I065001a
Fecha: 20010216
Título: ¿Que significa perder la vida por Cristo y por el Evangelio?
Original en audio: [30 min. 23 seg.]
El deseo de uno es que todo lo que uno emprende se pueda llevar a término. Pero la primera lectura nos presenta un proyecto que a Dios no le gustó, un proyecto que la gente quería hacer, pero que Dios no quería que se hiciera, de tal modo que Dios se opuso a ese proyecto y lo frustró.
Para que no quede duda de que hay proyectos que Dios frustra, el salmo dice: "El Señor deshace los planes de las naciones, frustra los proyectos de los pueblos" Salmo 32,10. No todo lo que el ser humano emprende, no todo le gusta a Dios; no todos los proyectos, por el hecho de ser nuestros o por el hecho de ser bien pensados, tienen que llegar hasta el final.
Esta es una enseñanza que no resulta muy amable, pero que sí resulta muy útil, es la primera enseñanza en esta ocasión. A Dios no le gustan todos los proyectos, y hay veces, -no será siempre-, en que Él interviene de alguna manera para que se detengan esos proyectos.
Tal vez nosotros sintamos la tentación de quejarnos de Dios, porque se mete a frustrar proyectos nuestros, Pero ¿quién nos entiende? Seguramente nosotros también nos quejaríamos o nos quejamos de que Dios no interviene para frustrar algunos otros proyectos.
Por ejemplo, cuando un terrorista va a poner una bomba en un centro comercial, y va a despedazar una cantidad de inocentes, seguramente cuando se consuma ese crímen también nos hemos preguntado: "¿Y Dios por qué no intervino para frustrar ese proyecto? ¿Dios por qué permite que pasen esas cosas? ¿Por qué hay delitos y organizaciones delictivas, organizaciones criminales, regímenes sádicos que permanecen y permanecen? ¿Por qué esos proyectos no los frustra Dios?"
En verdad esto es asunto como para romperse la cabeza. ¿Por qué hay proyectos que a nosotros nos parecen buenos y Dios los detiene? ¿Por qué hay proyectos que a nosotros nos parecen malos y Dios no los detiene?
Otras veces la cosa es más sencilla, porque vemos proyectos malos que Dios los detuvo. No es infrecuente que uno vea la mano de Dios en la vida de uno, y que uno diga: "Es que por donde yo me iba metiendo no era, pero Dios me detuvo, Dios me frenó y me puso todo género de trabas, obstáculos, cómo quién dice, "no se me meta por ahí"".
Y en ese caso uno como que entiende, y dice: "Bueno, bendito sea Dios que no me funcionó tal o cual cosa".
Es verdaderamente difícil este discernimiento, y únicamente resulta sencillo cuando uno no es el que está ahí implicado. Pero cuando a uno es le están pasando las cosas, generalmente no puede hablar con esta tranquilidad con la que se puede hablar aquí y ahora.
Cuando a uno le están sucediendo las cosas, cuando son los proyectos de uno los que no caminan, o cuando son los males perpetrados por otros los que uno ve y que sí caminan y parece que Dios no hace nada, en ese momento es donde uno siente que no comprende cómo es el querer de Dios, y no comprende si Dios está o no está a favor de uno, o en el caso más grave, sí Dios en el fondo es como una especie de enemigo, o si Dios simplemente no existe.
Todos los que hablan mal de Dios, que dudan de la existencia de Dios, han pasado por este género de dificultades. O sea que estamos ante uno de los grandes problemas, uno de los grandes enigmas para nuestra mente.
Pero de ese análisis o de esa reflexión tenemos que sacar por lo menos dos cosas: primera, que a Dios no le gustan todos los proyectos, y que por consiguiente, Dios a veces interviene frenando cosas, aunque parezcan razonables, como podría parecer razonable: "Hagamos entre todos una gran torre que nos haga famosos y una gran ciudad en donde todos viviremos".
Hay que devolverle a Dios el derecho de intervenir en nuestra vida y frenar y cambiar. Los santos nos dan testimonio de esto. San Luis Bertrán, por ejemplo, un misionero español, dominico él, que estuvo predicando en nuestras tierras, le decía así a Dios: "Mira, corrige aquí, corta lo que tengas que cortar y quema lo que tengas que quemar".
Así habla el que verdaderamente quiere buscar la voluntad de Dios, y este es el segundo punto de nuestra enseñanza: no hay una búsqueda sincera de la voluntad de Dios, mientras uno no está dispuesto a perderlo todo, es decir, mientras uno no está dispuesto a decirle, como Luis Bertrán: "Mira, lo que tengas que cortar, córtalo; y lo que tengas que quemar, quémalo; y lo que tengas que quitar, quítalo".
De una manera mucho más amable y de pronto mucho más comprensible, -esto se oye en muchos grupos marianos, con esa famosa oracioncita chiqita y bella: "Señor, aparta de mí lo que me aparte de ti". ¿Qué será? Yo no sé, es que yo no tengo por qué saberlo todo. Cuando uno va al médico, uno no es especialista en medicina, el especialista es el médico, él es el que tiene que saber, no uno.
Así que Dios tiene derecho a intervenir en nuestras vidas, Dios tiene derecho a frenar cosas, no todo lo que uno emprenda le tiene que salir, no todo.
Y en segundo lugar, la mejor actitud para mejor encontrar la voluntad de Dios es la de Luis Bertrán, dicha como una palabra casi salvaje: "Señor, lo que tengas que cortar, córtalo; lo que tengas que quemar, quémalo, cauterízalo, aquí, ahora. Mientras vamos de camino, mientras estamos en ésta tierra, lo que tengas que quitar, lo que tengas que quemar, quítalo y quémalo".
Y Luis Bertrán iba más allá, le decía a Dios: "Aquí no perdones, -no perdones, eso se entiende mejor en sentido del verbo que él utilizaba, el verbo "parcere"; aquí no perdones, aquí sin contemplaciones, ¡duro¡ ¡Lo que se tengas que hacer, duro, de una vez! Aquí no perdones".
Eso es lo que significa no perdones, no en el sentido de que no me perdone mis pecados, sino en el sentido de que "lo que tenga que hacer, hágalo". "Aquí no perdones, pero en la eternidad, perdóname todo; aquí no perdones, para que más allá de la muerte, perdones; en la tierra no te pongas a estar con muchas contemplaciones conmigo, para que en el cielo nos podamos dedicar a contemplarnos".
Bueno, así oraba Luis Bertrán, que era un penitente tremendo, sumamente áspero, sumamente riguroso. La enseñanza yo creo que está clara para nosotros: la mejor manera de encontrar la voluntad de Dios es: "Señor, lo que tengas que quitar, quítalo", esa total disponibilidad es la que nos abre al querer divino.
Y aquí encontramos también como el hilo conductor que nos lleva hacia el evangelio. Dice Nuestro Señor Jesucristo: "El que quiera salvar su vida, la perderá" San Marcos 8,35. Es eso, "el que la pierda por mí y por el Evangelio, la encontrará" San Marcos 8,35.
Unamos con lo que acabamos decir: la persona que le dice a Dios, como Luis Bertrán: “Mira, lo que tengas que hacer, hazlo; lo que tengas que cortar, córtalo, y lo que tengas que quemar, quémalo ya; no te pongas con tanta contemplación”.
La persona que le hable así a Dios, no está queriendo salvar nada de su vida, precisamente porque le dice: “Lo que tengas que hacer, hazlo”, no salva nada; "lo que tengas que quitarme, quítalo". Es como una persona que se desnuda ante Dios y le dice: "Ahí estátodo", no salva nada; ese es el arte, ahí empieza uno a ser discípulo. Tú no salves nada para que Dios salve, es que el Salvador es Dios, no eres tú.
Lo que a ti te corresponde es lo que dice San Luis Bertrán: "ahí está todo, Señor; yo no voy a salvar nada". Qué tiene que salvarse, qué sé yo, mi salud, mi carrera, mis amigos, mi posición, mi fama, no, Dios es el único que sabe qué eslo que tiene que salvarse de uno. Obviamente, se comprende que esto nos queda grande; uno oye estas palabras e inmediatamente descubre que estas palabras son más grandes que uno.
Y falta ver si uno seguría diciendo edstas palabras llegado el momento, por eso nos adoctrina la modestia y la prudencia de San Francisco de Sales, que decía: "Yo sé qué es lo que debo hacer, lo que yo no sé es sí podré hacerlo cuando me toque hacerlo".
Eso se llama: verdad en el alma, "yo sé qué es lo tengo que hacer ¿pero voy a tener el valor y la coherencia y la humildad y la disponibilidad de hacerlo cuando haya que hacerlo? ¡Eso es lo que yo no sé!"
"Estoy seguro de lo que debo, pero no estoy seguro de lo que puedo". Eso se llama realismo y se llama humildad.
El evangelio como que continúa, profundiza y esclarece la lectura del Génesis, la primera lectura. Dice aquí: "El que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará” San Marcos 8,35.
¿Qué es perder la vida por Cristo y por el Evangelio? Pues mire, en el momento en el que uno se declara desnudo de todas esas cosas, y todas las entregacon la actitud de Luis Bertrán diciendo: "Usted quite todo lo que tenga que quitar", en ese momento las está dando por perdidas, las está perdiendo; eso es perder por Cristo y por el Evangelio.
Cuando nosotros tomamos esa resolución de corazón, y está el problema que Dios lo toma a uno en serio, cuando nosotros tomamos esa actitud, ¿qué pasa? Cuando queremos llegar a ese despojo, cuando queremos entrar en ese despojo, ¿qué pasa? Jesús nos dice: “El que pierda su vida por mí y por el Evangelio, se salvará" San Marcos 8,35.
Porque sólo hay dos maneras de vivir, una: vivir en lo que yo quiero salvar, y dos: vivir en lo que Cristo quiere salvar de mí.
Sí, Cristo me ama, Cristo me ama y sabe qué es lo que debe salvarse de mí, porque no todo lo mío tiene que salvarse, no todos mis proyectos tienen que salvarse, no todas mis ideas tienen que funcionar, no todas mis amistades tienen que durar, no todas mis oraciones tienen que ser respondidas como a mí me gustaría.
Cristo es el que sabe qué es lo que se debe salvar de mí, qué es lo salvable de Nelson eso no lo sabe Nelson, eso lo sabe Cristo. Luego sólo hay dos maneras de vivir: uno, tratando uno de salvar lo que uno ve que tiene que salvar, y dos, dejando a Cristo que salve lo que Cristo ve que tiene que salvar.
Ser discípulo de Cristo es esto segundo, es decirle a Cristo: "Quiero vivir en aquello que tú quieras salvar de mí; quiero permanecer en aquello que tú ves que es salvable, que ves en mí; eso es lo que yo quiero que permanezca, eso es lo que yo quiero que dure, eso es ser discípulo de Cristo, ese es el verdadero discípulo de Cristo".
Y de aquí entendemos otra cosa. Esa famosa frase del principio del Evangelio, es que como Cristo hablaba a veces de modo enigmático, porque los enigmas se quedan agarrados a la inteligencia, esos no se van. Decía Él: “El que quiera venir conmigo, que se niegue a sí mismo” San Marcos 8,34.
Suéltele esa frase a un hombre racional y filósofo y verá que no puede entender nada. ¿Qué puede entender de esa frase: "Que se niegue a sí mismo?" "¿Eso qué es? Eso es masoquismo, eso es complejo de culpabilidad, eso es autodestrucción, eso es suicidio emociona, ¿deje de decir bobadas!"
Eso no es ninguna de esas cosas. Que se niegue a sí mismo es esto que estamos diciendo: deje de escoger usted qué es lo salvable de su vida; es la definición más clarita que he podido encontrar de "negrase a sí mismo". No escoja usted lo rescatable de su vida, eso es.
¿Qué quiere decir "negarse a sí mismo?" No escoja usted qué eslo tiene que tiene que salvarse de su vida, que es algo equivalente a: suelte todo, entregue todo, presente todo en la presencia de Cristo, de modo que sea Él quién determine qué es lo que debe salvarse y qué no.
De modo que permanezca en el corazón suyo una única pasión, un único amor que es la gloria de Dios, el amor de Dios, el conocimiento de Dios, que Dios sea conocido, que Dios sea amado; usted quédese con eso, y lo demás, que le pase lo que sea, que lo salve Cristo y que Cristo salve lo que quiera salvar. ¿Qué tal ese perfil de un discípulo de Cristo?
Lo gracioso de esta predicación es, que dice el comienzo del Evangelio, estamos en el capítulo octavo de San Marcos, ¡y lo que hace falta! "En aquel tiempo Jesús llamó a la gente y a sus discípulos y les dijo: “El que quiera venir conmigo, que se niegue a sí mismo” San Marcos 8,34.
Eso es una cosa muy graciosa, ¿por qué? Porque sabe usted lo que pasa, ¿no? Resulta que Jesús llama a la gente, y cuando están cerca de Él, les dice: "¿sí saben lo que es estar cerca de mí?" Y expone este pequeño texto, este pequeño examen, obsérvese el movimiento: llama a la gente, porque así dice: “Llamando a la gente y a sus discípulos, les dijo" San Marcos 8,34.
Vamos a imaginar el marketing de Cristo. ¿Cómo funciona el marketing? El marketing funciona con varias fases: hay que llamar la atención de las personas, luego hay que mostrarle las ventajas del producto, luego hay que contarles por qué es un producto mejor que el de la competencia, luego hay que responder a las objeciones potenciales que tengan los clientes.
Luego hay que mostrar cuál es el camino para resolverse, y luego hay que tener unos puesticos donde la gente pueda hacer concreta su decisión, por lo menos dejando un número de teléfono, un correo electrónico o alguna cosa. Esos son los pasos básicos del marketing de acuerdo con los especialistas.
Pues Cristo se raja en marketing. El que Cristo llame a la gente empezó bien; cuando están ya cerquita les empieza a mostrar las ventajas del producto: "Hay que perderlo todo", obviamente, hasta ahí llega el marketing.
Realmente, parece que Cristo hubiera llamado a la gente para despedir a la gente; mirándolo con ojos simplemente humanos, esto ecomo si Cristo hubiera llamado a toda esa gente únicamentemente para decirles: “Ustedes realmente no dan la talla para esto”, es como si los hubiera llamado para despedirlos, es como si los estuviera vacunando, es como si estuviera despidiéndolos, rechazándolos.
Para entender un poco esta paradoja, hay que recordar cuál fue el evangelio que escuchamos el día de ayer, porqyue eso va en continuidad. El evangelio del día de ayer es el evangelio en el que dice lo siguiente: "Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas, por el camino preguntó a los discípulos: "¿Quién dice la gente que soy yo?2 San Marcos 8,27.
"Y vosotros ¿quién decís que soy? Pedro le contesta: "Tú eres el Mesías" San Marcos 8,29. Pedro le contesta: "Tú eres el Mesías"".
"Entonces empezó a instruirlos: “el Hijo del hombre tiene que padecer mucho" San Marcos 8,31.
Fíjense, la lectura de ayer es: ¿quién es Cristo? Y la lectura de hoy es: ¿Quién es un discípulo de Cristo? Hay una continuidad entre las dos cosas: “Yo no soy lo que ustedes se imaginan”, es en el fondo lo que está diciendo Cristo.
“Tú eres el Mesías” San Marcos 8,29. "-Bueno, muy bien, el Mesías", pero "el Mesías tiene que padecer y tiene que ser rechazado y tiene que morir” San Marcos 8,31.
Entonces ahí es donde Pedro se mete de consejero supremo y le dice: "No, no, ¿pero cómo te va a pasar esto? ¿Cómo así?" y entonces ahí es donde Jesús le dice: "Usted, detrás de mí" San Marcos 8,33. Ese es el texto griego, " ", “detrás de mí”, que es lo que traducen por "quítate de mi vista", realmente no es "quítate de mi vista", sino es "detrás de mí".
"Detrás de mí", parece que no es una expresión tanto de rechazo, como una expresión en términos de: "sígame; usted va detrás, y yo voy delante".
Jesús les ha dicho: "¿Quién dice la gente que soy yo?" San Marcos 8,29, y se da cuenta de que estos no han entendido quién es Él, no han entendido. Pues sí, Pedro acertó, pero acertó en las palabras, no acertó en la realidad.
Por eso Jesús, ¿qué hace?: "Miren, miren, el Mesías tiene que padecer, padecer". Los discípulos miraban: "Si, sí, padecer, padecer", pero no entendían nada. "Padecer, padecer, tiene que sufrir".
Es decir, Jesús desarma la falsa imagen que tienenen sobre el Mesías, Jesús lucha contra la imagen que tienen de Él, y le dice quién es Él. En el Evangelio de hoy lo que les está diciendo es: “Bueno, y si yo soy éste, ahora, ¿quiénes son ustedes?"
Porque es que una cosa va con la otra. ¿Ellos qué Mesías se imaginaban? Pues, obviamente, un Mesías de grandes prerrogativas, de grandes victorias, de grandes poderes que le iba a dar a uno un puesto a la derecha, y al otro un puesto a la izquierda, y ellos iban a “jugar a las tribus de Israel.
Es decir, sí Cristo es ese Rey glorioso, entonces nosotros somos la corte, ¡ah¡, pero ahora cámbielo, sí Cristo es el Crucificado, entonces ¡nosotros somos los siguientes en la lista. Para tal Cristo, tal Cristiano. Y aquí surge otra enseñanza que es a la que quería llegar.
Una imagen equivocada de Cristo, nos lleva a una imagen equivocada de qué es ser cristiano; si corriges tu imagen sobre lo que es Cristo, es decir, el evangelio que leímos ayer, corriges tu imagen sobre lo que significa ser cristiano.
Para encontrar el verdadero rostro del cristiano, tienes que encontrar el verdadero rostro de Cristo, y ese verdadero rostro es el que nos aparece fundamentalmente en el misterio de la Cruz; es decir, Cristo está despojado, y ese Cristo despojado es el que nos invita a nosotros también llevar una vida así, despojada. "Sí yo soy esto, entonces ustedes son esto otro".
Finalmente, una última reflexión sobre esto: Cristo, tanto en el evangelio de ayer como en el Evangelio de hoy, ¿contra qué está luchando? Pues está luchando, esas imágenes tan duras, tan drásticas, son expresión de una lucha, –yo creo que esa es la palabra-, Cristo está oponiéndose, está luchando contra algo.
Son imágenes casi agresivas, llama a la gente como para darle una bofetada, llama a la gente no como el que va a vender un producto, sino como el que va a corregir a los hijos.
¿Contra qué está luchando Cristo? Está luchando contra la imaginación, esa es la conclusión a la que yo he llegado, es como si Cristo les estuviera diciendo: “Miren, a mí mejor no me imaginen, juguemos a que ustedes no me imaginan a mí, no se hagan conjeturas, no se hagan suposiciones sobre mí, no me imaginen, procurenfie no imaginarme.
El Evangelio de ayer, con toda su dureza, y el evangelio de hoy, con toda su crudeza, en el fondo nos están diciendo: la imaginación, sobre todo cuando es llevada por los deseos de comodidad y de fama y de todas las demás cosas que suelen estar en el corazón humano, la imaginación no es buena consejera.
“A mí no me imaginen, procuren no imaginarme, quédense con la realidad de lo que ustedes ven de mí; quédense con lo que ustedes realmente encuentran en mí".
Quedarse uno con la realidad de Jesucristo, quedarse uno con la verdad de Cristo, no es otra cosa sino descubrir la Cruz de Cristo. La Cruz es la gran sanación de la imaginación humana. "Quite usted sus imaginaciones, quíteme los vestidos que usted se ha imaginado, y quédese con lo que usted ve de mí".
“En esa realidad, en esa verdad de mi Carne como usted la ve, destrozada y llena de amor, en esa realidad está su salvación". No soy un juguete, un muñeco en su imaginación, soy esto que usted encuentra, soy esta vida humillada, solitaria, dura, llena también de amor y de un gozo incompresible. Eso soy yo, esa es mi realidad".
Y por eso, si juntamos el Evangelio de ayer con el evangelio de hoy, en el fondo lo que nos está diciendo Jesucristo es: "Ámame en la verdad, porque yo te amo de verdad". Cristo no ama un Nelson imaginado, Nelson no debe amar un Cristo imaginado; el Nelson que Cristo ama es este Nelson real, con todas su posibilidades y con todas sus limitaciones.
¿Cómo me ama Cristo? Con mis llagas reales, ¿yo cómo debo amar a Cristo? Con sus Llagas reales. Los discípulos del Señor que han llegado a tener esta claridad, quedan fascinados de Cristo crucificado, y ya casi no quieren otra imagen que no sea la de Cristo crucificado; y en esas Llagas y en la verdad de esas Llagas y en la verdad de esa Sangre, descubren la verdad del amor.
Decía una artista cristiana colombiana, enamorada de la Cruz de Cristo, me decía una vez: “Estuve visitando el taller de otro artista, -yo no sé si ese otro era hombre o mujer, eso no me acuerdo, ni viene al caso-, estuve en eltaller de no sé quién y estaba pintando un Cristo, y le dije yo: "¿y cómo sé que ese es Cristo y no es Juan Bautista?”
¿Que tal ésa pregunta? Y le decía el otro o la otra: “Pues claro que es Cristo, no es Juan Bautista”, y le decía ella: "Es que yo sólo conozco a mi Cristo por las Llagas”.
"Yo sólo conozco a mi Cristo por las Llagas". Y es cierto, las imágenes de esta artista siempre tienen una detención particular en la verdad de las Llagas de Cristo. “Cristo me ama a mí en verdad, y mis llagas no son inventadas, no son imaginarias, las de Él tampoco".
Cristo me ama en verdad, yo lo amo en verdad. Sí llegamos a esa madurez de discípulos, pues la imagen de Cristo que nos va a fascinar es la imagen de Cristo crucificado, es la imagen de Cristo llagado. En la verdad de esa Carne y en la verdad de esa Sangre, está la madurez del discípulo.
Sigamos nuestra celebración, mis hermanos, dando gracias a Dios, tratemos de repasar lo que el Espíritu Santo nos ha concedido en esta reflexión: el entregarle los proyectos a Él, el decirle: “salva lo que tú quieras salvar", el decirle: "Señor, lo que tú rescates, ese es mi verdadero ser; lo que tú redimas, lo que tú salves, ese soy yo, ese es mi verdadero ser".
Descubramos lo que significa ese negarse, y descubramos finalmente el amor verdadero que Cristo nos tiene y el amor verdadero que estamos llamados a tenerle.