I061001a
Fecha: 20010212
Título: Descubrir la senal del cielo en la tierra
Original en audio: [5 min. 13 seg.]
REVISANDO
Ese suspiro de Cristo en el evangelio indica al mismo tiempo cansancio, parece como desilusión. ¿Por cuántas razones se puede suspirar? En cualquier caso, la diferencia, el desnivel del lenguaje entre la propuesta que Él trae y aquello que estos oyentes exigentes, los fariseos, estaban esperando.
Hay un desnivel entre Él y ellos y ese desnivel causa muchas cosas que tal vez estaban expresadas en ese suspiro, por ejemplo, ¿qué tal estos hombres pidiendo una señal en el cielo, cuando el cielo les estaba dando señales en la tierra, la gran señal es Cristo. Cristo ha sido llamado, en el final del siglo XX, "el Sacramento del Padre”, es la gran señal y el gran instrumento de la gracia.
"Por Cristo, con Cristo y en Cristo tenemos libre acceso a Dios Padre en un mismo Espíritu" Carta a los Efesios 2,18, podemos decir, apoyándonos en aquel texto de Pablo de la Carta a los Efesios, la señal está en la Tierra.
Es una señal que nos invita a mirar hacia lo invisible, porque también decía Pablo: "Nosotros nos fijamos en lo invisible, pero aquél que nos conduce, aquel que nos educa en la búsqueda de lo que está más allá de nuestros ojos, primero se hizo visible ante nuestros ojos" [[:Categoría: ]].
Reconocer a Cristo, reconocer la señal del cielo en la tierra, esa es la predicación del Señor; en cambio la predicación de los fariseos supone, en el fondo, presentar a un Dios siempre descontento, siempre inaccesible, un Dios siempre imposible.
El Dios que nos presenta Cristo es un Dios posible, es un Dios con nosotros, es un Dios cercano, esto no significa que sea un Dios hecho a nuestra medida, sino significa un Dios que puede hablar en nuestra medida y hablar en nuestro lenguaje para conducirnos hacia su lenguaje y hacia su medida.
En nuestra vida, tenemos que buscar también esas señales, tenemos que buscar esa presencia de Cristo que está muy cerca de nosotros. Nuestra doctora de Siena, habla del conocimiento de nosotros mismos como principio para el conocimiento verdadero de Dios.
Tener noticia de Dios, sin encontrarlo en la propia historia, es tener una momia disecada, es tener una historia bien contada que no pasa de ser fábula.
Necesitamos encontrar a Dios en el recorrido de nuestros tejidos, en el curso a veces rutinario, aburrido de nuestros días; y por eso, cuando Cristo se niega a dar la señal, da media vuelta y se va, causa en ellos desazón, descontento, de pronto rabia o tristeza. Pero no es un acto soberbio o de desquite en Cristo. Es más bien el comienzo del conocimiento de sí mismos en estos hombres.
Al quedarse sin Cristo, de pronto pueden descubrir algo sobre quién es Cristo, es decir, sobre cuánto puede dar esa señal que Dios Padre ha traído a esta tierra.
Que el Espíritu Santo nos ayude a leer nuestra historia, nos ayude a leer nuestro momento, nos ayude a encontrar en esas señales próximas, en esas voces cercanas, en eso cotidiano, nos permita encontrar el paso de Dios, pero no se trata de descubrir cosas pequeñas en lo pequeño, porque eso haría nuestro corazón diminuto.
Que el Espíritu nos permita encontrar las cosas grandes en palabras pequeñas y el mensaje inmenso de Dios en ese espejo que es nuestra propia vida.