I124001a
Fecha: 19970626
Título: Tiene una casa el que pone en practica la Palabra de Cristo
Original en audio: [6 min. 04 seg.]
"Poned en práctica la palabra y nos os limitéis a escucharla engañándoos a vosotros mismos" Carta de Santiago 1,22, dice el Apóstol Santiago.
Y hoy en el evangelio el Señor Jesucristo dice que: "La casa que está edificada sobre roca, es aquella que se puede comparar con el hombre que pone en práctica la Palabra de Dios" San Mateo 7,24.
¿Y cuál es la diferencia ente estos dos hombres? Lo que se nos está diciendo no es exactamente que el cimiento de la Palabra de Dios sean las obras, sino lo que se nos está diciendo es que uno de estos hombres creía tener casa y no la tenía; mientras que el otro creía tener casa y sí la tenía.
Mientras no llega la tribulación, en este caso representada por la lluvia, por los ríos, por los vientos, mientras no llegan las dificultades, las dos casas se parecen, y ambos creen que tienen casa, pero sólo tiene en realidad casa aquel que soporta la tribulación, aquel que soporta la persecución, aquel que sale airoso de la tentación; y ese es el que ha llevado la Palabra hasta su propia vida.
El otro creía que tenía casa, pero se engañaba, así como se engañaban aquellos que creían que con decir: "¡Señor! !Señor!" San Mateo 7,21, iban a entrar al Reino de los Cielos, se engañaban. Porque así como esa casa parecía casa y no lo era, así también estos discípulos, parecían discípulos, y no lo eran.
Y Jesús, en quien no cabe mentira, sabe la verdad de las cosas y sabe que eso que parece casa, y por consiguiente, no debe ser llamado como casa ni conocido como casa; y ese que parecía discípulo, no es discípulo, y por consiguiente, no debe ser llamado discípulo ni debe ser conocido como discípulo.
De ahí la respuesta que Él les da: Nunca os he conocido" San Mateo 7,23, como si les dijera: "Como discípulos nunca os he conocido, ese no es el nombre que tenéis ante mí, ese es el nombre que probablemente tenéis en vuestras imaginaciones o que habéis alcanzado ante las personas, pero ante mí no tenéis ese nombre; así como esas paredes puestas sobre arena no se pueden llamar casa, se llaman paredes puestas sobre arena".
"No os conozco, nunca os he conocido, alejaos de mí, malvados" San Mateo 7,23.
La enseñanza entonces es que sólo aquel que lleva a la práctica la Palabra de Dios, puede creer que sí tiene casa, es decir, sabré que soy discípulo si puedo vivir en las enseñanzas de Cristo.
El hecho de comparar esta verdad del discipulado con una casa, no es una casualidad. En la casa se vive como se vive en las palabras de Cristo; así hay que habitar en la enseñanza de Cristo; hay que vivir dentro de Cristo, dentro de sus enseñanzas.
Y una vez que se ha construido así la casa, una vez que se vive así dentro de Cristo, y que esa vida llega no sólo a nuestros pensamientos o a nuestras palabras, como el que dice: "¡Señor! ¡Señor!" San Mateo 7,21, sino que se traduce en nuestras obras, una vez que nuestras obras viven dentro de Cristo, esa casa soporta la lluvia, soporta el río desbordado, soporta el ímpetu de los vientos.
Y hay que decir que son estas cosas suficientemente poderosas para acabar con casas no sólo de la época de Cristo, sino de la época actual.
¿En dónde se consigue una casa que soporte el ímpetu de un río? Eso no se consigue, ¿y una casa que soporte un huracán? Pocas habrá; pero no importa qué tan fuerte pueda parecer eso; todo eso, viniendo de afuera, nada puede contra el que está fuerte en su interior y habita en la enseñanza de Cristo.
Esta es la conclusión del Sermón del Monte que durante varias semanas hemos venido escuchando en la Santa Misa. Que también nosotros, impresionados, pero más que eso, enamorados de las palabras de Jesucristo, hagamos de ellas nuestra casa en la que estén nuestros pensamientos, nuestras palabras y sobre todo nuestras obras, para gloria de Dios.