I126005a

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El texto que escuchamos en la primera lectura de hoy está tomado del capítulo 18 del libro del Génesis, es un pasaje absolutamente central dentro de esta secuencia que llevamos con Abraham; porque este es el pasaje donde Dios le promete a Abraham, ya con un término preciso una descendencia. Es una noticia completamente maravillosa, pero a la vez completamente por fuera de las posibilidades humanas, y es lo que despierta en Sara un acceso de risa; es la risa de incredulidad, pero también es larisa de la sorpresa, es la risa de un amor que nos desborda. Dice san Pablo en el capítulo 6 de la Carta a los Efesios: “Dios tiene para nosotros más de lo que podemos pensar o imaginar”. Así que esa es la sorpresa del amor de Dios a esta pareja: “viene un hijo para ustedes, la anhelada descendencia”, con todo lo que significa un hijo en aquella época. Lamentablemente en nuestro tiempo hay personas que miran un hijo como un problema, como una especie de fuente de gastos. Para la Biblia es ante todo la riqueza, es la promesa de un futuro, la certeza de una continuidad, de que algo nuevo va a llegar a nuestras vidas.

Podemos aprender de este pasaje tres breves aplicaciones, primera: la necesidad de acoger el Plan de Dios, acoger a Dios particularmente en la persona de los necesitados y los pobres. Recordemos que las personas ó estos seres, porque finalmente no sabemos si son seres humanos o si se trata propiamente de ángeles, estos visitantes tienen todo el aspecto de nómadas, indigentes, necesitados de hospedaje y acogida. El que acoge al prójimo en necesidad indudablemente acoge a Dios, nos lo dice con claridad el Evangelio de San Mateo: “Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo” (25,40); de manera que si queremos tomar en serio la bendición de Dios en nuestras vidas, el camino muchas veces está marcado por una mirada que se dirige hacia el prójimo en su necesidad.

En la segunda aplicación observamos que está la risa de Sara, es una risa que implica una cierta incredulidad, pero también hay alegría, miremoslo desde un ángulo positivo, es la sorpresa; lo podemos aplicar a nosotros, dejarnos sorprender por Dios, dejarnos sorprender por su alegría. Dios no es aburrido nos ha dicho muchas veces el Papa Francisco, hay alegría en nuestra vida cristiana, la cual no es simplemente un catálogo de deberes que tienes que cumplir, está llena de la sorpresa del amor, de la gracia, de la redención.

En la tercera aplicación démonos cuenta de cómo esa promesa tiene un plazo, no es mi tiempo, es en el tiempo de DIos. Decía Dios por boca del profeta Isaías: “Porque los pensamientos de ustedes no son los míos, ni los caminos de ustedes son mis caminos” (55,8); y muchas veces debemos volver a aprender esa lección, que hay que esperar el tiempo de Dios. A veces queremos la conversión de una persona, pero la queremos ya; a veces que Dios nos arregle un problema pero ya; Dios no es sordo ni está distraído, no está enfermo, ni está de viaje; Dios sabe lo que necesitamos, pero sabe también que hay un tiempo para que esa bendición suya sea plenamente en nosotros; hay que saber esperar el tiempo de Dios.