I082007a
La primera lectura de hoy es continuación del texto que oímos ayer, eso es precisamente lo que indicamos cuando decimos que hay un orden que lleva la Iglesia, tiempo Ordinario, tiempo que está marcado por un orden, vamos leyendo poco a poco, podemos decir porción por porción, vamos leyendo ese tesoro, vamos recibiendo ese banquete de la Palabra Divina. El pasaje de ayer nos presentaba el caso del joven rico que le dijo que “no” al Señor, rechazó la voz de Cristo, el precio que tuvo que pagar inmediatamente fue una profunda tristeza, se retiró apesadumbrado, quizás era una persona que podía hacer y sabía hacer muy buenos negocios, pero el negocio de su propia vida no lo supo manejar y se fue con la tristeza de un perdedor.
En continuación en ese pasaje, lo que encontramos hoy es una pregunta, de esas preguntas espontáneas, casi diríamos impertinentes de Pedro, “ya ves” dice Pedro, “nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido, qué nos va a tocar?”; es una pregunta poco piadosa, es una pregunta poco generosa, pero como tantas otras intervenciones de de este apóstol, tan querido por todos nosotros es la clase de preguntas que uno se hace. Muchas veces y esto no vale solamente para los religiosos o los sacerdotes, muchas veces sentimos que la fe realmente nos plantea exigencias duras y entonces lo mismo que Pedro, también nosotros preguntamos: “bueno y de aquí qué va a salir?”. Si una persona, por ejemplo por ser fiel a Dios, por ser honrado, se queda sin trabajo; si una muchacha por ser consecuente con sus principios pierde el encanto y el atractivo de un muchacho que hubiera podido ser un novio maravilloso y así tantas otras historias, pues esas pérdidas duelen; en el fondo lo que nos gusta de las palabras de San Pedro es que son palabras llenas de realismo, eso es lo que uno siente, eso es lo que uno vive; uno siente que cuesta, que estar con Cristo no es fácil y yo pienso que esa no es pequeña lección,
Quienes tienen a su cargo catequesis de niños, por ejemplo en la Primera Comunión o catequesis de jóvenes como suele suceder con la Confirmación, por favor no olviden decir a esos niños y a esos jóvenes que tendrán que luchar y que más de una vez van a sentir que son perdedores ante los ojos del mundo, porque aquella muchacha que pierde el prospecto de novio que tenía, se va a sentir mal y seguramente los consejos que le van a dar sus amigas: “eres una tonta , todos lo hacen, tú eres la única que te quedas con esas ideas retrogradas”; entonces es buena la pregunta pero también es buena la respuesta y la respuesta de Cristo es que en el fondo si hay una abundancia y que esa abundancia de paz, de alegría, de amor y de compañía realmente la experimentan los que quieren ser fieles al Señor hasta el fondo de su corazón, eso se cumple, es real, es verdad. Pero de nuevo frente al realismo de Pedro, está también el realismo de Cristo y el realismo de Cristo es: “te van a llegar muchas cosas muy buenas y eso es real, pero te van a llegar también persecuciones, es decir el bien definitivo de todas maneras no lo vas a encontrar aquí. Si me traicionas vas a tener la tristeza del joven rico, si te quedas conmigo tendrás ciertamente señales muy claras de realización personal, de éxito, de compañia, de amor; pero tendrás también la dureza de la persecución” y cuando llega la dureza de la persecución hay que recordar que el bien definitivo está un paso más adelante, la vida cristiana no se limita a tener un éxito en esta tierra, va más allá.
Pidamos al Señor que con fidelidad, con perseverancia, alimentados de su Cuerpo y de su Sangre podamos rendir apropiadamente la jornada y luego sí sentarnos con pleno gozo en la mesa de familia en el Reino de los Cielos.