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La primera lectura de hoy está tomada del capítulo número 16 del libro del Génesis.
Creo que este texto es una maravillosa oportunidad para que nosotros descubramos la tremenda distancia cultural que nos separa de toda esta gente. Hay tantas cosas tan extrañas en esta lectura, que uno casi podría sentir que eso es otro mundo, que eso no tiene nada que ver con nosotros; de vez en cuando tener esa sensación es útil al acercarnos a la Biblia, porque precisamente muchas personas que desprecian el mensaje de la Biblia, olvidan tener en cuenta que hay una tremenda distancia cultural entre lo que para nosotros es normal y lo que ellos a su vez vivían como normal.
Pensemos en el caso de la guerra; para nosotros la guerra incluso tiene unas ciertas reglas, está lo que se llama el Derecho Internacional Humanitario, hay convenciones internacionales que hablan sobre cómo deben ser tratados los presos de guerra. Ese tipo de legislación es completamente ajena al mundo en la Biblia; desde nuestra perspectiva el mundo bíblico es espantosamente brutal por muchas razones: es brutal en cuanto al medio ambiente porque el lugar donde se desenvuelven todos estos acontecimientos que estamos oyendo del libro del Génesis, es un lugar desértico, y desierto quiere decir escasez, quiere decir ataques de fieras hambrientas, quiere decir guerra contra tribus que compiten con unos recursos limitados, y quiere decir finalmente que lo que no logres por tus propias fuerzas, pues no lo vas a lograr.
Por ejemplo, cuando se piensa en lo que significa tener hijos, para muchas personas en nuestro tiempo un hijo es una gran cantidad de gastos; muchos lo primero que piensan cuando se habla de tener hijos es en la cantidad de dinero que va implicar eso, en términos de egresos, en términos de gastos. Pues resulta, que en la mentalidad bíblica en general, en todo el antiguo testamento con seguridad, el hijo es un principio de fortaleza, es un principio de seguridad, y digámoslo abiertamente, es un principio de riqueza, es decir, el que no tiene hijos, pues tampoco tiene fuerza laboral, el que no tiene hijos tampoco tiene quien defienda lo que haya podido reunir, el que no tiene hijos, se ve obligado a entregar al final de su vida lo poco o mucho que haya podido hacer.
Entonces la manera de ver la guerra y la paz, la manera de ver la seguridad o la inseguridad, la manera de ver la fecundidad o la esterilidad, es completamente distinta. Esto aterra e impacta muy negativamente, el encontrarse algunas personas que quieran disfrutar la vida, quieren pasarla muy bien con una pareja pero aplazar los hijos al máximo, si acaso tener un hijo, si acaso dos y ya parece demasiado, y el bien propio de esos hijos, parece que está completamente oculto a esas parejas y a esas personas.
Estamos llegando a situaciones absurdas: en un país como Japón ya se habla de la extinción de la raza japonesa; en el Japón ya se producen más pañales para adultos, para viejos, digamos con cariño, con respeto, se producen más pañales para ancianos que pañales para niños. Está clarísimo que si no sucede algo completamente extraordinario, lo que nosotros conocemos como raza japonesa habrá desaparecido antes de un siglo; por supuesto seguirán reproduciéndose algunas personas, pero el colapso del sistema japonés está perfectamente anunciado. En este momento el país del mundo que incluso tiene una tasa de natalidad menor que el Japón es Alemania, eso significa, que Alemania depende más y más de la fuerza laboral de los inmigrantes, pero por supuesto esos inmigrantes tienen sus propias convicciones y tienen su propia religión en muchos casos. La segunda ciudad del mundo con mayor número de musulmanes es Berlín, Alemania; eso quiere decir que mientras toda esta gente occidental está con ese resquemor y ese pavor de la natalidad, hay otros que están reproduciéndose con bastante agilidad, y hay otros que van llegando muy respetuosos de las reglas y leyes que encuentran, para luego cambiarlas cuando ellos sean mayoría; lo decía abiertamente un musulmán aludiendo al caso español: "pues nosotros entramos con las reglas de ustedes y después les pondremos nuestras reglas".
Entonces esto sirve para percibir por una parte la distancia que nos separa culturalmente del mundo de la Biblia, pero por otra parte para cuestionarnos; no pensemos que nosotros por ser nosotros, estamos siempre en lo correcto y no pensamos que nosotros por ser supuestamente modernos somos siempre mejores.