I045001a
Fecha: 19970207
Título: Obedecer, amar y seguir a Jesucristo
Original en audio: [30 min. 44 seg.]
Que poco valía Juan, bastó el capricho de una jovencita casquivana, bastó el capricho de esta muchachita para que cayera la cabeza de Juan.
Que poco valía esa cabeza por lo visto, y sin embargo, de esa cabeza y de esa vida, dijo Jesucristo: “De mujer no ha nacido nadie mayor que Juan” San Mateo 11,11.
Juan el Bautista es lo màs grande que puede dar a luz una mujer y hasta ahí llega la mujer; para engendrar algo màs grande que Juan se necesita no una mujer, se necesita la gracia, el poder del Espíritu Santo.
Lo màs grande que puede engendrar una mujer, lo más grande que puede salir de sus entrañas, es una vida como la de Juan, eso es lo más grande que puede dar una mujer, que es una manera de decir; “Eso es lo más grande que puede engendrar la carne humana, eso es lo más grande que alcanza nuestra carne”.
Para engendrar más que eso se necesita la fuerza y el poder del Espíritu Santo.
Que poco valía la cabeza de Juan que fue asesinado sin ceremonias. Intente usted, por favor, reconstruir la escena.
Juan lleva unos días o semanas, quizá meses en la cárcel del palacio de Herodes, las cárceles de la época eran como todas las cárceles de la antigüedad, huecos, literalmente huecos, excavaciones sin luz y casi sin aire, llenas de humedad, más semejantes a una tumba que a una vivienda.
Porque el propósito era que el encarcelado se sintiera ya muerto y de hecho muchos morían ahí, y de pronto una luz, una antorcha, Juan con los ojos encandilados, porque lleva mucho tiempo en plena oscuridad, apenas alcanza a ver qué es lo que llega, una luz, una antorcha, y detrás de esa antorcha, un hombre con una espada.
¡Que muerte tan triste! Juan solo, enfermo, seguramente enfermo, muerto de fróo y de hambre, metido en un hueco, y cuando le llega una luz, eso parece un chiste cruel, cuando le llega una antorcha es para decirle: “Ahora te voy a matar”
¿Qué sentiría el corazón de uno? ¿Hay alguien que haya padecido un absurdo parecido a eso? ¿Hay algo más absurdo que sentir que le quiten a uno la vida? ¿Y por qué me vas a quitar la vida tú?
Imaginémonos el encuentro entre este verdugo y este profeta, de pronto, en algún momento tuvieron que estar de frente, ¿y qué tiene Juan? Nada. ¿Y què tiene el otro? Una espada, o un hacha, o lo que sea; "y yo vengo a matarte a ti, y si traje luz es para poder ver bien en dónde está tu cabeza y asegurarme de que mueras, a eso vengo".
¿Será posible que la fuerza de ese soldado sólo sirva para decapitar a Juan? ¿No nos parece el colmo de la iniquidad, el colmo de la estupidez? Yo me atrevo a preguntar, ¿realmente ese soldado tenía que obedecer esa orden? ¿Es justo obedecer a ese tipo de órdenes?
Pero saben que si hubiéramos entrevistado a ese soldado, cuando ya llevaba, porque en una mano llevaba una antorcha y en la otra una bandeja, y el espectáculo horrendo es: “-Vine aquí para quitarte la cabeza” "-¿Y esa bandeja para qué es?" "-Para llevármela" "-¿Y por qué te vas a llevar mi cabeza?" "-Me voy a llevar tu cabeza porque resulta que la hija de Herodías quiere que yo te corte la cabeza". "-¡Ah, bueno, sigue!"
"Vengo aquí para llevarme tu cabeza", hay que hacerse esa pregunta: ¿yo estoy queriendo llevar hasta el extremo el asunto de la situación? Porque muchos de nosotros obramos también así, muchos de nosotros obramos con complicidades semejantes.
Nosotros muchas veces somos el último eslabón de una cadena de absurdos, me parece que donde mas se ve esta cadena de absurdos es en el crimen del aborto.
A Juan lo mataron de un tijeretazo, a los abortos los matan de muchos tijeretazos, porque no se sabe dónde está la cabeza. Entonces, es necesario hacer picadillo al feto, porque no se sabe cuál es la cabeza que toca cortar.
Pero si uno entrevistara a esa niña que aborta, ella diría: "Es que me toca lo mismo que dice el soldado: “Yo cumplo órdenes simplemente. A mí me dijeron que cortara esta cabeza". Yo pregunto: ¿realmente hay que recurrir al sistema? ¿Realmente hay que hacer caso a ese tipo de órdenes?
Preguntémosle a la persona que soborna o que se deja sobornar: "-¿Usted por qué dejo que la iniquidad entrara a su compañía?" "-Porque tengo que hacerlo".
Esa es la maldición de la que quiero que quedemos libres hoy, en esta noche, mejor dicho, todo mi mensaje es este: Usted no está condenado a ser malo, no hay ninguna condenación que lo obligue a usted a ser malo; usted no está condenado”.
Porque yo pregunto: ¿cuál de los dos era el condenado y cuál era el libre? Juan Bautista, aun en la cárcel, está unido a la verdad y a la luz, este soldado así lleve una lámpara o una antorcha en su mano, es más esclavo y más prisionero que el mismo Juan.
Usted no está condenado a ser malo, usted puede romper las cadenas que se supone que lo vinculan, las cadenas que lo unen al mal. "-¿Por qué, entonces, se dejó sobornar?" "-Porque el mundo está podrido, porque todo es plata, porque no hay nada que hacer".
Uno se matricula en esa complicidad, en esa terrible complicidad con el pecado, uno se matricula, cuando uno empieza a decir: “Como todo es plata”, el que dice: “Todo es plata”, ya se puso un precio.
Yo les encarezco, en el Nombre de Cristo, no vuelvan a utilizar esas expresiones, que en el fondo reniegan el reinado de Cristo.
Cuando usted dice: “Todo es plata”, usted dice: “Deme lo suficiente y haré lo que me pide”. Seguro que a este soldado le pagaban bien, y seguro que este soldado, antes de hacer rodar la cabeza del Bautista, seguro que también el había dicho: “Como todo es dinero”.
No, el cristiano tiene que tener esto claro: "¡No, hay cosas en las que no tengo precio! ¡Hay cosas en las que no voy a ceder!". Usted no es el último eslabón de una cadena de consecuencias.
Hace unos años hubo una película en cine, yo no la vi, me contaron aparte, una película llamada “La Misión”, que relata la obra de los Padres Jesuitas en el Paraguay, las especies de resguardos que los Padres tenían ahí.
Después de una serie de triquiñuelas políticas, después de una cantidad de intrigas, la obra que estaba haciendo la Compañía de Jesús allá en el Paraguay se echò a perder.
Y me cuentan, así que puedo estar equivocado o fallarme la memoria, me cuentan que en las últimas escenas dialogan dos personajes, para ambos está claro que se echaron a perder las misiones de los jesuitas, que ese bien se dejó de hacer, el bien que se estaba haciendo se dejo de hacer, y uno le dice al otro: “bueno, ¿pero què hacemos? el mundo es así”
Otra frase que se la va a acabar a usted hoy: "El mundo es así", "la vida es así", eso dice uno de ellos y el otro le responde con sabiduría y con una ironía contenida, le responde: “El mundo no es así, lo hemos hecho así”.
“Ah, es que todo es plata”, "es que todo son intrigas", "todo son influencias", "la vida es así", "el mundo es así", "y hoy se sabe que en las universidades es así". ¡Eso no es así! Hay que liberarse de ese tipo de esclavitudes.
Oye, ¿qué clase de ley es la que tiene que decir que una persona entra a la universidad y pierde la fe, pierde la virginidad, pierde la pureza, pierde la oración, pierde a Dios? ¿Dónde esta escrito eso? ¿Por qué hay que hacerle caso a esa ley?
¿Por qué hay que obedecer esas leyes? Entra usted a una compañía: "Aquí uno roba, el otro adultera, el otro miente, el otro no sè que, eso es así. ¡No, eso no es así! Lo hemos hecho así, y podemos empezar a hacerlo distinto, el mundo no está hecho, nosotros lo hacemos y lo hacemos bien y lo hacemos mal.
"Padre, tengo novio, y resulta que como es natural nosotros teníamos relaciones". ¡No, no es natural, ¿quién mandó, dónde está escrito que el noviazgo significa tener relaciones? ¿Dónde está escrito eso? Y suponiendo que estuviera escrito, ¿quién dijo que toca obedecer a esa ley? ¿Quién lo dijo?
Nos damos cuenta, hermanos, ¿a cuantas leyes estúpidas y asesinas obedecemos, como este soldado cretino que obedeció a Herodes? ¿Había que hacerle caso a esa niña? ¿Había que hacerle caso a ese manojo de superficialidad, de vanidad, de estupidez? ¿Había que obedecer esa orden?
"Eso es así, la vida es así, eso es lo que siempre pasa". ¡No, no es lo que siempre pasa! El día de mañana, hoy es siete de febrero, mañana es ocho de febrero de 1997, el día de mañana no está hecho, eso viene a decirle Cristo Jesús a usted en esta noche, usted lo hará y lo hará bien o lo hará mal; lo hará en la presencia de Dios o a sus espaldas.
La vida no está hecha, las universidades no están hechas, los trabajos no están hechos, nosotros los hacemos.
La lectura de hoy es una invitación a vernos retratados en ese soldado, alguno fue retratado en ese pobre Juan, que por honrado, por veraz le pasó lo que le pasó.
De pronto es más provechoso para nuestra conciencia que nos miremos retratados en ese soldado, y yo les ruego el favor de que usted haga un examen de conciencia y piense: "¿Cuàles son mis complicidades?"
Hágame el favor de pensar usted esta pregunta: "¿A què Herodes le estoy haciendo caso yo?" Hágame el favor de pensar eso, ¿si?
El mundo no está hecho, si el mundo apesta será por los malos olores de ustedes y míos, porque el mundo no apestaba al principio.
Y si usted entra a un trabajo y hay un ambiente muy pesado: “Es que el medio médico es muy pesado”, “el medio financiero es muy pesado”, “es que el ambiente de los ingenieros es muy pesado”, “es que el medio de los artistas es muy pesado”, ¿Por qué? ¿Dónde está escrito eso?
"-¿Por qué usted le hace caso a eso?" "-No, es que uno sabe que el mundo de los artistas es muy libertino". "-¿Mandó decir quièn? ¿Quièn mandó decir eso? ¿Por qué hay que hacerle caso? ¿Quién dijo eso?
Artista entonces significa superficial, liberada, fácil, ¿por qué? ¿Por qué médico significa presuntuoso, altanero, vulgar, incrédulo y probablemente adúltero? Abogado significa ladrón ¿por que? El mundo no está hecho así lo hemos hecho así y podemos hacerlo de otra manera.
Claro, cuando uno ve a ese soldado con una cara de estúpido, veamos la cara del soldado: “-Vengo a matarlo”. “-¿Viene a matarme, ¿por qué viene a matarme? “-Es que tengo que hacerle caso a la niña” "-Tengo que hacerle caso a la niña que danzó; hay que hacerle caso a la niña". ¡Pedazo de cretino! Ese es el tipo de obediencia que tiene tanto muchacho hoy.
“Es que tengo que peluquearme así”, “es que así mandaron decir así, allá en Londres mandaron decir que nos peluqueáramos todos los muchachos del mundo así, y que nos pusiéramos estos tenis”.
“-Mamá, yo quisiera saber què debo hacer para perder pronto mi virginidad”. “-Bueno, mijita, me alegro que de pronto estés como despertando, que estés ya como entrando en esa tónica”. "-¿Y eso quién te lo mandó decir? ¿Quién?" “-Todas mis amigas lo mandaron decir, que yo era rara”.
¿Por qué hay que hacerle caso a esa orden? Usted de pronto, oiga bien, ¿no siente en su corazón que usted puede ser otra historia? "-Ah, pero da miedo", claro que da miedo, desde luego que da miedo, y sin Cristo no se puede.
Piense, ¿a quieén le estoy haciendo caso yo? Piense a quién le está haciendo caso, haga un examen allá en su conciencia, no una regresión sino un examen: "¿Oiga, ¿cuál es la gente a la que yo le hago caso?" Si usted pasara por ese “test” a una cantidad de creencias, usted se daría cuenta que las cosas son muy distintas, muy distintas.
Yo creo que ninguna generación ha tenido jóvenes tan obedientes como los que tenemos hoy en el mundo, yo creo que los jóvenes más obedientes han existido hoy, lo que pasa es que le obedecen y obedecen a los que le obedecen; pero obedientes sí son.
¿Sabe còmo se yo que sí son obedientes? Se lo voy a probar. Si usted entra, por ejemplo, allá a un regimiento y le dicen, allá el general o el mayor o el almirante: "¡Firmes!" Y todos los dos mil ochocientos soldados en posición de firmes, entonces usted dice: "Aquí hay obediencia", ¿por qué? Porque todos hicieron lo mismo.
Hay una obediencia tenaz, ¡qué tal que dijera el capitán o el general: ¡Atención, firmes!" Y el uno sigue hablando, el otro conversa, otro se da la vuelta y otro se sienta en el piso, y dice uno: “Aquí hay desobediencia”.
Pues por este mismo argumento, yo les digo en la cara a los estos jóvenes que están aquí, que ustedes son la gente màs obediente que yo he conocido, todos igualitos y la prueba de que todos son igualitos es que oyen las mismas emisoras, repiten los mismo chistes, se peinan de la misma forma, conocen los mismos pecados, ¡què obedientes son ustedes, muchachos!.
Son tan obedientes que cuando el grupo de rock les dice: “Ahora digan que todos son rebeldes”, entonces todos dicen: “Todos somos rebeldes, oigan, todos estamos muy rebeldes, todos dijimos que éramos rebeldes, ¿vieron còmo lo dijimos todos al tiempo?" ¡Borregos!
Claro, entonces cuando llega el sacerdote y le dice el muchacho: “-Mira, que yo quiero esto o lo otro”. "-Nooo, Padre, por favo, y guardemos las proporciones, ¿sí, Padre? O sea yo, padre, yo le noto a usted un karma extraño, así me miré una vez yo, tenía un karma extraño".
La gente más obediente que he conocido son los jóvenes de hoy, todos igualitos, todos repiten lo mismo, se ponen, por ejemplo, a correr en los carros, compran, por ejemplo, una marca, se ponen a correr y se encuentran por allá en la autopista y entonces bajan la ventanilla y el otro también baja la ventanilla y dicen: "88.9, yo también".
Pero sì, rebeldes, sí, son rebeldes, entonces por allá les dice el líder: “De ahora en adelante todos pondrán cara de agresivos, ¿ok? Entonces, a partir de ahí todos ponen cara de agresivos; mandò decir que pusieran cara de agresivos.
Siguiente semana: “Muchachos, la consigna para esta semana son calaveras y esqueletos en las camisetas, ¿ok? "Sí, todos de acuerdo, de acuerdo, nos pusimos de acuerdo en ser rebeldes".
No conozco gente más obediente que la juventud de hoy, y desde luego que con ese género de obediencia, pues ¡què futuro se está preparando? Ese mismo muchacho que juega a rebelde, como le describía muy bien un sacerdote en una predicación, que se disfraza de hippie por la mañana y que se quita el disfraz cuando le da hambre, y por la noche va y se vuelve a la nevera: “A ver, qué tiene mi papá que sí trabaja honradamente”, “a ver, ¿qué hay aquí en la nevera?”
Es que es gracioso ver a los muchachos todos disfrazados con sus aretes, y me perdonan, todos los muchachitos disfrazados con sus aretes y uno le llama al otro rebelde “Mike” “sí, aquí te escucho” y le dice: “Oye, una pregunta muy importante: "Oiga, ¿què tal? ¿Què pasò? Oiga, ¿a usted también le duele la oreja cuando se quita el arete?” Y dice el otro: “Pues sí, claro". "-Ah, bueno, es que creí que me había salido el brujo, menos mal".
Oiga, es tan ridícula esta vida, claro, el muchacho que jugó a ser hippie, que jugó a ser rebelde ¿què le pasa? Cuando ya se le acaban los juegos entonces ya se pone corbata, se pone serio, viene a secretario ¿y sigue què? Sigue pasando de un amo a otro amo.
Entonces, sale de su pandilla y de su “rebeldía” a ser serio con su corbata, se organiza, "entonces ahora somos yuppies; entonces ya es una situación distinta, nosotros ya no somos como esos muchachitos que andan por ahí, no. Nosotros ya somos de una nueva generación y nosotros tenemos que pensar el país nuevo, ¿ves?"
"Nosotros estamos pensando el país nuevo, para lo cual nos ayuda este cuarzo que me dio una bruja, somos gente crìtica, entonces nosotros no le vamos a creer a esas predicaciones de la Iglesia, no, por favor, me dio como agriera, ¿dije iglesia? Me dio como agriera".
"¿Còmo es que se llama esta niña? Pascualina, prepárame un ice cream suavecito para esta agriera! ¡Caray!, esta úlcera, yo con veinticinco años y con úlcera, es que es el trabajo, es el strès que ya hemos dicho...."
Entonces el tipo aquí con su agriera: “¡Nosotros que le vamos a hacer caso a esa gente!” Oye, ¡entonces en que quedó lo del hechicero? ¿Siempre va a venir a rezarnos aquí a la compañía? Ese es el medio profesional hoy.
El mismo muchachito que gritaba a la mamá: “Yo no le creo nada a usted”, y luego le llama al compañero de pandilla: “Oiga, ¿Qué era lo que le tenía que decirle? Es que hay una manera de hablar a la mamá que no me acuerdo, es que hay una manera como con estil..."
Eso mismo que supuestamente es rebelde, pero que en realidad es un gran obediente, sigue siendo eso mismo en la compañía, entonces en la compañía sigue siendo rebelde que está pensando el país nuevo.
“No, Es que desde luego el gobierno de tal…”, o sea, que no ha percibido, ha habido un desfase no sólo entre el país político y el país nacional, sino un desfase entre el proceso de planeación, los procesos de evaluación, y eso es lo que nosotros estamos pensando superar a través de un network".
Traduzco, como somos de payasos, como era payaso ese soldado, ¿Usted se imagina ese soldado? vengo a matarlo a usted, pero le toca ponerle cara seria y tengo que saber que su muerte es un asunto muy serio, cuidado con reírse de mì, yo voy a matarlo a usted".
Hermanos, ¿a qué Herodes estamos obedeciendo? Muchachos niñas, ustedes son la gente màs obediente que yo he conocido, tenga la gentileza de decir eso en los grupos de oración.
Aquí hay gente de muchos grupos de oración, repítanles eso: “Muchachos, niñas, ustedes son la gente más obediente que yo he conocido”, y cuando gritan todos juntos que son rebeldes se ven tan tiernos.
Hermanos míos, ¡a la porra Herodes! Usted no está condenado a ser malo, usted puede ser distinto, el día de mañana no está escrito, escoja a quién obedecer, y yo le propongo, obedézcale a Jesús, a Jesús de Nazaret, hágale caso, conózcalo, amelo, sírvalo, obedezca a Jesucristo en su corazón.
Joven, en el fondo hay una sed de obediencia, ¿por qué no darle esa obediencia a Jesucristo? Pero no hablo sólo para los jóvenes, en su corazón de adulto, en su corazón de madre, de esposo o de esposa, usted necesita a quièn obedecer.
Yo le invito: obedezca a Jesucristo, entre en la rigurosa obediencia a Cristo y usted sabrá lo que es libertad, y cuando llegue el soldado con la antorcha usted le dirá: “Tú tienes una antorcha; yo tengo al sol, yo tengo a Jesús, y Él sólo Él es mi Señor”.
Amén