I121001a
Fecha: 19990621
Título: Solo con la Palabra de Cristo puedo ver mis limitaciones
Original en audio: [6 min. 07 seg.]
Con el brillo de sus imágenes, Jesucristo transmite enseñanzas inmortales, ¿qué tal esto de una viga en un ojo? Pero ahí está escrito el orgullo y la pretensión humana de corregir a los demás sin corregirse a sí mismo.
La terrible desproporción que hay entre la basurita del prójimo y la viga del propio ojo, está indicando algo bien profundo. Una viga no es una basurita, hay un tamaño, hay una desproporción tan grande, que parce que se tratara de dos problemas distintos.
Y parece que la enseñanza de Cristo va en orden a que descubramos que se trata de dos problemas distintos. Es distinto el problema que yo intento resolver en mi hermano, y el problema de mi ojo, de mi manera de ver, son dos problemas distintos.
Además, esta viga, ¿cómo puede existir esa viga en ese ojo, es decir, cómo puede uno descubrir que tiene esa viga en ese ojo si no es porque hay una Palabra, la Palabra de Cristo, que me ayuda a descubrirme? A ver, lo que estoy diciendo es que un ojo no puede verse a sí mismo; el ojo lo ve todo, pero no puede verse a sí mismo.
Y los problemas de uno son los más difíciles de descubrir, porque uno mira desde sus problemas, por eso uno no puede mirar a sus problemas; uno mira desde sus limitaciones, y por eso cuesta tanto trabajo reconocer las propias limitaciones.
Así como el ojo no puede mirarse a sí mismo, así también resulta difícil descubrir nuestras limitaciones cuando miramos desde nuestras limitaciones; yo creo que esta es la diferencia entre la viga y la basurita: la basurita la puedo ver con mis limitaciones o sin mis limitaciones, en cambio, mis limitaciones sólo las puedo ver cuando llega una Palabra, que es la Palabra de Cristo, esa Palabra de Cristo que me dice: "No te fijas en la viga que hay en tu propio ojo" San Mateo 7,3.
Esta enseñanza, pues, es muy común en la historia de la espiritualidad. Todo verdadero camino empieza por el conocimiento de sí mismo, y llegar al conocimiento de sí mismo parece que es tan difícil como ver el propio ojo; si no hay un espejo, si no hay una Palabra que me diga que tengo una viga, no me doy cuenta de la viga que tengo en el ojo, porque todo el tiempo estoy mirando desde mi viga, desde mis limitaciones, desde mis condicionamientos.
Llegar al conocimiento de uno mismo es acoger esta Palabra, la Palabra de Jesucristo, que denunciándome me sana, y curándome me corrige; acoger la Palabra de Jesucristo, estar dispuesto a tener una perspectiva diferente sobre uno mismo.
Una de las gracias, tal vez de las mayores gracias que Dios puede concedernos, es mirarnos, es conocernos; lo que no logra el ojo físico, verse a sí mismo, eso sí lo puede conceder Dios en nosotros con la gracia de su Espíritu y con la Palabra de Cristo.
¿Cuáles son las limitaciones de cada uno? ¿qué es de lo que no me he dado cuenta? Eso no lo puede responder uno sin la ayuda de alguien afuera; si a uno le dijeran: "Haga una lista de las cosas que nunca se ha dado cuenta", pues uno no puede hacer esa lista, se necesita ayuda.
Que vivamos nosotros esta celebración y vivamos la escucha de la Palabra así. "Dame esa palabra, Señor, que nadie me puede dar, dame esa luz que sólo tú conoces, o como suplicaba aquel otro pobre hombre en el Evangelio: "Señor, haz que vea" San Lucas 18,41.
Los que saben predicar retiros espirituales, siempre invitan a los ejercitantes a que, especialmente en los primeros días de retiro, se haga esa súplica muchas veces: "Señor, haz que vea" San Lucas 18,41, no que vea desde mis condicionamientos, sino que los vea por fin a ellos. Esto sólo podrá venir con una gracia tuya, pero sin esa gracia no puedo dar un solo paso.