I102003a

De Wiki de FrayNelson
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El Evangelio de hoy continua con la predicación de Nuestro Señor Jesucristo del sermón de la montaña. Dos frases de inmediato captan nuestra atención, ustedes son sal de la tierra y luz del mundo nos dice Cristo. Quisiera reflexionar sobre la primera de estas expresiones: sal de la tierra, como elemento químico, la sal consiste en la unión de dos elementos: cloro y sodio, el nombre químico de la sal es cloruro de sodio, la unión química entre estos dos elementos es supremamente fuerte y por eso desde la ciencia, desde la química, yo no sé responder si la sal, esa unión entre cloro y sodio puede perder su eficacia, así que no vamos a hablar de química, vamos hablar de cómo nosotros los cristianos perdemos nuestro sabor, porque a Cristo le interesaba sobre todo eso qué era lo que podía suceder con sus discípulos y en qué circunstancias, nosotros discípulos suyos perdemos nuestro sabor y podemos perder nuestra capacidad de darle sal a la tierra.

Por ejemplo sabemos que en los tiempos de persecución, cuando la violencia se cierne sobre los cristianos, muchas veces se presenta traición, la cual es explicable pero no justificable, a lo que se llama “apostasía”, lo cual es renunciar a la fe, es negar que yo soy creyente, es negar a mi Señor, darle la espalda a Cristo; normalmente por evitarme problemas y los problemas pueden ser gravísimos. Algunos historiadores dicen que durante las más severas persecuciones en el tiempo del imperio romano, cerca de dos terceras partes, más de la mitad de los cristianos renunciaron a su fe, algunos de estos cristianos eran llevados al coliseo romano y torturados de manera horrorosa, algunos arrojados a las fieras para ser comidos vivos; frenados por el terror muchos apostataron, hubo grandes santos, héroes pero lamentablemente hubo muchos que renunciaron a la fe, eso es perder su sabor; el cristiano que traiciona a Cristo se convierte en objeto de burla, es sal que no sala.

Lamentablemente son muchas las formas de apostasía, la que pedían los romanos cuando estaban persiguiendo a los cristianos era una apostasía visible, pública, dramática, por ejemplo la persona tenía que firmar un documento diciendo: “renuncio a mi fe”; pero hay otra apostasía que es la silenciosa, si estas por ejemplo en un círculo de amigos y de repente sale el tema de la Iglesia, los curas, los sacerdotes, el Papa y el chiste vulgar, el insulto, la blasfemia, se hacen presentes en ese círculo y tu te quedas callado, eso también es apostatar. Cuando no defiendes tu fe, cuando no eres capaz de decir: “oiga usted se calla, usted no va hablar así de la Eucaristía delante de mi”, cuando no eres capaz de decir estas palabras estas apostatando, estas renunciando a su fe. Cuando en un grupo de niñas están conversando y alguna que parece especialmente despierta habla como la Iglesia se ha quedado tan atrasada porque no aprueba el aborto, porque no aprueba el matrimonio gay y niña que es católica está ahí y se queda callada y no defiende la verdad de la Iglesia, y no defiende esa vida que está en peligro esta apostatando.

Entonces la época en que vivimos no se parece, por lo menos nuestros países, no se parece tanto a la situación del imperio romano, pero eso no significa que no estemos perdiendo nuestro sabor; cada vez que escondemos nuestra fe, cada vez que le hacemos coro, cada vez que le ofrecemos la risa al chiste blasfemo y vulgar contra Cristo o la Iglesia somos sal que ha perdido su sabor y por eso tenemos que regresar a Cristo con todo el corazón, pedirle que nos perdone y que en Él volvamos a encontrar el sentido de nuestra fe cristiana.