I081001a
Fecha: 19970526
Título: El alma, por su propio peso, va hacia Dios
Original en audio: [8 min. 10 seg.]
Bueno, las dos lecturas que nos regala la Iglesia en esta tarde, nos presentan el itinerario desde el pecado hasta la santidad.
"Retorna al Altísimo" Eclesiástico 17,23, dice el libro Eclesiástico, vuelve al Señor, abandona el pecado. Uno no cae en la cuenta de esto. Imaginémonos una persona que quiere ir a Barranquilla, por ejemplo, por cualquier razón quiere ir a Barranquilla, pero no quiere dejar Bogotá.
Entonces llega hasta la Caro y dice: "No, eso me va a tocar dejar Bogotá", entonces llega hasta la puerta del aeropuerto y dice: "No, es que me va a tocar dejar Bogotá".
Ser realista en la vida espiritual es caer en la cuenta de que para ganar algo hay que perder algo, y uno no progresa porque le falten ganas de avanzar, sino porque le faltan ganas de dejar lo que tiene que dejar. Eso es lo que amarra.
Lo que amarra no es tanto que a uno le falte una apreciación o un gusto por lo bueno, ¿a quién no le va a gustar lo bueno? Lo bueno gusta, el problema es que lo malo también gusta, ese es el problema. El problema es que las cosas malas tienen su propio gusto, y que el gusto bueno de lo malo, hace que uno no deje lo malo.
Entonces uno no se pone en camino. La palabra que pone en camino no es la palabra “sí”, sino la palabra “no”; cuando uno dice no, entonces ahí empieza a avanzar.
El corazón humano funciona aquí como funcionan las cosas según la ley de la gravedad, y, ¿cómo funciona la ley de la gravedad? Aquí tenemos un Misal pesado; este Misal por su propio peso, tiende hacia el suelo. Si no hubiera un obstáculo, en este caso, humano, que impide que el Misal caiga, si no lo recibo, él, por su propio peso, se iría al suelo.
El alma, por su propio peso, se va hacia Dios. Dios tiene suficiente atractivo y Él tiene suficiente fuerza para seducir, para cautivar el corazón.
Por eso, la palabra que pone en marcha la vida espiritual no es tanto la palabra “sí”; el esfuerzo por ser buenos, no es tanto eso, sino la palabra “no”, es decir, voy a quitar el obstáculo y, por mi propio peso -hay personas muy pesadas- por mi propio peso, me iré hacia Dios
El corazón humano tiene una tendencia natural hacia Dios, y una vez que la palabra del Evangelio ha sido pronunciada en nuestras vidas, toda la fuerza cautivante del amor de Dios está en nuestra disposición; lo que se necesita es empezar a decir "no".
"Vuelve al Señor", eso se entiende, abandona el pecado; hay que abandonar el pecado. Suplica en su presencia, eso lo hacemos y disminuye tus faltas; pero eso no lo hacemos tanto.
El pensamiento semita muchas veces funciona así como por paralelos. "Retorna al Altísimo" Eclesiástico 17,23, eso queremos hacerlo; aléjate de la injusticia y detesta de corazón la idolatría. La injusticia es aquí como el resumen de todos los pecados contra el prójimo, y la idolatría es como el resumen de todos los pecados contra Dios.
"Retorna al Altísimo" Eclesiástico 17,23, eso queremos, retornar al Altísimo, a una vida seguramente cristiana, una vida en el Espíritu. Pero deja la injusticia, detesta de corazón la idolatría.
Bueno yo quería que saliera y salió la palabra “detesta”. Santa Catalina de Siena habla de la fuerza del odio para poner en marcha el corazón. Ella dice que "no hay amor que no tenga odio y no hay odio que no tenga su amor". Amor y odio son como las dos caras de un cuchillo afilado.
Y uno tiene que saber que uno se mueve por amor y por odio, lo que pasa es que el arte está en que el amor está dirigido a quien debe estar y el odio esté dirigido a quien debe estar.
Mira, "retorna al Altísimo y detesta de corazón, detesta de corazón..." Eclesiástico 17,23, Miren, si nosotros comprendiéramos toda la fuerza que sale de odiar el pecado, por que no es ni siquiera odiar al demonio, odiar al demonio es un ejercicio estéril.
La Escritura en ninguna parte presenta odio al demonio. Del demonio sabemos que acciona y sabemos que estorba y sabemos que nos toca hacer caso a Dios. El problema no es de odio al demonio.
Detesta el pecado, odiar el pecado. Yo creo que odiando al pecado vamos a avanzar. Y fíjate que los retiros espirituales en este sentidito se quedan cortos, por que casi todos los retiros espirituales empiezan es a repetir los motivos para amar el bien.
Hombre, uno ya sabe que el bien es bueno. Lo interesante en un retiro espiritual, lo interesante de un predicador es que haga que la persona deteste el pecado, que le fastidie su pecado, que nunca más vuelva a cometer su pecado, que sienta asco, repulsión, aversión, odio, fastidio de su pecado. Eso quita el obstáculo de la gravedad que nos atrae y nos llevará hasta Dios.
Que grande es la misericordia del Señor y su perdón para los que vuelven a Él. Quitar el obstáculo, Él no tiene ningún inconveniente; Él no tiene obstáculos, los obstáculos están de parte de nuestros pecados.
Pues vamos a poner esto en práctica. Cada quien pregunte qué es lo que me está estorbando, qué es lo que me está estorbando a mí y voy a odiar esto. Como ya se de que se trata de alejarse de la injusticia y por lo tanto de no cometer pecado contra el prójimo, jamás cometeré el infantilismo de decir: Ay, es que el que no me deja ser bueno es fulanito de tal.
Es que fulanita no me deja ser bueno. NO. nosotros estamos llamados a amar al prójimo, no le echaremos la culpa a nadie y mucho menos a Dios. Nuestro problema es odiar el pecado, fastidiarnos de una vez del pecado.
Decirle a Dios Nuestro Señor: "Quiero quitar ese obstáculo para que sea tú gracia, tú misericordia y tú perdón el que se apodere de mí para ir con fuerza hacia donde tú quieres conducirme".