I072002a

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Fecha: 20070212

Título: Preparate para la prueba

Original en audio: [21min. 59 seg.]


Vemos que hay un lenguaje que los discípulos no entienden, y hay otro lenguaje que sí les gusta. No entienden eso de morir y ser entregado en manos de los hombres. Eso no lo entienden. Lo que sí entienden es de argumentar, discutir, preguntar, refutar, sobre quién es el más importante.

Primera lección del día de hoy: a uno se le abre el entendimiento cuando el corazón tiene un anhelo, un deseo. El entendimiento se abre para aquellos que el corazón busca.

El entendimiento y la voluntad no son dos facultades independientes, como ruedas sueltas. El amor abre el entendimiento, así como el entendimiento ilumina el amor. Estos dos van muy relacionados, y por eso, a veces la mejor manera de crecer en el entendimiento es primero crecer en el amor.

Como estos discípulos en este momento de su vida, -porque luego ya serían otra cosa-, pero en este momento de su vida aman esos primeros puestos, las cuotas de poder y la fama que se supone que eso va a traerles; como el amor de ellos está puesto en eso, la lengua está expedita, está lista para hablar de ese tema.

Les sobran palabras y les salen letreros para ese tema, porque ese es el tema que entienden, y entienden de ese tema porque lo aman. En cambio, para el tema que les propone Cristo: "El Hijo del hombre va a ser entregado, lo van a traicionar, lo van a torturar, lo van a matar" San Marcos 9,31, para ese tema se les traba la lengua; ahí el miedo los paraliza, se les congela el pensamiento.

La idea está clara, e inmediatamente podemos aplicarla a nosotros: ¿Cuáles son los temas de los que hablamos fácilmente? Realmente, esa pregunta de Cristo la podemos aplicar a casi cualquier situación de nuestra vida. "¿De qué discutíais por el camino?" San Marcos 9,33.

Desde antiguo, el camino es una imagen de la vida. "¿De qué discutíais por el camino?" San Marcos 9,33. ¿Cuáles son las discusiones tuyas? Es impresionante cuando uno toma honesta nota de lo que realmente piensa o ha estado pensando.

Se podría hacer un buen programa de humor tomando nota de todas esas cavilaciones, especulaciones y discusiones que se revuelven en la pequeña cabecita de uno, de nosotros.

"-¿Qué estuvo pensando durante la mañana? "-Honrada, honradamente estuve pensando cómo me voy a desquitar, porque esto no se puede quedar así". ¡Qué tal que uno realmente sacara a luz lo que realmente ha estado pensando!

Esa pregunta del Señor Jesús es maravillosa: ¿Qué se revuelve en tu mente? ¿Cuáles son tus cavilaciones? ¿En dónde está tu pensamiento? Que es lo mismo que preguntar: ¿En dónde está tu corazón?

Ahí es donde se puede saber si una persona es o no es consagrada, porque el porte uno aprende a manejarlo, y actores y actrices abundan en la Iglesia: el lenguaje diplomático, el vestido eclesiástico y el corazón corrupto. Este cuadro, dolorosamente hay que decirlo, no ha faltado en la Iglesia.

Sabemos de vestiduras, sabemos de lenguajes, sabemos de conveniencias; cómo hay que portarse delante de quién, qué hay que hacer para agradar a quién, cómo hay que ganarse a fulano, por qué no se puede uno perder la amistad o el favor de sutano.

Estas cosas las sabemos bien. Pero la pregunta de Cristo, penetrante como espada, está ahí y dentro de ti, ¿y qué es lo que tú discutes dentro?

Así llegamos a nuestra segunda enseñanza. La primera es: no se trate tanto "de que es que yo soy bruto, soy torpe", diga más bien, "ya no tan poquito, me he interesado tan poquito".

No es tan torpe, porque cuando está en otras circunstancias le sale toda la viveza, y ahí sí se le ocurre todo, o sea, que tan torpe, tan torpe no es; tampoco es que sea así tan torpe.

Los seres humanos somos expertos en eso: una inteligencia selectiva; así como había en nuestra comunidad un padre del cual decían que tenía sordera selectiva, ese sí tenía sordera selectiva: empezaba a oír lo que convenía: "Es que como no puedo decir el nombre"

"-Padre, que si usted puede hacer un reemplazo el otro domingo". "-¿Qué, qué? ¿Cómo?" No oía nada. "Padre, que le trajeron un regalo". "-¿Dónde?" Y eso fue demostrado por varios frailes que son como son; no venerando las canas, sino ansiosos por aclarar el extraño caso, varias veces pusieron a prueba a este anciano, y sí señor, sordera selectiva.

Así tiene uno también sordera selectiva. Hay gente que se vuelve sorda cuando llega la homilía que les fastidia. Y hay gente que se vuelve especialmente supersónica para oír el chisme que le implica, y se desarrolla un oído de tísico. Una cosa: uno oye lo que le conviene, y se vuelve astuto para lo que quiere.

El problema no es tanto de la inteligencia original, llamémosla así. Y en segundo lugar, esa pregunta de Cristo que nos ayuda a examinarnos: ¿De qué discutíais por el camino? ¿Qué es lo que usted se pasa pensando? Es muy triste, hablando en serio, ver qué poco lugar ocupan los intereses de Dios en nuestros pensamientos. Eso es muy triste.

Yo, por ejemplo, me he dado cuenta de lo siguiente: si hay una diferencia en la manera como trabaja la mente, en general, hablando en general, entre hombres y mujeres, pero ni unos ni otros buscamos mucho la gloria de Dios.

Los hombre buscamos mucho meditar en nuestros proyectos, en nuestras cosas, en nuestras empresas, en lo que vamos a hacer y cómo nos va resultar, y en qué hay que hacer para lograr eso que será nuestra obra. Una porción demasiado grande de nuestro tiempo, es eso: pensar en nuestras cosas, nuestros proyectos. Son pocas las invocaciones a Dios que solemos hacer, son pocos los pensamientos de gratitud, el coloquio de amor con el único Dueño de las vidas. He visto eso en las conciencias de los hombres.

Y he visto que en la mente, en el corazón, en la conciencia de la mujer suele haber es el pensamiento que supone o que imagina el afecto de otros. De mil modos: afecto que se llama la atención que me ponen; afecto que se llaman los detalles que tienen o no tienen conmigo; afecto que se llama qué tan importante soy, o si me tuvieron en cuenta; afecto que se llama quién se interesó por quién, quién le dijo qué y qué quería decir con eso, para que el otro entendiera que el otro le había dicho que no.

Es una ocupación, es una especie de laberinto mental. Así como el hombre organiza y planea y quisiera cómo adueñarse del mundo con su mente dejando un pequeño espacio para Dios, así también, en general, esto cambia, obviamente, no es todo el tiempo, ni en todos los hombres, ni en todas las mujeres.

Pero en la mujer abunda demasiado ese pensamiento: "¿Y qué va a pasar conmigo? ¿Y yo qué, me voy a quedar ahí? ¿Y qué van a pensar de mí? ¿Y qué se va a sentir?" Y luego, cuando ya la mujer se agota de pensar en sí misma, entonces viene el otro pensamiento: entonces, ¿quién se interesaría por quién? Esa pregunta lamentablemente ocupa demasiado espacio en el corazón femenino: "¿Quién le interesó a quién? ¿Quién hizo algo por alguien? ¿En dónde está circulando amor?" Para luego decir: "¿Y por qué no me incluyen en sus chistes?"

De modo que se nos va la vida en eso: entre los proyectos y los placeres, entre los recuerdos y los afectos; pero ¿Cristo y los intereses de Cristo? ¿De qué discutes cuando vas de camino? ¿Qué tanto espacio tiene el Señor Jesús ahí?

Bueno, finalmente un tercer punto que nos ayuda a relacionar con la primera lectura. La primera lectura, si la miramos desde esta perspectiva del Libro del Eclesiástico, es como una palabra que nos fuerza a pensar lo que no quisiéramos. Fíjense que hay una relación entre la instrucción de Cristo a los discípulos y la instrucción de Ben Sirá a sus lectores.

Jesús de Nazaret en el Evangelio y Jesús Ben Sirá en el Eclesiástico; Jesús hablándole a sus discípulos y Jesús Ben Sirá hablándole a sus discípulos. Y Jesús les dice a sus discípulos: "El Hijo del hombre va a ser entregado" San Marcos 9,31, anuncia la hora mala, la hora dura en la que ellos no quieren pensar.

Y eso es lo que hace el libro Eclesiástico: "Si te acercas al temor de Dios, prepárate para las pruebas" Eclesiastés 2,1.

La Primera Lectura es como una exhortación que nos obliga casi a pensar en eso que no quisiéramos pensar: "Prepárate para las pruebas" Eclesiastés 2,1, acepta cuanto te suceda, aguanta enfermedad y pobreza".

Las dos grandes desgracias para el tiempo de paz, según el Antiguo Testamento, la enfermedad y la pobreza. No considera aquí el caso de la guerra, ni el caso de la muerte, pero sí esas dos desgracias: la enfermedad y la pobreza.

Es decir, esta palabra de la primera lectura, nos obliga, casi nos fuerza, a pensar en lo que no quisiéramos pensar. El dolor tiene un lugar en tu vida y es un lugar que en el fondo es positivo, en cuanto querido por Dios. Hay un lugar positivo del dolor, de la contradicción.

Entonces tenemos nosotros, volviendo al tema de los hombres y de las mujeres, tenemos que aplicar esto a nosotros. No tanto sueñes con tus proyectos, caballero, señora o señorita; no tantos sueños rosados y egoistas en su afecto.

Cuando llegue la hora de la contradicción, cuando no reciba el amor que quería recibir, cuando las cosas le salgan mal, cuando experimente lo que no quisiera, ahí particularmente, encontrará el terreno de la verdadera Alianza con Dios.

Ahí es donde descubrirá qué significa confiar en el Señor, y como a Dios lo conocemos fundamentalmente por sus obras, quiere decir que cuando falte el afecto que usted estaba esperando, o cuando la telenovela que armó en su cabeza no le funcione, o cuando su proyecto fracase, cuando eso pase, cuando eso suceda, ahí usted está listo para descubrir quién es Dios.

Ahí, en ese momento, porque ahí descubrirá qué significa confiar en Él, y ahí descubrirá qué significa verdadero amor, verdadera fuerza, verdadero éxito; eso se descubre ahí.

Pero hay que vivir eso; sin eso no se va a poder descubrir quién es Dios. "Prepárate para las pruebas", es una manera decir prepárate para ser verdadero discípulo. Porque sobre la prueba se aprende la confianza, y sobre la confianza se descubre al Señor. Tenemos entonces, que dejar de lado nuestras suposiciones, tenemos que dejar de lado nuestras imaginaciones. El único santo que nos enseñó en toda la Iglesia, hasta donde yo recuerdo, cómo utilizar con provecho la imaginación para la santidad, fue San Ignacio de Loyola, aunque, claro, no faltan algunos apuntes en santa Catalina de Siena, pero, San Ignacio de Loyola fue quien mejor expuso el uso recto de la imaginación para la santidad.

Pero aparte de lo que dice San Ignacio con sus famosas composiciones de lugar, aparte de ese uso de la imaginación, casi todos los otros usos de la imaginación son estorbo para la santidad. Todo lo que usted supone que va a a pasar. Nada dificulta tanto el amor al prójimo como la imaginación, por ejemplo.

¿Por qué? Porque entonces me voy a encontrar con mi amigo, y él me va a recibir como nunca, y después me va a preguntar por todas mis cosas, y vamos a hablar tan delicioso, y eso va a ser espectacular, y voy a ser tan feliz, y me voy a sentir tan bien, que ya me parece que casi que lo estoy sintiendo. Toda esa imaginación es estorbo.

Desde luego, me encuentro a mi amigo, que ese día tiene la úlcera alborotada y el dolor de muela que le hace como teléfono ocupado. Y claro, él no tiene así como mucho interés en entrar en mi vida ni en hacerme mis preguntas; entonces, yo entro en pánico. "¿Qué pasó? ¿Por qué?.

¿Para qué sirven las imaginaciones? Primero espere a encontrarse con el amigo; después usted lo ve y ya se le pasó el dolor de muela. No imaginar tanto a las personas. Eso no sirve, sirve mucho más pensar que toda persona, que todo ser humano es como hierba, y que se marchita y que todo mundo tiene sus estaciones; todos tenemos nuestras estaciones.

¿Y ahora qué bicho le picó? ¡Uh! Vaya uno a saber. Todo el mundo tiene sus estaciones y todo el mundo cambia, y yo no voy a recibir seguramente lo que yo esperaría recibir. Y lo mismo pasa con todos los proyectos de uno, para hablar no sólo de afectos, sino de proyectos.

Esa historia de la lechera, esa es la historia de uno: "Y después voy a hacer esto otro, y después entonces pasaré.....bueno, ya una vez que se haya convertido Sudamérica, entonces el Polo, claro, hay que evangelizar el Polo. ¿Cómo voy a evangelizar el Polo? Después que haya terminado Sudamérica, voy a evangelizar..."

Usted no va a realizar todo eso. La Carta de Santiago nos regaña: todos ustedes, los que dicen: "Mañana iremos, bajaremos, subiremos, compraremos y venderemos", eso es imaginación.

Yo creo que para ser santo no se necesita más imaginación que la que pidió San Ignacio de Loyola, el resto es estorbo, y el resto más bien es que descubramos en dónde se conoce verdaderamente a Dios, en dónde se le conoce, y estar dispuesto a recibir ese verdadero conocimiento en un verdadero amor.