I046001a
Fecha: 19990206
Título: Hacer de nuestra vida una frenda de amor a Dios y al projimo
Original en audio: [5 min. 53 seg.]
Llegados a este sábado de la cuarta semana del tiempo Ordinario, en los años impares, nos estamos despidiendo de la Carta a los Hebreos. Uno documento teológico profundo que nos ha acompañado durante estas cuatro semanas completas.
Una palabra escrita para dar esperanza de una manera muy singular, enseñándonos a apreciar lo que Dios ha hecho por nosotros.
En verdad esta es la fuente de la verdadera esperanza. Dar esperanza no es solamente decir unas palabras como: “ánimo”, “no todo esta acabado”, “tú puedes, tú siempre puedes”.
Estas no son las palabras que nos darán la esperanza que necesitamos en la vida cristiana, porque los desalientos adentro, y los ataques, la indiferencia, las burlas, afuera, tienen fuerza y precisamente esa fuerza es la que no encontramos en nosotros mismos.
La Carta a los Hebreos no es un manual de auto liberación o auto redención. Es una descripción con un lenguaje profundamente enraizado en el Antiguo Testamento; una descripción de cuál ha sido la obra de Jesús por nosotros.
La Carta a los Hebreos lee esa obra de Jesús en clave de sacrificio y muestra cómo ha sido un sacrificio superior a todo lo que se hacía según la Ley de Moisés.
Ahora bien, ese esa enseñanza tiene hoy su conclusión y se resume finalmente en el amor a Dios y en el amor al prójimo. Puesto que la obra de Dios en Jesucristo, con Jesucristo y a través de Jesucristo, ha sido descrita en términos de un sacrificio; también nuestra vida se describe en términos de sacrificio.
Hoy aparece esa palabra dos veces: "Por medio de Jesús, ofrezcamos continuamente a Dios y un sacrificio de alabanza, es decir, el fruto de unos labios que profesan su nombre. No os olvidéis de hacer el bien y de ayudaros mutuamente, esos son los sacrificios que agradan a Dios" Carta a los Hebreos 13,15-16.
De manera que si Cristo en la cruz está dándole toda la honra a Dios y está otorgando la salvación a nosotros.
Si Cristo en su sacrificio de la cruz es la expresión resumida y más plena del amor a Dios y del amor al prójimo, nosotros que vamos detrás de Cristo como detrás de nuestro pastor, también hacemos de nuestra vida un sacrificio, un sacrificio de alabanza y amor a Dios, un sacrificio de servicio y amor al prójimo.
El resumen de esta Carta está entonces en lo mismo que es el corazón de la vida cristiana, como ya nosotros bien lo sabemos, amar, amar a Dios y amar al prójimo.
Solo que como esta Carta ha utilizado ese lenguaje de la ofrenda y el sacrificio, también nuestro amor tiene nombre de sacrificio en esta conclusión de la Carta.
Pero no sacrificio del simple dolor, la reafirmación o la abnegación; como ya recordaba San Agustín en su tiempo, la expresión “sacrificium”, lo que significa es: "aquello que se vuelve sagrado".
Pues bien, nosotros nos volvemos sacros, nos volvemos sagrados, caminamos en nuestra santificación, precisamente con la alabanza a Dios, profesando su nombre y con el servicio a nuestros hermanos, amándolos como el mismo Dios nos ha amado a nosotros.
Nos toca dejar la Carta a los Hebreos, por lo menos en la lectura litúrgica, nos toca dejarla. Importante que cada uno de nosotros se pregunte qué ha pasado en esta meditación de cuatro semanas en la Carta a los Hebreos.
Importante que cada uno y cada una, haga como un balance de lo que ha aprendido. Examine si ha aprendido a venerar, a amar, a escrutar con mayor profundidad la ofrenda de Jesucristo.
Importante que cada uno y cada una palpe en su corazón si está dispuesto a hacer de su propia vida una ofrenda. Si es así, esta lectura nos ha aprovechado, si no es así, pues nos toca seguir lo que propone el sistema educativo colombiano hoy por hoy a la mayoría de los estudiantes.
Hoy nadie pierde el año; lo mismo aquí: nadie pierde el año. Si notamos que hemos asimilado poco, no significa que hemos pedido el año, significa que tenemos que devolvernos para alcanzar algunos logros.