I044001a
Fecha: 19970206
Título: Dos alianzas, dos lenguajes
Original en audio: [3 min. 40 seg.]
La Carta a los Hebreos hace una comparación entre lo terrible de la Alianza que se celebró con Moisés y lo amable de la Alianza que se celebró con Cristo.
Moisés se acercó a un monte, el monte Sinaí, y Jesús se acercó a otro monte, el monte Sión, que es el nombre de una región, una pequeña colina en Jerusalén.
En Moisés, rayos, centellas, un espectáculo terrible; en Jesús, mansedumbre, perdón y un espectáculo admirable; en Moisés, la certeza de que el que desobedezca, muere; en Jesús, la certeza de que el que obedezca, nace y vive.
Mientras que Moisés podía señalar dónde estaba el mal y qué estaba mal, Jesús señala lo que está bien y dónde está el bien. Las dos Alianzas en cierto modo son necesarias. Al corazón humano no se le puede dar tanta dulzura, porque se echa a perder, y hay heridas que necesitan firmeza y necesitan ser operadas, cauterizadas.
Si uno se raspa y se le echa ahí miel, vino, gaseosa, se le pudre la pierna, porque eso no es para salud de una raspadura. Si el niño se raspa, entonces así arda un poquito, toca echarle su merthiolate o alcohol, yodo, alguna cosa, pero no se le puede estar echando luego alcohol, merthiolate, vinagre, toda la vida porque entonces se nos achicharra el niño.
Es necesario saber dar merthiolate o alcohol para limpiar, y es necesario dar dulzura, comprensión, perdón. Esa fue la pedagogía que tuvo Cristo también con la humanidad. Nos habló fuerte en el monte Sinaí, y nos habló profundo, pero con una nueva suavidad, en la altura de la Cruz.
Hay que saber oírle los dos lenguajes a Dios y hay que saber que los dos nacen de su amor. No es que Dios estuviera bravo en el monte Sinaí y luego se le pasó la rabia en Cristo, son expresiones distintas de su mismo amor. Como un papá que quiere a su hijo cuando lo reprende, o cuando lo consiente.
Sin embargo, es más perfecto el consentimiento, el amor, la ternura que nos ha dado en Cristo porque en realidad en esa Cruz de Cristo, está también lo terrible de la primera Alianza, pero está, de tal manera, que se manifiesta para bien nuestro, para perdón nuestro.
Todo lo que era terrible en el monte Sinaí y en la Alianza de Moisés, está en las llagas de Cristo; pero sus llagas y su Sangre ya no nos asustan, porque están gritando, no venganza, sino perdón.
Que estas palabras alienten nuestro corazón a ser fieles a Dios, a que no tenga que hablarnos duro, a que pueda hablarnos siempre suave, y siempre, como hijos amorosos y obedientes, podamos entenderle.