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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20110211

Título: El pecado nos hace ver a Dios como el enemigo de nuestra felicidad

Original en audio: [4 min. 27 seg.]


¡Es tan sabia la Palabra de Dios! ¡Con qué manera tan sencilla nos explica incluso las cosas más complicadas!

Miremos el caso de hoy: Génesis capítulo tres. Ahí aparece la tentación y el pecado, el que llamamos "pecado original".

La serpiente es la gran calumniadora, la serpiente tiene un propósito, y es separar a Dios y al ser humano. Y para eso se necesita atacar al hombre, es decir, atacar al ser humano. Porque es obvio que la serpiente, -y el Apocalipsis nos dice que la serpiente es el Diablo y Satanás-, no puede nada contra Dios, entonces tiene que irse contra el hombre.

Pero mientras el ser humano, mientras el hombre ve en Dios su amigo, su guía, su salvación, la serpiente no tiene nada que hacer. Así que para lograr su cometido la serpiente tiene que desfigurar la imagen de Dios en el hombre, tiene que calumniar, tiene que producir una división entre el deseo de satisfacción inmediato y la felicidad a través de la obediencia, que será siempre algo a largo plazo.

Esta es la estrategia de la tentación. Lo inmediato, lo placentero, lo que uno puede controlar, entra en conflicto con lo que reqiere más esfuerzo, lo que pide más renuncia, lo que requiere de mayor paciencia y mayor obediencia pero que también daría un fruto mayor.

Un ejemplo casi tonto es el del estudiante que quisiera jugar todos los días porque el juego le reporta un gusto, un placer inmediato, mientras que el estudio requiere perseverancia, requiere paciencia, requiere esfuerzo, requiere obediencia.

Entonces sacrificamos lo que es valioso, porque lo sentimos lejos, por aquello que es pobre, que es engañoso, que es venenoso, pero que lo sentimos cerca.

Y de esa manera Dios aparece como un enemigo, porque los bienes que Dios promete no son bienes todos inmediatos, muchos de esos bienes requieren un camino de perseverancia.

Entonces la serpiente calumnia a Dios, le habla a la mujer, y presenta a Dios como un enemigo, presenta a Dios como un envidioso, presenta a Dios como uno que está retrasando nuestra felicidad; y en cambio presenta el fruto, el fruto prohibido de ese árbol, lo presenta como el placer inmediato, como la sabiduría sin esfuerzo, como aquello que está bajo mi control, aquello que yo puedo determinar.

A través de la soberbia, a través del deseo desordenado, a través de la desobediencia se configura entonces el pecado.

Qué interesante ver que la serpiente calumnia a Dios presentándolo como enemigo de nuestro bien, mientras que en el evangelio, capítulo séptimo de San Marcos, precisamente la conclusión a la que llega la gente, mirando a Jesucristo con su poder sanador, es que Él "todo lo ha echo bien" Marcos 7,37.

Mientras que el demonio, mientras que el pecado intenta que nosotros miremos a Dios como enemigo de nuestra felicidad, Jesucristo es la mano amorosa, la mano extendida de Dios que nos muestra como Dios es el más interesado en nuestro bien.

Muchas veces ese bien no es obvio, muchas veces no es inmediato, pero es el bien mayor y es el fruto del amor de Dios.