I045004a

De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20110204

Título: El centro de nuestra fe esta en que proclamamos que Cristo esta vivo en medio de nosotros

Original en audio: [4 min. 19 seg.]


A lo largo de sus trece capítulos, la Carta a los Hebreos ha querido darnos motivos de ánimo, motivos de fidelidad y de perseverancia en la fe cristiana.

Esta comunidad que llamamos "de los hebreos", estaba constituida por gente que se había convertido del judaísmo, probablemente ellos estaban ligados al culto en el Templo, es decir, su mundo era el mundo de los sacrificios, allá en el Templo de Jerusalén.

Y por eso, la carta ha tenido que hacer numerosas comparaciones entre lo que sucedía en la Ley de Moisés y lo que sucede en el nuevo régimen, el régimen inaugurado por Jesucristo.

Básicamente, esta Carta a los Hebreos ha contado cómo es superior la Alianza Nueva, la alianza que se ha sellado en en la persona y en la Sangre de Jesucristo. Mostrando cómo es superior la Alianza y el Sacrificio y la Sangre de Cristo, está diciéndoles: "Este es el tiempo para perseverar, es el tiempo para sostenerse en la fe, es el tiempo para continuar con empeño".

Pero la principal razón, la principal motivación para la fidelidad y para la constancia es el mismo Cristo, y eso es lo que aparece en el pasaje del día de hoy, tomado del capítulo número trece de esta Carta a los Hebreos.

Ahí es donde encontramos esa frase que significaba tanto en ese momento y que conserva todo su sabor y su sentido hoy: "Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre" Carta a los Hebreos 13,8.

Nuestra razón para perseverar es que Jesús nunca queda en el pasado, nunca queda desueto, nunca es simplemente un recuerdo.

Yo, personalmente, tengo memoria de mi tiempo de estudios en la Universidad Nacional de Colombia, muchos de los estudiantes eran comunistas, y ellos querían mantener viva la herencia de Lenin o de Mao o de algunos otros pensadores y escritores socialistas y comunistas, empezando por Marx, por supuesto.

Pero lo interesante es que, en el caso de estos comunistas, eran ellos los que querían mantener vivo el recuerdo, eran ellos los que le daban algo de vida a los escritos de Marx, o de Mao Tsé-Tung, o de Lenin, ellos le daban vida a los muertos.

En el caso del Cristianismo la situación es diferente: el centro de nuestra fe es la proclamación de que este Cristo en el que nosotros creemos está vivo, es Él quien nos da vida a nosotros, es Él quien nos sostiene a nosotros.

Los comunistas mantienen vivos a sus muertos; Jesucristo, el Resucitado, es el que nos sostiene, es el que nos da fuerza y nos da vida a nosotros.

Esa permanencia de Jesucristo está asegurada en otros pasajes de la Escritura, especialmente en el capítulo veintiocho de San Mateo, donde leemos que el mismo Señor asegura a sus Apóstoles: "Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo" San Mateo 28,20.

Nosotros no contamos con Cristo únicamente como quien cuenta con un recuerdo; contamos con Él porque, vivo en medio de nosotros, nos da su Espíritu, nos perdona, nos enseña, nos corrige, nos alimenta, también, nos abraza con misericordia y nos levanta una y muchas veces.