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La primera lectura de hoy está tomada del capítulo 17 libro del Génesis, el primer libro de la Biblia. Estamos siguiendo a lo largo de estos días la historia de Abraham, al que llamamos nuestro padre en la fe. El pasaje que corresponde al día de hoy se refiere a la institución de uno de los rituales más importantes para la descendencia de Abraham hasta el día de hoy, es el ritual de la circuncisión. Qué podemos aprender de esta operación quirúrgica sencilla, pero en cierto sentido extraña. Mucho de lo que encontramos del mundo cultural de la Biblia es bastante distinto de lo que nosotros solemos vivir y distinto no significa que sea siempre mejor, pero por supuesto tampoco significa que sea peor. Hoy tenemos una oportunidad para ver un poco el significado de ese ritual de la circuncisión.
Evidentemente para los varones lo que tiene que ver con su propia sexualidad, tiene que ver con su propio yo, con su ego; pocas cosas afectan tanto a un varón como aquello que tenga que ver con su sexo, de modo que la impotencia por ejemplo, es vista como una verdadera tragedia porque es algo así como: “soy menos hombre, no soy un verdadero hombre”. Y resulta que Dios le dice a Abraham: “mira yo quiero que ese lugar de tu cuerpo y de tu ser, eso que tu consideras más tuyo, más propio de tu ser quiero que lleve para siempre la marca de mi presencia”. Esta es una gran enseñanza, ya no solo para los hombres, sino para todos, mujeres y hombres; que hermoso pensar que el sentido espiritual de la circuncisión está ahí, aquello que considero más mío debe llevar la marca de Dios. Probablemente para nosotros no se limita y no va en primer lugar esa consideración hacia nuestra sexualidad, pero probablemente si va hacia otras cosas, quizás necesitamos circuncidar, es decir entregar a Dios y presentarle a Él para que lleve su sello nuestro dinero, o lo que nosotros imaginamos, suponemos, deseamos, nuestros sueños y decisiones; cada persona en realidad puede hacerse esa pregunta: “qué es lo que considero más mío y más propio” y que hermoso tomar esto y decirle al Señor: “lo que es más mío quiero que sea más tuyo”.
Observemos que cuando Dios le dá esta promesa a Abraham de algún modo está sellando toda una descendencia; la unión entre Abram y Sarai su esposa era una unión estéril, pero después de esta especie de bendición que recibe la sexualidad de ellos, es una unión fecunda y la fecundidad va a ser el hijo Isaac. Esto también tiene un sentido para nosotros, aquello que le entregamos a DIos, aquello que le presentamos al Señor, Él lo toma, lo multiplica, lo hace fecundo. Parece que cuando nosotros retenemos las cosas para nosotros mismos, las esterilizamos, parece que nos volvemos estériles, nos volvemos infecundos cuando nos encerramos en nosotros mismos y parece en cambio que la fuente de toda fecundidad está allí donde está la fuente de toda vida, en Dios el Señor.