I026001a

De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20050122

Título: El verdadero sacrificio en favor de los hombres

Original en audio: [11 min. 54 seg.]


Queridos Amigos:

Meditemos juntos en la primera lectura del día de hoy.

Creo que es un buen ejemplo de lo que significa el paso del Antiguo Testamento al Nuevo Testamento, porque en realidad la Carta de los Hebreos está continuamente en ese paso, como en ese diálogo o esa dialéctica entre lo que existía o estaba establecido en el Antiguo Testamento y lo que ahora existe, lo que queda establecido una vez y para siempre, gracias al sacrificio de Cristo.

Toda la Carta a los Hebreos está enfocada a que miremos esos sacrificios de la Antigua Alianza y a que descubramos en ellos una especie de inicio, como una especie de figura de lo que habría de llegar después. Estas comparaciones nos sirven para valorar lo que hemos recibido, pero también agudizan nuestra vista para reconocer las señales de Dios.

Porque precisamente, cuando nos acostumbramos a descubrir en dónde está la figura y en dónde está la realidad, entonces nos acostumbramos también a ver cuántas cosas de las que hay en nuestra vida son como figuras, son como señal que apunta hacia una realidad más plena.

Es decir, que la lectura de la Palabra nos entrena, nos prepara para leer nuestra propia vida; por ejemplo, en el texto, en el pasaje de hoy el autor de la Carta a los Hebreos está haciendo la comparación entre el sacrificio del Templo y el sacrificio que hizo Cristo en la cruz.

Sabemos que los destinatarios de la Carta de a los Hebreos eran personas que estaban bien acostumbradas y que eran bien conocedoras de estos sacrificios; algunos dicen que precisamente se trataba de sacerdotes, de gente que tenía ese oficio, tenía esa vocación, esa vida y que ahora, una vez convertidos al cristianismo, habían sido expulsados de las sinagogas y que habían quedado no solamente sin trabajo, sino también lo que había sido su vida hasta ese momento.

Pues bien, en el Antiguo Testamento se habla sobre unos sacrificios que eran esplendorosos, que eran majestuosos, mientras tanto y en comparación al sacrifico de Cristo, parece repugnante, parece vergonzoso.

Mientras que la majestad del Templo servía para enmarcar todo ese culto del Antiguo Testamento, en el caso de Cristo, la desnudez de la Víctima, los insultos, todo ese ambiente de crueldad y de vulgaridad como que quita todo significado, todo sentido litúrgico.

Y este es un tema que el autor de la Carta a los Hebreos trata muy bien, porque sus destinatarios, los destinatarios de esta Carta podrían sentirse de pronto desanimados al meditar sobre el sacrificio de Cristo, porque parecía o podía parecer una cosa como sin sentido, una cosa como sin significado tan pobre, tan humillante, tan vergonzosa.

En otro contexto y en otro pasaje, el Apóstol San Pablo dijo: ”Yo no me avergüenzo de la Cruz de Cristo” Carta a los Romanos 1,10 , que deja sugerir que había quién se avergonzara de la Cruz de Cristo, porque, ¿cómo explicar que allí está la gran señal del amor? ¿Cómo explicar que allí está la gran señal de la ofrenda? Ahí esta el acto más perfecto de culto que el ser humano pueda ofrecer.

Estas son palabras que utiliza, por ejemplo, el Concilio Vaticano II, nos dice precisamente que el sacrificio de Cristo en la Cruz es como el más alto de los sacrificios que se podía ofrecer.

¿Cómo entender esto? ¿Cómo reconocer la grandeza de eso que parece solamente una afrentosa condena a muerte? El procedimiento que sigue el autor es el siguiente: va describiendo cómo se hacía el sacrifico y va mostrando en qué es superior el sacrificio que ahora ha hecho nuestro Señor Jesucristo, y básicamente está jugando con unas dos o tres comparaciones.

La primera: en el Antiguo Testamento la víctima era ajena, era distinta del celebrante, además, se trataba de un animal, una víctima que es distinta del que lo sacrifica y una víctima que es de menor categoría que quien ofrece el sacrificio.

En el caso de Cristo, en cambio, la víctima es Él mismo, entonces entendemos que todo ese esplendor del Antiguo Testamento estaba para animales, mientras que es la grandeza de Cristo la que colma de majestad el sacrificio.

No es el marco el que le da el valor al cuadro, como sucediera en el Antiguo Testamento, sino que es el cuadro quien redime y quien le da valor al marco; mientras que en el Antiguo Testamento es el Templo el que hace aparecer como esplendorosos los sacrificios, es el Templo el que tenía entradas, candelabros, incienso, una sala, otra sala, "aquí puedes entrar, aquí no puedes entrar".

Mientras que en el Antiguo Testamento es el marco el que le da valor a la víctima, en el Nuevo Testamento, la Víctima, que es Jesucristo, que es el Mesías, es el que le da el valor al marco; y el marco era ciertamente rústico y cruel porque se trata de la Cruz.

Es todo el vestido que lleva Cristo, y sin embargo Él le da el valor a esa Cruz, porque ahora es la víctima la que tiene precio, es la víctima la que tiene el gran valor.

Por otra parte, fíjense cómo dice de bien la traducción que hemos utilizado: “El sumo sacerdote entraba para ofrecer sacrificio por sí mismo y por los pecados involuntarios del pueblo” Carta a los Hebreos 9,7.

Y más adelante dice: “Si la sangre de chivos y toros y las cenizas de una ternera, con las que se rocía a las personas en estado de impureza tienen poder para restaurar la pureza exterior" Carta a los Hebreos 9,13.

Es que había varias ceremonias; en el Antiguo Testamento había varias ceremonias relacionadas con la pureza o la purificación, y seguramente recordamos que la única ceremonia que se refería como tal a los pecados del pueblo era la ceremonia del chivo expiatorio del que nos habla el Pentateuco, ese animalito sobre el cual tenían que descargarse las culpas, y luego ese chivo expiatorio era arrojado al desierto hasta que muriera y con él murieran los pecados.

Pero estas ceremonias de purificación en el Templo, no eran ceremonias para el perdón de los pecados; realmente, eran ceremonias para limpieza de las impurezas exteriores, y las impurezas exteriores o involuntarias se refieren sobre todo a las fallas en los ritos o se refieren a hechos accidentales.

Entonces la Carta a los Hebreos nos está diciendo: "Mira, en ese Antiguo Testamento esos sacrificios con todo su esplendor estaban sólo para esos actos de pureza exterior, es decir, sólo para ese hecho ritual".

Pero, ¿quién lava por dentro, quién purifica por dentro? ¿La sangre de un animal que está fuera de mí? Puede limpiar de esas impurezas, esas fallas que están afuera de mí, pero ¿quién me lava por dentro? No será la sangre exterior. Es la sangre que brotó del Corazón del Hijo de Dios; es la sangre que brotó del verdadero y único y Sumo Sacerdote, que es Jesucristo.

La sangre de esos animales puede limpiar de impureza exterior, pero, ¿quién nos da la pureza interior ¿Quién nos lava por dentro? Pues la Sangre de Cristo; y añade que por el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo a Dios como víctima perfecta.

Este es el sacrifico que nos purifica interiormente, es el sacrificio que purifica nuestra conciencia; y aquí viene la tercera comparación: allá quedamos limpios de impureza exterior, pero eso no soluciona el problema de nuestra vida; igual, nuestra vida está abocada al fracaso, a la desilusión y finalmente a la muerte.

En cambio, el sacrificio de Cristo, el que se levantó de entre los muertos, el que batalló contra la muerte y venció a la muerte, ese sacrificio sí tiene una palabra para decirnos cuando tenemos que enfrentarnos a la muerte; de manera que ese esplendor y esa majestad y esa solemne liturgia del Antiguo Testamento podía ser muy agradable para conservar una tradición o podía ser muy impresionante para nuestros sentidos.

Pero si de lo que se trata es de dar pureza interior y de lo que se trata es de dar vida nueva, entonces lo que necesitamos es acudir a Cristo, ése, mis hermanos, ése es el sacrificio que nos encontramos, esa también es la maravilla que nos encontramos en la Eucaristía; no es aquí la sangre de un animalito, es Cristo, Hijo y Cordero de Dios.

No se trata de un gran aparato exterior; no es eso lo más importante, lo más importante es lo que acontece interiormente; lo más importante es cómo nuestra conciencia es lavada, lo más importante es cómo nuestro espíritu es renovado; y además, el que coma de este Pan, el que coma de este Pan Eucarístico, vivirá para siempre.

La respuesta última del corazón humano está en Cristo, especialmente en este Cristo Pan de Vida, en este Cristo que vence a la muerte, en este Cristo que nos muestra una ruta sobre la tierra y que nos lleva tras de sí a la victoria en los cielos.

Amén.