar...métanse con nosotros”.

Este salvajismo, hay que verlo en todo su despliegue, salvajismo inveterado, una cultura de sangre, de muerte de destrucción, y acabar y arrasar con el otro. Si uno no tiene esto en mente, uno no entiende por qué, por ejemplo, que en ciertas circunstancias o en ciertos momentos, el pueblo de Dios tuviera que pasar por guerras.

Cuando pensamos en el Rey David, por ejemplo, y lo vemos acabando filisteos y matando gente, y a Sansón matando gente, y a Esaú matando gente, a veces nos escandalizamos al leer la Biblia.

¿Cómo es posible que esta gente, que era del pueblo de Dios, y llevaba la revelación de Dios, y Dios es amor, cómo es posible que esta gente matara a destajo, y acabara con tanta gente y derramara tanta sangre?

Hasta el punto, que recordemos esa tradición que está en los Libros de las Crónicas: David le dice a Salomón: “Yo no voy a edificar el Templo, yo no soy digno de hacerle una casa a Dios, yo he derramado mucha sangre, hazlo tú” 1 Crónicas 1,7-9.

Y Salomón viene a ser el hombre de la paz, por eso su nombre de hecho está relacionado con la palabra paz.

¿Por qué tanta sangre? ¿Por qué, cuando van a conquistar a Jericó, la consigna es acabar con todo, arrasar con la ciudad? Estas consignas del Antiguo Testamento nos resultan incomprensibles, a menos que tengamos una idea justa, del volúmen de violencia, de la capacidad de crueldad y de sangre que tiene todo ese Medio Oriente, ese desierto está empapado de sangre.

Si nosotros no descubrimos esta dimensión de violencia, y si no caemos en la cuenta que aquí no hay policía, ni juzgado penal, ni código, ni Naciones Unidas, ni Convención de Ginebra, ni nada; aquí lo que hay es: “Defiéndase como pueda”.

Por eso estas historias de los epónimos, y esta meditación sobre la tierra empapada de sangre, en que Dios reveló su Evangelio, nos ayuda a entender mejor la Escritura, eso por una parte; digamos que es un servicio que esta reflexión puede prestar a nuestra inteligencia de la Escritura.

Pero también, por otra parte, el descubrimiento de toda esa violencia, tal vez de las perores de todo el planeta, nos ayuda a tener una profunda confianza en dos cosas: en que Dios da una salvación real; en ese lugar, en ese callejón de salvajes, Dios reveló su Palabra.

Y es verdad que nos encontramos a un Sansón, o un Saúl; sí, es verdad que nos encontramos a guerreros, también es verdad que la revelación lleva un proceso, y que este proceso nos conduce desde este callejón de salvajes, hasta la Palabra luminosa, diamantina, de nuestro Señor Jesucristo.

Jesús, rodeado de esta misma violencia, tendrá una respuesta distinta; Jesús es el fruto de todo este pueblo, por algo Mateo San Mateo 1,1-17 da esa larga genealogía de Jesús; Jesús está al final de toda esta cadena de violentos, de atravesados, de asesinos, está al final de ellos, y de ellos viene la palabra de perdón y de amor.

Ya no será entonces un perdón de fantasía, un amor de nubes rosadas, es el amor que conoce la violencia y que sin embargo tiene tal volumen de fuerza que puede transformar el corazón y puede resistir ante el mal; esta es una primera razón para lo que resulta muy bueno para nuestro corazón meditar en estas cosas.

Dicho con palabras más cortas, Dios conoce hasta dónde llega la maldad humana, y en esa maldad es capaz de sembrar y de cultivar una flor de santidad, muchas flores de santidad, un jardín de santidad.

Dios sabe sacar adelante su obra, y de aquí la segunda enseñanza para nuestro corazón: a veces nuestras vidas por unas razones o por otras, parece en ese desierto en que tiene que andar Ismael; parece una vida difícil; las injusticias que padecemos, los malos manejos, las deficiencias de nuestros sistemas legales.

Cómo se reiría de nosotros Abraham, si nosotros le dijéramos: “Me cuesta trabajo creer que Dios esté cuidando de mí”, ¿Por qué? Pregunta Abraham, "porque el sistema legal colombiano, el sistema laboral colombiano, o el sistema judicial colombiano, no camina, falla".

¡La risa que le daría a Abraham, sólo sería comparable con la risa que le dio cuando le dijeron que iba a ser papá a los cien años¡ "Pero usted tiene algo", nos diría; "yo no sabía qué iba a encontrar detrás de esa montaña en el desierto, yo no sabía que estaba una banda que nos iba a degollar a todos".

"Usted tiene algo, alguna cosa tiene, deje de ser cobarde, avance, que el mismo que me hizo caminar por el desierto y que sacó de mí mi pueblo, al cual pertenece usted, ese mismo está en usted; el mismo que puede sacar de un callejón de asesinos, de una cueva de matones, de una plaza de sangre, puede sacar el Evangelio; ese mismo lo puede conducir a usted".

Estas meditaciones sobre el Antiguo Testamento y su violencia, nos ayudan a mirar de otro estilo, a mirar de otra manera el mal; nosotros somos una generación que viene de la Edad Moderna o Postmoderna y tenemos en la mente que las cosas son así, la sociedad ha de ser justa, tersa, limpia, todo debe funcionar, y sí algo no funciona, nos ponemos graves.

El mundo del Antiguo Testamento es lo contrario: el mundo es un hervidero de iniquidades, de serpientes, dragones y alacranes; el mundo hierve sangre y muerte, y en este mundo, he aquí el amor de Dios; son dos cosas totalmente distintas.

El que piensa que el mundo debería ser perdonado, perfecto, y que todo debería funcionar, se disgustará, se impacientará por cualquier cosa que no le resulte, por todo lo que no salga, por cualquier pecado que encuentre, y tendrá listo este dedo y este para señalar a izquierda y a derecha las incoherencias y los problemas de los demás.

El que se haya metido en la Biblia, el que se haya mudado a la Biblia, jamás de extrañará de la perversión del corazón humano, ¡jamás¡ Lo que le extrañará, lo que le admirará, será la bondad de Dios.

Nos hace falta mucha Biblia, pero mucha, no sólo leerla, no sólo mentarla, es mudarnos a la Biblia, irnos a vivir a la Biblia, y entender qué es todo ese mundo, y que a través de toda esa violencia y de todos esos espantos de seres humanos, ahí se está revelando algo fundamental sobre lo que es esta tierra.

Cuando uno comprende eso, uno vive maravillado de Dios, una vive admirado de Dios, fascinado por Dios, fascinado de que Dios, en esta tierra en este hervidero de perversión, haya sido capaz de llamarnos a la vida, a la fe, a la vocación, a la ternura, a la alabanza, a la gratitud.

No es poco servicio el que nos presta ese Antiguo Testamento en todos sus epónimos, con todas sus luchas, con todas sus guerras y con toda su sangre; también esa sangre, también esa violencia, puesta en las manos y en la boca de Dios, nos revela el poder de su amor.

Conclusión para nosotros: de hoy en adelante, tendremos ojos para maravillarnos del bien, para festejar el bien.

Piensa lo que sentía uno de estos hombres, metido en ese mundo de salvajes; piensa lo que se siente de oír la voz de Dios que te llama, que te ama; piensa lo que pensaba, descubre lo que pensaba uno de estos hombres, descubre lo que es eso y vive la alegría de que Dios te haya llamado, y deja de extrañarte de que el mundo es como es.

Falta Biblia, falta mudarnos a la Biblia, falta gozarnos en la Palabra de Dios, y desde ella descubrir la profundidad del corazón humano y la infinitud del corazón del Señor.