I063002a

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Fecha: 20110216

Título: La transformacion radical del ser humano sucede en su propio corazon por obra del Espiritu de Dios

Original en audio: [4 min. 15 seg.]


Continuamos con nuestra lectura del libro del Génesis en la primera lectura de la Misa y con el evangelio según San Marcos.

Estamos ya en el capítulo octavo del libro del Génesis, y se cuenta aquí el final de esa especie de "borrón y cuenta nueva" que hace Dios.

Se supone que el diluvio es una especie de purificación, como una especie de bautismo cósmico, que tiene por objeto limpiar la tierra.

Pero en las palabras que Dios dice después de que Noé y los animales salen del arca, según el relato que hemos oído, ¿qué es lo que encontramos? Encontramos que esta purificación no ha desterrado completamente el mal; lo que dice Dios para sí mismo, después de que termina el diluvio, es esto: que el corazón humano está mal inclinado, incluso desde la niñez y de la juventud.

¿Que enseñanza podemos tomar de este relato que puede parecer simplemente como un entretenimiento, como una fábula, un cuento más? Pues podemos aprender entre otras cosas que cada vez que nosotros deseamos esa clase de soluciones drásticas, cada vez que pensamos que lo único que habría que hacer es matar a todos los criminales, acabar con todos los guerrilleros, cada vez que imaginamos lo drástico como una respuesta, en realidad no estamos respondiendo nada.

Porque lo drástico no logra solucionar el problema interno, ese problema que lleva el corazón humano, y eso es lo que tiene que ser sanado.

Es decir, estamos apenas en el capítulo octavo del primer libro de la Biblia que es el Génesis y ya está bastante claro que el problema radical del ser humano esta en eso que llamamos el corazón, es adentro, es en el centro de operaciones y decisiones que llamamos el corazón, es allá en el recinto íntimo de nuestra conciencia donde nosotros podemos resolvernos por Dios o contra Dios.

Y por eso, ya en esta páginas tan primeras de la Biblia, va quedando claro que la solución radical implica la transformación del corazón. Es allá donde tendrá que llegar un día el Espíritu Santo de Dios para hacer de nosotros nuevas creaturas.

Los castigos espectaculares, los grande episodios como el diluvio pueden quizás causar impacto, pero el impacto no dura, necesitamos algo más profundo, y ya eso se ve desde el Génesis.

Interesante en el evangelio de hoy, capítulo octavo de San Marcos, cómo Cristo es paciente y es bien conocedor de ese proceso que tiene que llevar el ser humano. A mí me fascina esta curación de la que se habla en el pasaje de hoy de la Santa Misa.

Cristo curó a muchos ciegos, pero que yo recuerde, este es el único pasaje en que se habla de una curación en dos etapas: Cristo impone sus manos sobre la persona que está ciega y este hombre empieza a ver, pero dice: "Veo a los hombres, pero los veo como árboles que se mueven" San Marcos 8,24. Es decir, ha recuperado algo, pero todavía no ve bien.

Y así somos nosotros también en nuestro camino hacia Dios: empezamos a distinguir algo, pero muy borrosamente, y por eso necesitamos del poder de su amor que nos siga bañando y transformando.

Jesús obró con misericordia con este ciego hasta llevarlo a la perfección, y así también quiere obrar con cada uno de nosotros hasta que veamos claramente el plan de Dios y nos enamoremos de él.