I076002a

De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20010224

Título: Darle un nuevo si a Cristo aun cuando las circunstancias sean dificiles

Original en audio: [24 min. 50 seg.]


A veces nos hacemos tantas preguntas sobre qué quiere decir eso de aceptar el reino de Dios como un niño, que cuantas más preguntas hace uno, más siente que se está alejando de la sencillez, de la ingenuidad, de la confianza, de la docilidad que suelen tener los niños con aquellos que saben que los aman.

¿Cómo se puede descubrir la sencillez? ¿cómo se puede volver a la simplicidad? ¿cómo puede uno ilusionarse de nuevo con el candor, con la inocencia de los niños? ¿quién puede traerle sorpresas a un corazón arrugado por las desilusiones? ¿quién puede hacer que de nuevo se acelere el pulso y vibre el alma cuando ya tantas veces comenzamos tantas cosas, solo para darnos cuenta de que no valía la pena tanto entusiasmo?

¿Puede Cristo volver a entusiasmar un corazón decepcionado, un corazón cansado? yo creo que estas preguntas existenciales que tienen que ver con el curso de la vida cristiana, estas preguntas tienen alguna relación con el evangelio del día de hoy.

Porque a medida que ha pasado el tiempo resulta como mas difícil ilusionarse, bien se ha dicho que las pasiones son propias de la juventud y esto se refiere no solamente a la sensualidad sino a la capacidad de apasionarse.

De pronto podemos sentir cuando volvemos la mirada atrás, que era demasiado ruido, que era demasiada ostentación, que era demasiado espectáculo lo que hacían otros con nosotros y lo que nosotros mismos hacíamos y puede darse el caso en que nosotros digamos de nosotros mismos: "pues sí, esas búsquedas de la santidad y esas ganas de que a uno lo maten y que pase lo que sea y todo por Cristo" eso va quedando como una especie de nube romántica de tiempos que ya se fueron.

Y de pronto uno se descubre instalado en lo práctico de la vida y lo concreto de la vida; y lo concreto de la vida es que estoy aquí en medio de la gente y si no me hago amigo de fulano, sutano, perengano y mengana, pues no voy a hacer nada.

Y lo práctico de la vida es que si me pongo a hacer muchas gracias con el ayuno y no sé que, luego se me irrita el colon y luego duro dos o tres años complicado y lo práctico de la vida es que si empiezo con el cuento del silencio y que tengo que aguantar y pongo la otra mejilla y me jalman todo el mundo me la monta. Y lo práctico de la vida termina negando todo lo vigoroso, todo lo nuevo del evangelio.

Hay mucha gente en la Iglesia que se siente así, si yo entro con esas historias, fíjate que es casi blasfemo hablar así, pero así se habla, por lo menos así se revuelven pensamientos en los corazones de sacerdotes, de religiosas y de laicos que han estado muy cerca del trabajo de la Iglesia.

Si yo me pongo con todas esas historias de muchos perdones y muchas misericordias y de muchas benevolencias y de muchos padecimientos, nunca voy a lograr mis metas y nunca voy a tener una vida más o menos como la que yo quisiera.

¿Qué haremos para que Dios nos libre para lo práctico de la vida? ¿Qué haremos para que Dios vuelva a ilusionar nuestro corazón? ¿sí será que uno puede volver a ilusionarse, si uno puede sentir en lo profundo del alma con esos ojos brillantes, abiertos, soñadores de los niños, se puede llegar a soñar algo?

Nosotros nos cuesta creerlo; pero debemos saber que el evangelio fue predicado, en primer lugar, a personas que tenían las mismas razones que nosotros.

O de pronto, mas para sentirse así, incapaces de enamorarse, es que incluso en el plano humano vemos que hay gente que se enamora, esas aventuras muchas veces adulterinas de amores otoñales, por allá gente que peina bastantes canas y sin embargo descubre como una nueva adolescencia y resulta con su amorío y en el terreno de las empresas y de los trabajos ¿no ha pasado muchas veces que la gente después de idos esos años vigorosos de la juventud emprende caminos nuevos aventuras nuevas?

En el evangelio vemos que aquellos discípulos, aquella gente a la que Cristo llamó ¿no eran apoco muchachitos aventureros, enamoradizos de lo que pudiera sonar a novedad? Juan, quien debió de ser el más joven, en eso como que coinciden todas las tradiciones, pero no todos eran de esa edad, los demás eran personas golpeadas por la vida, que tenían sus propios cansancios y que estaban instalados en lo práctico de la vida.

Pensemos por ejemplo en un Mateo, Mateo era cobrador de impuestos, tenía un caparazón, un cayo, una coraza tal que podía decir "a mi todo me resbala" se parecía a esos hombres o mujeres de Iglesia que ya han pasado por muchas plazas.

Como decía mi maestro de novicios "es que yo soy toreado en muchas plazas" esa gente que es toreada en muchas plazas y que ya ha visto muchas cosas y que ya ha oído muchos discursos, así tenía que ser Mateo, un hombre que sabía que significa tener un cómplice, tener compinches y tener enemigos, que se puede con la plata y que se logra con el poder, a quien hay que invitar y a quien hay que evitar.

Mateo era un hombre metido en lo práctico de la vida y Jesús llega a ese corazón arrugado, a ese corazón envejecido, y le hace una propuesta "sígueme" San Marcos 2,14).

No debemos pensar que ese Mateo tenía los ojos ilusos de un adolescente, Mateo sabía muy bien los vericuetos, los laberintos y el olor muchas veces, apestoso del corazón humano, él mismo sabia como hay que explotar a una persona hasta que suelte el último centavo, él sabia de crueldad y sabía de dureza, y llega Cristo y la palabra de Cristo le enamora, la palabra de Cristo enciende en ese fogón que parecía ya muerto, enciende una llama, esa es la historia de Mateo.

Y los pescadores Andrés, Pedro, Santiago y Juan, esos tampoco eran unos muchachitos, empezando porque su oficio les enseñaba la dureza de ganarse la vida, sabían entonces de pobreza, de dificultad, de estrechez y así se encuentran con Cristo y la palabra de Cristo los llama a un camino nuevo, ellos sabían lo que significa pasar necesidad y este Cristo, que parecía la pura necesidad caminando, los invita a caminar con El, a ir con El.

De modo que por dar estos ejemplos, los discípulos de Cristo no eran muchachitos apasionables, engatusables, eran gente que habían pasado por el cansancio y la desilusión, hasta el extremo de aquel Natanael que solemos identificar con San Bartolomé.

"Que hemos encontrado al mesías" ¡que mesías va haber encontrado usted! "viene de Nazaret" ¿sí, de Nazaret? ¿de ahí saldrá algo bueno? esa pregunta es la pregunta del que se ha decepcionado muchas veces.

Se parece a la pregunta de un prior o de un maestro de novicios, yo pienso sobre todo que los superiores o los formadores son la gente que tiene que ver más golpeada su propia opción vocacional.

Mi maestro por ejemplo dejó en nosotros muchas huellas amables, muchos recuerdos amables; pero no todas las cosas eran bellas, a mi siempre me extrañó por ejemplo la falta de ilusión, era un hombre de muchísimas cualidades, muchas, muchas, pero me pareció siempre un hombre con muy pocas ilusiones, solo Dios podrá juzgarlo, en primer lugar su edad ya avanzada, y en segundo lugar, esa historia de ser formador, que yo la viví en pequeño cuando me pidieron que fuera socio el maestro de novicios.

Eso de ver como una vocación se va degenerando, desde las ilusiones y lágrimas del primero para luego ver como la persona se enconcha, se endurece, empieza a repetir los pecados y las mañas, porque al fin y al cabo ser un formador es como tratar de que la utopía sea posible, tratar de que el cielo coja raíz por aquí cerquita y empezar a ver que la gente, incluso gente joven, apenas despierta de sus primeros sueños y fantasías entonces ya aterriza y dice "a es que aquí la cosa es con violencia" ¡aja! "entonces pues no me voy a dejar, espero aquí armando de mi manopla, porque si aquí las cosas son a patadas entonces conmigo también van a aprender que yo también se patear".

-Es que aquí el asunto es con dinero- "¡ajá, es que aquí todo el mundo haciéndose de su platica menos yo que soy el bobo del paseo!"

Pues no, ver muchachos que van entrando en estas cosas, es que la manera de conseguir el poder es esta, ver como el proceso desde las primera ilusiones va como desgastándose, desgastándose, es muy duro para el corazón, lo mismo es para los superiores, porque estar al frente de una comunidad es estar como al frente de un poco de llagas, tantas como las personas que estén allí o más; porque no hay persona que no tenga por lo menos una llaga y algunas parecen verdaderos Cristos.

Estar frente a ese espectáculo y ver como me decía a mí un provincial, no el que está aquí en este momento, ver que las posibilidades de liberar, las posibilidades de utopía se reducen al tamaño de los egoísmos y caprichos de las personas, y ver que hay gente que parece que le hubiera hecho profesión a su capricho, o profesión a sus amistades y no profesión religiosa a Cristo eso es muy duro.

Pues esas son las mismas palabras desengañadas que nos encontramos en el evangelio, ¡que mesías! ¿de Nazaret va a salir algo bueno? "Otra vez, llegó otro grupo de novicios, que quien sabe que vendrá ahí, cuantas mañas vendrán ahí", "haber cual es el elenco de problemas que traen estos" "y ahora que va a salir con esta gente", es muy difícil pero es muy importante que nos demos cuenta que esas decepciones no son ajenas a la Biblia.

Ahora el príncipe de los desilusionados y los desencantados es Cristo mismo, el gran desilusionado, el gran desencantado de la historia humana no es otro sino Jesucristo, su corazón en contacto podríamos decir con los aires celestiales y sus ojos limpios, purísimos y abiertos a la luz, necesariamente tenían que captar la grandeza, el esplendor del plan de Dios para los hombres.

Y lo que hace sufrir es eso, ver el tamaño de lo que Dios quiere y ver luego la altura de las barrera que ponemos al mismo Dios eso es lo que hace sufrir, eso, y nadie tuvo ese sufrimiento como Cristo, al punto, que como he dicho en otras ocasiones Cristo no le creía a nadie, parecía una de esas personas que ha pasado por un priorato bien complicado "no le creo a nadie" parecía uno de esos maestros que ya le han tocado unas cuantas cabras monteses, "no le creo a nadie" así es Cristo, el es el patrono de los desencantados.

Y precisamente, todo esto que hemos dicho que es la introducción, una introducción para el evangelio de hoy, ahora que sabemos que Cristo es el rey de los desencantados, eso no está en las letanías, ¿no ve? ¿por que las letanías siempre las hacen muy solemnes? Vamos, hay que hacer unas letanías como reales.

Rey de los desencantados, ruega por nosotros, rey de los desilusionados ruega por nosotros, rey de los aporreados ruega por nosotros. Hay que hacer letanías reales, es que todo eso está incluido en el rey de los mártires, etcétera, y lo mismo hay que decir de la Virgen, reina de las desilusionadas ruega por nosotros, reina de las desencantadas, ruega por nosotros, hay que hacer letanías reales.

Hay tantas cosas que nos desencantan en esta vida, ver como hay gente tan inteligente y tan inútil, hay amistades tan buenas y tan cerradas, hay gente tan simpática y tan manipuladora y así sucesivamente, ver como las grandes cualidades lamentablemente están ahí metidas en los grandes charcos de los peores vicios, eso es lo que más desencanta; pero ahora que sabemos esto admirémonos porque Cristo, el rey de los desencantados, es el que nos ha dicho: "el que no acepte el reino de Dios como un niño no entrará en el" (San Marcos 10, 14-15).

Es Cristo el que ha visto todos los degeneramientos del ser humano, es Cristo el que nos llama a aceptar el reino de Dios y a aceptarlo como lo hacen los niños.

Desde luego una visita de la gracia de Dios hará posible esto, encontramos en la historia que así sucede, que Dios concede esa gracia. Ya en el terreno humanista, en el terreno de la filosofía y de la antropología, un autor como Paul Ricoeur habla de la nueva, de la segunda ingenuidad, de la segunda juventud y dice que es posible, desde el punto de vista antropológico, que una persona llegada a la madurez y decepcionada de tantas cosas, puede tener sin embargo como una especie de conversión, a una segunda infancia.

Y en la historia de la Iglesia y en la vida de los santos tenemos ejemplos al respecto. Como ya hemos dicho en otras ocasiones, Teresa de Jesús se resolvió por lo que tenía que resolverse cuando ya casi iba llegando a los cuarenta, es decir, no era una muchachita, no era una jovencita y sobre todo, como había vivido tanto entre religiosas y sacerdotes sabia de las miserias de la Iglesia, sabia de los manejos, de las manipulaciones, de las hipocresías, es que lo bonito es eso, una conversión en la realidad, sabiendo lo que son las cosas, eso es lo hermoso, y por eso logró que tiene un gran valor la vivencia de los votos "cuando ya las balas son de verdad".

Como decía el padre pastor, mi maestro, "cuando ya las balas son de verdad" ahí es cuando es bonita la conversión, porque con esa primera ingenuidad que mantiene dopados a los recién entrados, claro, ahora la gente queda "dopada" muy poco, después se atonta; pero la parte del "doping" les dura poco, claro que uno así medio dopado le digan "usted aquí va a hacer caso a todo” ¿y qué le toca aquí? Usted va a trapear todo el convento, claro ni más faltaba, pero en ese dope ni siente.

Pero lo bonito es que pasa el tiempo y entonces la persona ya sabe el tamaño del convento, es que antes no sabía, cuando ya se da cuenta del problema, ahí empieza la verdadera obediencia y esa es la conversión que Cristo quiere que tengamos, que entremos a los verdaderos votos, que entremos a las verdaderas virtudes.

Le dicen a uno "hay que amar la cruz" sí, si, la cruz, bendita la cruz, pero ya después que uno ha visto que las cosas le quedan grandes, "hay que amar la cruz" ya uno como que se sienta, se acomoda mejor en la silla y dice "si muy bonito que alguien haga eso", porque ya las balas son de verdad.

La invitación que Cristo nos hace hoy es a decir que sí, a dar un nuevo sí impulsados por la gracia divina, suplicando de pronto primero esa gracia, dar un sí cuando ya las balas son de verdad, cuando ya las cosas no son lo que quisiéramos ni lo que parecían, sino cuando ya las cosas son lo que son, ahí empiezan los verdaderos votos, ahí empiezan los verdaderos compromisos bautismales, ahí empieza el verdadero discipulado.