I074002a

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Fecha: 20110224

Título: No posterguemos nuestra conversion

Original en audio: [3 min. 56 seg.]


Indudablemente, Jesucristo no deja de sorprendernos.

En el texto del evangelio de ayer escuchábamos que Nuestro Señor invitaba a una cierta tolerancia, especialmente para descubrir que la presencia y la acción del amor de Dios van más allá de las fronteras que solemos poner.

Nosotros nos imaginamos que Dios va a llegar únicamente hasta un cierto límite y va a salvar únicamente a determinadas personas, pero parece que hay muchas sorpresas, parece que la acción de Dios rebasa lo que nosotros podemos comprender, el juicio le pertenece únicamente a Él.

Pero luego en el evangelio de hoy encontramos, casi diríamos, el contraste, porque esta vez es Jesús reclamando una acción muy fuerte, muy clara, muy drástica.

Este es el texto de San Marcos, donde escuchamos que Él nos dice, en este capítulo noveno: "Si tu mano te hace pecar, córtatela" San Marcos 9,43. Es decir, Jesús también nos está invitando a tomar en serio la salvación.

El hecho de que nosotros creamos en la misericordia abundante del Señor, no quiere decir que nuestro Dios es un alcahueta, que nuestro Dios es cómplice de nuestras mediocridades, es cómplice de nuestros pecados. Nosotros no debemos suponer que Dios, por su misericordia, deja de ser un Dios justo.

En el mismos sentido va la primera lectura de hoy, tomada del capítulo quinto del libro Eclesiástico. Esta vez, el autor del libro sagrado nos invita a nos darle largas a la conversión.

Fíjate cómo hay una profunda compatibilidad entre este mensaje del Eclesiástico en el Antiguo Testamento, y el mensaje del evangelio en el Nuevo Testamento, cómo realmente el Señor nos está llamando a conversión, cómo el Señor está diciendo que su misericordia es oportunidad de salvación, no es oportunidad para el pecado, es oportunidad para salvación. Y por eso hoy nosotros tenemos que abrir el corazón, es decir, la conversión es el día de hoy.

En la Liturgia de las Horas, que es la oración oficial de la Iglesia, tenemos siempre un texto que se debe rezar al principio del día, que se llama el "Invitatorio".

Y el Invitatorio que abre toda la plegaria de la jornada, casi siempre se toma del salmo 95 en la numeración de la Biblia, Salmo 94 de la Liturgia de las Horas, y allí se dice: "Si hoy escucháis la voz del Señor, no endurezcáis vuestro corazón".

Ese mismo texto lo toma la Carta a los Hebreos para decir: "Mientras dura ese "hoy" apresurémonos" Carta a los Hebreos 3,13. Hay gente que está tomando ese refrán, ese lema: "Carpe diem", aprovecha el día", pero muchas veces se interpreta de un modo superficial y pecaminoso, un modo banal, únicamente para decir: "Saca lo bueno, disfruta el momento".

Nosotros, los cristianos, tenemos nuestra propia manera de decir que hay que aprovechar el día: aprovecharlo para recibir la gracia, aprovecharlo para acoger el amor que nos salva, aprovecharlo para decirle "sí" a Jesucristo.