I075001a
Fecha: 19970523
Título: Madurar y ayudar a madurar en la vida afectiva teniendo en cuenta el respeto, el realismo, la libertad y la claridad
Original en audio: 20 min. 48 seg.
Las lecturas de hoy nos hablan de amistades y de amores. Con el realismo propio de la Biblia, nos hacen ver lo difícil que es encontrar verdaderamente un amigo, y si atendemos al evangelio también nos hacen descubrir lo difícil que es encontrar verdaderamente un matrimonio.
Les voy a contar,-yo espero no escandalizar a nadie-, que hace unas semanas un Padre, Doctor en Derecho Canónico, estuvo dando un seminario, entiendo que en la Universidad Javeriana, sobre derecho matrimonial.
Como es sabido, la Iglesia Católica es fiel y quiere seguir siendo fiel a lo que mandó Nuestro Señor Jesucristo, porque sabemos que los mandamientos de Cristo son una defensa para nosotros; Dios no manda lo que manda para amargarlo a uno, sino para defenderlo, para protegerlo.
La Iglesia Católica, pues, es fiel al hecho de que el matrimonio es indisoluble; si ha habido matrimonio, el matrimonio es indisoluble. Por eso en la Iglesia no hay divorcio, lo que existe es la declaración de nulidad.
Es decir, después de estudiar concienzudamente el asunto, el tribunal eclesiástico correspondiente declara que entre tal hombre y tal mujer realmente nunca hubo matrimonio, y declara eso, es la declaración de una nulidad, no es que anule el matrimonio, no se trata de anular el matrimonio.
Pero esta parte no es la que podía ser nueva para ustedes, la parte nueva es que decía este reverendo Padre, que tiene todos estos estudios que les comentaba, que según el parecer de él, un altísimo porcentaje, quizás más de la mitad de los matrimonios que él había conocido, no que le habían llegado a tribunal, sino que él había conocido, por cualquier razón, por amistad, por vecindario, por lo que fuera, decía, casi más de la mitad de los matrimonios que él había conocido, seguramente tenían posibles causas de nulidad.
Esto muestra, gravísimamente, el mal estado de la salud de la fe y del amor en muchas personas dentro de la Iglesia Católica.
Las causales para estudiar si un matrimonio es o no es nulo, explicaba este Padre, viene unas por el lado de la inteligencia, es decir, por el lado del conocimiento que la persona tenía de sí mismo, del matrimonio y de su pareja, y otras por el lado de la voluntad, debidas a las limitaciones por enfermedad, por coacción o por otro tipo de cosas.
El hecho es que de acuerdo con el parecer de Él, más de la mitad de los matrimonios, seguramente, si se hiciera un estudio a fondo, resultarían nulos.
Lo que sucede es que muchos de esos matrimonios nunca hacen esa serie de estudios, pues, porque pueden trabajar bien, porque pueden funcionar bien, o más o menos bien.
Encontrar un verdadero matrimonio, es decir, encontrar una pareja que con conocimiento de causa, con amor sincero y delante de Dios, para fundar un hogar, realice su unión, eso parece que es bastante escaso.
Y por eso digo que las lecturas de hoy nos hablan de la escasez del verdadero amor y de la escasez de la verdadera amistad.
Es difícil ser buen amigo, es difícil ser buen esposo, pero sobre todo, parece que es difícil ser esposo que sea también amigo, eso parece que es especialmente difícil.
Y parece que esa escasez proviene de que muchos de nosotros, cuando buscamos amigos o incluso cuando se busca pareja, no buscamos amar sino amarnos, amarnos a través de. Se encuentra el amigo y me amo a través del amigo; se encuentra el novio o la novia y me amo a través de él.
Llegar a descubrir lo que significa amar al otro, llegar a descubrir lo que significa no hacer un negocio, sobre todo un negocio inconsciente con el otro, toma tiempo, es difícil. Y por eso parece que a veces resultamos esperando más de la cuenta.
Cuando uno va a hacer un negocio de dineros o de cualquier otro género o en especie, uno procura que todas las cláusulas queden suficientemente claras: "A ver, qué es lo que yo voy a hacer, cómo tengo que pagar, en qué cuotas, en qué fechas y de qué manera.
Nosotros, cuando tenemos amigos, seguramente estamos esperando muchas cosas que no nos hemos planteado realmente a fondo; es decir, resultamos esperando cláusulas de un negocio que nunca aclaramos, y parece que lo mismo sucede en las relaciones de pareja.
¿Y dónde empiezan las decepciones? Cuando uno dice: "Ah, pero es que se suponía que estaba claro que tú...", "es que se suponía que tú debías...", "y se entiende que cualquier mujer...", "no, pero es que a cualquiera se le ocurre..."
Por eso, terminemos esta reflexión que se inspira en las lecturas que la Iglesia nos ha dado hoy, dando algunas recomendaciones para crecer en la verdadera amistad, esas recomendaciones las podemos reducir a cuatro, cada una de las cuales tiene una palabra clave.
Entonces, la primera palabra es la palabra claridad: intente tener claro usted qué es lo que usted en realidad espera de sus amigos, intente aclararse eso, qué es lo que usted espera de sus amigos, sobre todo, antes de solicitar algo, que puede resultar aprobado o negado, hágase esa pregunta: "¿Qué es lo que yo en realidad espero?" Luego claridad también en qué es en lo que en realidad ellos esperan de mí.
Desde luego que estas reflexiones valen también para la relación de pareja, porque dijimos que el amor de pareja, el verdadero amor de pareja parece que es bastante escaso.
Entonces, primera sugerencia: claridad, claridad en qué es lo que yo estoy esperando, y claridad en qué es lo que el otro, el amigo, la amiga, la esposa, el esposo, está esperando de mí. Esa claridad salva muchas amistades.
Porque fíjese que cuando uno pide un imposible, pierde el imposible y pierde el amigo. Cuando uno empieza a pedir a las personas algo que en fondo nunca estuvieron ellas pensando en darnos, ahí es donde perdemos a los amigos, y ahí es donde se dañan las relaciones con las otras personas. Entonces, primera sugerencia, esa.
Segunda sugerencia que está como implícita en la lectura que hicimos del libro Eclesiástico, pero que la enuncia muy bien ese gran pensador, Confucio. Decía él: "La clave para que una amistad dure está en el respeto". Dice él: "Si puede crecer la amistad sin que disminuya el respeto, la amistad dura y perdura y madura". Esas son las amistades que duran.
Porque a medida que pasa el tiempo, si seguimos siendo amigos, tu amigo te va a ir abriendo áreas de su vida, te va a ir contando cosas suyas, se va a hacer vulnerable; si el respeto va creciendo junto con la amistad, tú no harás daño en eso que el otro ha vuelto débil.
Yo creo que todos hemos tenido la experiencia, o lo hemos visto, pues, en las niñas del colegio, por ejemplo, eso se nota mucho. Cada rato se da el caso de que "Cristina era amigísima de Socorrito, y eran inseparables y para arriba y para abajo, donde estaba Cristinita estaba Socorrito, y Cristinita y Socorrito, hasta el día en que pelearon.
En ese momento se aborrecen y ya a Cristina no se le puede mencionar a Socorro y a Socorro no se le puede mencionar a Cristina.
Entonces, hay que estar atentos al respeto. ¿Qué es el respeto? El respeto en este caso significa: tener un amigo quere decir alguien que se hace débil ante mí; si aprendemos a tratar a las personas así, las amistades duran.
¿Quién es un amigo? Un amigo es alguien que se arriesgó a ser débil ante mí, por eso muchas personas hoy desconfían de darse a conocer, porque es que mostrarse débil es complicado. Un amigo ¿quién es? Alguien que se arriesgó a mostrarse débil ante mí, si yo maltrato esa debilidad, y ese es el irrespeto en este caso, me tiré la amistad, se acabó el amigo.
Aplíquele eso mismo, por ejemplo, a la relación de pareja o a la relación con el alumno o a cualquier otro género de relación humana, el trato continuó con las personas nos va llevando a descubrir sus debilidades.
¿Qué es lo que hace que muchas heridas de pareja resulten prácticamente imposibles de sanar? Que cada persona se ha mostrado en toda su debilidad, pero en toda su debilidad,y en todas las áreas en las que podría ser débil, especialmente sabemos que esa áreas son las afectivas, las sexuales, las emotivas, la persona se ha debilitado, se ha mostrado en toda su debilidad y su fragilidad, una ofensa ahí, es una ofensa que queda demasiado grabada.
Dios siempre tiene gracia y fuerza y vida y sabiduría para sanar las cosas, pero hay que tener demasiado cuidado con eso. Entonces la segunda palabra es la palabra respeto.
La tercera palabra es la palabra libertad, muy semejante a respeto. Fíjate que tiene que ver con las otras dos. Adueñarse de una persona es la mejor manera de perderla. Nadie, nadie, nadie, ha nacido para ser posesión absoluta de nadie.
Y muchas veces nosotros, por las carencias que hemos tenido, por la misma escasez de afectos o por otras razones, pretendemos asegurar a las personas.
Bueno, hay un dicho muy conocido, creo de todos nosotros, que resume este tercer punto: "Si quieres a alguien, déjalo libre". Entonces, déjalo libre; se necesita un margen de libertad.
Y enseñemos, por favor, en la medida de lo posible, enseñemos a las personas que nos rodean eso mismo. Es necesario un espacio de libertad, lo cual va unido a una actitud espiritual muy profunda de humildad y de no egoísmo.
Me explico: cuando nosotros nos adueñamos de una persona, deberíamos tener en cuenta que nosotros no debemos hacer toda la felicidad de ella, es una injusticia contra la persona adueñarse de ella, ¿por qué? Porque la estamos condenando a ser infeliz.
Si yo fuera toda la felicidad de esa persona, pues entonce sí podrá decir: "Quédate conmigo y sólo conmigo, y sólo me mires a mí, y sólo me atiendas a mí, porque yo soy toda tu felicidad. Pero mire, aunque en las relaciones de pareja se diga a veces: "Mi vida", nadie es la vida de nadie, nadie es la felicidad completa de nadie.
Entonces fíjate, un poco de humildad ayuda a salvar las amistades y ayuda a salvar a las parejas. Un poco de humildad de saber: "Hombre, yo no soy toda la razón y toda la felicidad de esta mujer", el esposo que piense eso podrá mirar de otra manera las amistades y el cariño y la vida de su esposa, o el amigo que piense eso, pues, dirá otro tanto de su respectivo amigo.
Entonces es necesaria esa dosis profunda de humildad.
Y la última palabra es la palabra realidad. Pues hay muchos dichos, refranes que nos recuerdan este realismo, ¿no? Incluso hay una canción que dice que lo perfecto es inhumano: "No hay nadie perfecto, amor, todos nos equivocamos; el amor es imperfecto, lo perfecto es inhumano".
Entonces tener amigos es arriesgarse a perdonar; el que no quiera perdonar, que no se meta a tener amigos, pero tampoco se meta a tener vida ,porque no se puede tener vida sin tener por lo menos un amigo,uno mismo: Decía Séneca: "El que no es amigo de sí mismo, de nadie puede serlo".
Hay que tener un primer amigo, que es uno mismo, y muchas veces nuestras durezas, nuestras intransigencias, las cosas que nosotros no nos perdonamos a nosotros mismos son la puerta abierta para que se nos vayan los pocos o muchos amigos que nosotros tenemos.
Entonces hay que tener el realismo, ese principio de realidad que dirían los psicoanalistas, pero bueno, no es ese el tema en ese momento; hay que tener el realismo de tratar imperfectos.
Usted le puede pedir perfección a Dios, le puede pedir perfección a la sabiduría, le puede pedir exactitud y perfección a las matemáticas, le puede pedir bastante perfección a las máquinas, a los seres humanos no les podemos pedir perfección, podemos acompañarlos en su camino hacia la perfección.
Entonces nuestras palabras son: la palabra claridad, respeto, libertad y realidad o realismo, esas cuatro palabras.
Lo maravilloso es que cuando uno hace este recorrido que ustedes ven que es como muy antropológico, -esto ya va tomando cara como de charla por ahí de psicólogo o cosa parecida-, cuando uno toma estas cuatro palabras, y luego lee el Evangelio, se da cuenta de que así es como Cristo trata a las personas, exactamente así.
De manera que esa afirmación de que Él es verdaderamente el amigo, eso es cierto. Nadie tan claro, nadie tan respetuoso, nadie con tanta libertad y nadie que dé tanta libertad y nadie tan completamente realista.
Primero terminaron no tanto sobre eso el realismo de Cristo, allá a principios del capítulo segundo de San Juan, dicen del Señor Jesucristo los textos que la gente creía mucho en Él, y dice: "Pero Él no se fiaba demasiado de la gente porque sabía lo que hay en cada corazón" San Juan 2,24-25.
Y uno tiene que obrar de esa manera, no para encerrarse en una caparazón de desconfianza, no para ponerse una armadura, no; precisamente Cristo en la Cruz es la imagen del que no tiene ninguna armadura; no para ponerse armaduras, sino para saber que el que está a mi lado no es nada menos ni nada más que un humano que está en camino.
Caminar con él es un privilegio, pero es también la terrible cuota que a veces hay que pagar para que la amistad pueda crecer.
El amor de Dios, manifiesto en Cristo nuestro Amigo, nos ayuda a ser mejores amigos, para que todas esas semillas de bien que hemos recibido en este día, en este encuentro, todas esas semillas puedan crecer más y más, y enseñemos a las personas, especialmente pues a ellas, a las alumnas, a ser amigas.
No me aguanto la gana de comentarles esta anécdota de una convivencia con niñas. Hacíamos una actividad en que ellas tenían que decir algo sobre sus afectos, y una de las niñas hacía una comparación entre sus amiguitas y ella, las comparaba como a una especie de un grupo de flores.
Bueno, una muchacha con mucha inspiración literaria, además, y entonces decía, pues, con nombre propio que fulanita de tal era tal flor y fulania era tal otra flor, y además su escrito era muy bello y era muy lleno de flores y muy lleno de cariño hacia sus amigas.
La sensación que quedaba era: qué lindo que esta muchacha le tenga ese cariño a sus amiguitas, pero qué terrible en el fondo la manera como ella hablaba de ellas, porque eran elogios tan grandes, tan gigantescos, que manifestaban una esperanza tan grande, tan gigantesca, entre otras razones porque la que escribía eso no tenía familia.
Entonces todo su mundo afectivo estaba en sus amigas, y decía de ellas cosas que prácticamente solo se dicen de Dios Padre, de Dios Hijo, de Dios Espíritu Santo, y uno lo que sentía era: "Quien tantísimo, tantísimo pretende esperar de los demás, parece que se está preparando para un terrible golpe, para una terrible desilusión.
Enseñemos entonces, con firmeza pero también con alegría, enseñemos a que la vida afectiva, nuestra propia vida y la de los demás, vaya madurando en el realismo, la libertad, el respeto y la claridad de Cristo.