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Dice la doctora de la Iglesia, Santa Catalina de Siena que la oración de todo cristiano siempre ha de empezar por ser oración vocal y lo que ella entiende por oración vocal, es cuando empieza a apropiarse de las palabras de otros, ejemplo, al leer un salmo uno está utilizando para la oración personal algo que yo no escribí pero me sirve y a medida que voy haciendo mías las palabras de los salmos voy aprendiendo a orar, mi corazón se va sintonizando cada vez mejor con lo que significa la oración; lo mismo sucede en el Santo Rosario, cuando tomó la oración de Cristo y la hago mía de una manera pausada, creyente y amorosa; Cristo comienza también a orar dentro de mí. Cuando tomo las palabras del santo arcángel Gabriel, las que él dijo a María Santísima y evoco en mi mente y en mi corazón el amor de Dios que se manifiesta en María y a través de María evidentemente estoy haciendo surcos nuevos de gracia en la tierra, en el barro de mi corazón para poder orar. Esta es la enseñanza que nos da Santa Catalina de Siena sobre la oración y se asocia con el Evangelio de hoy tomado del capítulo décimo de San Marcos encontramos una de esas frases que cada uno de nosotros debería apropiarse una frase que es digna de ser repetida, que nos puede llevar a un camino de oración, una frase que puede hacernos distintos al orar, esa frase es : “Señor que yo pueda ver, haz que vea”; en el caso del Evangelio se trata de una persona que estaba privada del regalo de la vista, una persona ciega y puede parecer extraño que nosotros, supongo que la mayoría contamos con ese don de poder ver, le pidamos a Dios que nos permita ver, pero es que precisamente de lo que se trata es de responder a esta pregunta: “de qué me estoy perdiendo?, qué es lo que está escapando a mi radar?” . Si una persona, por ejemplo, tiene su casa y tiene una tienda y en este negocio no solo logra el sustento de su casa, sino que tiene ganancias suficientes para darse una buena vida, esta persona va todos los días de su casa a su tienda y sus pensamientos están en los negocios que quiere completar, en el dinero que le va a llegar; ese es su pensamiento, eso es lo único que ve su mente, es lo único que ven sus ojos; pero esta persona en su trayecto de la casa a la tienda todos los días pasa frente a una capilla en la que está expuesto el Santísimo Sacramento 24 horas al día y este hombre nunca ha visto esa capilla porque su mente está únicamente enfocada en el tema de dinero. “De qué me estoy perdiendo?”; es verdad que algo de dinero necesitamos para vivir, pero necesitas que tu mente este todo el tiempo aprisionado por el afán de riquezas?. Lo mismo podemos decir de otras cosas que se adueñan de nuestro corazón, la búsqueda de un trabajo, de un afecto, de un poder, de un prestigio, de un aplauso, de una victoria, de un éxito; qué se adueña de nuestro corazón hasta el punto de enseguesernos?, por eso hay que aplicar la enseñanza de Santa Catalina y por eso hay que orar con humildad: “Señor haz que vea”.