I025001a

De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20010119

Título: Descubrir la Palabra de Dios escrita en nosotros

Original en audio: [26 min. 40 seg.]


La primera lectura nos habla de la diferencia entre la Antigua Alianza y la Nueva Alianza.

Con la ayuda del Espíritu Santo, que quiso que estas palabras quedaran consignadas, nosotros deseamos recibir ese mensaje; queremos que el mismo Espíritu que hizo que estas palabras fueran escritas sobre el papel, ahora le dé comprensión a nuestra mente para que queden escritas en nosotros.

Porque precisamente de eso es lo que trata esa lectura de la Carta a los Hebreos, de la diferencia ente una palabra escrita afuera y una palabra escrita adentro de nosotros.

Leyendo historias de conversiones o repasando nuestra propia historia seguramente podremos contar esta historia, que cuando no conocíamos al Señor prácticamente toda la Biblia resultaba extraña a nosotros, pero luego, a medida que Dios ha ido haciendo su obra en nosotros, lo normal, por así decirlo, el libro empieza a tomar vida.

La Palabra deja de convertirse en una palabra muerta para convertirse en una Palabra viva, deja de convertirse en una palabra extraña para convertirse en una Palabra amiga; ya no es un libro sellado y ajeno, sino un libro abierto y cercano.

¿Qué ha sucedido? Que esas palabras ya no están solamente en el papel o grabadas en las piedras, sino que esas palabras han ido quedando escritas dentro de nosotros.

Descubrir a la Palabra de Dios escrita en nosotros, descubrir que llevamos ese libro escrito o, en otro sentido, descubrir que nuestra realidad es la que está ahí puesta, ese descubrimiento llena de estupor, de maravilla, de agradecimiento al alma.

Fíjate, es un doble descubrimiento: sentir que la Palabra de Dios esta dentro de mí y sentir que mi historia está ahí descrita, ese doble descubrimiento, ¿lo hace quién? Lo hace el Espíritu Santo, es el Espíritu de Dios el que nos permite reconocer la presencia de la Palabra en nuestras vidas y la presencia de nuestras vidas en la Palabra.

Y así la Palabra deja de ser lejana y muerta y se convierte en una Palabra cercana y viva.

Nada puede reemplazar a la acción del Espíritu Santo. Los profesores, los catequistas, los misioneros, los predicadores, los sacerdotes, tenemos que ser mucho más humildes.

No es asunto de inteligencia, no es asunto de extender una gran cartelera o de hacer una gran presentación en un maravilloso computador para decir: "mire, es que se trata de esto”, ese lenguaje siempre será ajeno a menos que Dios visite el corazón.

De esta visita nos habla la Escritura, por ejemplo: en la Primera Carta de Pedro y también en otros lugares, es una visita de Dios la que hace que la Palabra de Dios nos suene a palabra de amigo, palabra cercana, palabra que entiende.

Uno se maravilla descubriendo que no es un asunto de inteligencia; hay gente muy inteligente que no entiende nada de la Biblia; gente muy poderosa, muy adinerada, muy hábil, muy astuta, con muchos años, muchos estudios y nada de eso garantiza que se pueda tener una comprensión de la Palabra de Dios, desde luego, los contrarios de esas cosas tampoco garantizan nada. Uno puede ser pobre, tardo, bruto, eso sí, inseguro, y tampoco entender nada de la Biblia.

No son ni las cualidades humanas ni los defectos humanos los que nos aseguran una comprensión de la Palabra, pero está en mayo riesgo de no entender nada el que tiene inteligencia, dinero, poder, estudios; está en mayor riesgo, porque el que carece de esas cosas, carece también de altivez, de autosuficiencia que es el peor de los obstáculos para acercarse a la Palabra Divina.

No es entonces que la ignorancia, el analfabetismo, el subdesarrollo sean condiciones para entender la Palabra, no, sino que las personas que tienen esas características de pobreza, de pecado en sus vidas, que han sido humilladas usualmente son personas que no tienen la altivez que es la que más cierra los ojos, la que más tapa los oídos.

Una vez que desaparece ese obstáculo, el corazón se pone en una actitud, podríamos decir, más dispuesta para recibir el regalo de la Palabra Divina, y esa actitud más dispuesta, menos agresiva, menos altiva, menos violenta, esa actitud más humilde, mansa, con una mayor capacidad de escucha es como un terreno en el que puede caer la lluvia del cielo y donde puede nacer la semilla de Dios.

De ahí en adelante todo lo que le supere él, podría decir: "Dios está en algún punto más allá de lo que yo alcanzo a ver", pero no sabe en dónde, ¿cómo puede encontrarse con Dios así? Y hablemos de una persona poderosa, una persona que tenga poder.

Yo estos días estuve dedicado a la lectura y me leí aquella novela de actualidad sobre Alejandro Magno. Fue el hombre más poderoso de su tiempo, un imperio gigantesco, prácticamente toda Grecia, lo que es Turquía, Irak, hasta los límites de la India, imagínate lo que es eso un Imperio gigantesco para ese tiempo.

Pero él sabía, y eso está bien descrito en esa novela, que más allá de donde él había alcanzado a llegar, todavía había mucha tierra, es decir, el hombre más poderoso llegó hasta esta rayita y él sabe que de ahí en adelante sigue y sigue mucho y que llegara otro que seguramente alcanzará más, ¿y dónde está Dios?, ¿cómo encontrar a Dios ahí?

Aplícale lo mismo a la riqueza, a la belleza, a todas esas cosas; por ese camino no se puede apresar a Dios, lo único que se puede decir es: "Dios tiene que estas más allá de lo que yo alcanzo a ver, a suponer, a pensar; debe estar en algún sitio", pero así no se conoce a Dios, uno así no conoce a Dios.

Uno conoce a Dios no estirándose, no es en el estiramiento del hombre, sino en el abajamiento de Dios, es ahí donde se le conoce, porque Dios se agachó, no porque yo me incliné; por eso se conoce a Dios, porque Dios se agachó.

Tengo una sobrina que tiene un año y un mes, va para un año y dos meses, y yo a esa sobrina le intento explicar cómo funciona un microprocesador, ella me mira, me pondrá cuidado seis segundos, pero de ahí no puede saber más.

Es el acto benevolente del papá que se agacha y levanta a la niña, ese lenguaje sí lo entiende ella, ella no puede entender lo que entiende el papá, pero sí puede sentir el abrazo del papá.

Así somos nosotros, entonces uno lucha por aumentar su inteligencia. Yo me acuerdo una amiga mía de hace unos años, que decía: “yo quiero crecer en la conciencia, estar despierta, infinitamente despierta, darme cuenta, percibirlo todo”. Ella vivía como obsesionada con el asunto de la inteligencia.

Le metieron unos goles terribles, claro, porque la astucia es una trampa terrible, siempre hay uno más astuto que tú, siempre hay alguien que sabe por donde se abre tu reja, siempre sabe a quién hay que sobornar para matarte; siempre hay alguien que sabe cómo robar al que ha robado, entonces ella vivía pensando: “si yo tuviera una percepción mayor, con una inteligencia mayor, si yo supiera, pudiera”.

Empezó a cometer tales barbaridades en su vida mientras buscaba maestros espirituales por todas partes: "A ver si en el Budismo, a ver si en los mantras, los chacras", y se paseó no sé por cuántas religiones, finalmente llegó a una conclusión: “Mi cabeza no puede con todo”. Para entonces había hecho una serie de barbaridades que no viene al caso decir aquí.

Entonces, sepamos en dónde está la Nueva Alianza. La Nueva Alianza es la que tiene la Palabra escrita en el corazón, en la vida, ¿y cómo sucede eso? Cuando yo conozco a Dios, ¿y cómo conozco a Dios? Conozco a Dios, dice la Carta a los Hebreos, citando me parece que es al Profeta Jeremías: “Todos me conocerán del menor al mayor, pues perdonaré sus delitos” Carta a los Hebreos 8,11.

Es ahí: reconocer a Dios capaz de perdón, eso sí es, porque el perdón y la misericordia de Dios son el abrazo de Dios y el beso de Dios.

El que se sienta con ganas de entender a Dios debe pasar primero por esta prueba: explíquele a mi sobrina de un año y dos meses, explíquenle en que consisten los microprocesadores que vende el papá.

La niña no entiende de los microprocesadores del papá, pero sí entiende de la voz del papá, de la sonrisa, el abrazo y el beso del papá, eso sí lo entiende. Cuando el papá se agacha a ella, cuando la levanta, el lenguaje sí lo entiende.

Nosotros somos esa niñita, somos esos pequeñitos, no le demos más vuelta al asunto, y necesitamos que Dios se agache a nosotros; necesitamos que Dios nos estreche, y en el calor de su abrazo, sabremos quién es Él; eso lo sabremos ahí cuando Él nos abrace, cuando Él nos envuelva, ¿y eso lo ha hecho Dios? Sí, lo ha hecho Dios.

En el salmo hemos dicho: “La misericordia y la fidelidad se encuentran” Salmo 85,11.

Si usted quiere un camino para recibir el abrazo de Dios, me permito sugerirle el salmo 85, es el salmo que hemos proclamado aquí hoy; si usted quiere encontrarse con Dios, vaya al Salmo 85, es este salmo de hoy: “La misericordia y la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz se besan” Salmo 85_011.

Recuerde quién es Cristo, lea muy despacio tratando de entender todo, humille su corazón, pida el don del Espíritu Santo, dígale a Dios que se agache hacia usted, que lo tome, lo levante, lo abrace, lo bese. Ese abrazo de Dios tiene un lugar, tiene un Arca.

Moisés se encontró con Dios en el Monte, el Horeb, llamado también Sinaí, ahí se encontró Moisés con Dios. El Sumo Sacerdote se encontraba con Dios en el Arca, en el Santo de los santos, en el Santuario, ahí se encontraba con Dios. Hay un lugar del abrazo de Dios, pero donde se ha dado perfectamente ese abrazo se llama María.

El abrazo que nos salva, que nos da la vida no es el abrazo de María, es Dios abrazándonos en Cristo, pero nosotros sabemos que en la casa donde sucedió eso se llama María.

Así como Elías fue hasta el Monte Sinaí, pregunta: ¿era necesario que Elías fuera al Monte Sinaí? Pues no, y eso está en todas partes, ¿por qué Elías fue al Monte Sinaí? ¿Por qué él fue hasta el Horeb? Porque él quería beber de la misma experiencia que había tenido Moisés, por eso fue hasta ese monte.

¿Y Dios no está en otros montes? Pues sí, hombre, Dios está en todas partes, lo hubiera podido encontrar debajo de una piedra, lo que fuera, pero fue allá para revivir en su corazón esa experiencia.

Eso mismo nos pasa a nosotros: el lugar de la Alianza se llama María, la Alianza no es María, la Nueva Alianza es la Alianza en la Sangre de Cristo, la Alianza por la que Dios se agachó hasta nosotros y nos dio el besito de paz se llama Cristo, pero el lugar de esa Alianza se llama María.

Por eso tanta gente cuando quiere saber de abrazos, del abrazo de Dios, va donde María. "Ahí, si yo no voy, donde María, porque nací en un país protestante y allá pasan muchas cosas, entonces yo no creo en eso y yo le tengo miedo, fastidio a eso entonces, ¿qué hago?"

¿Quiere decir que ninguna persona de un país protestante se ha encontrado con Cristo? No, claro que no, Dios tendrá sus maneras. Seguramente mucha gente también en muchos países se ha encontrado con Cristo, pero nosotros seguimos lo de Elías, Elías se fue hasta el Monte de Moisés, al lugar de la Alianza para vivir en sí mismo la fuerza de la Alianza, eso es lo que muchos de nosotros hacemos.

Cuando uno dice: “voy a acudir a María”, "ah, reemplazó a Cristo por María"; "no, señor, no sea torpe, no he reemplazado a nadie por nadie". El lugar de Alianza se llama María porque en ningún otro lugar se ha cumplido mejor al Salmo 85; allí, como predica hermosísimamente San Agustín, “la justicia y la paz se besaron”, allí en María.

Ese es el abrazo de Dios y el hombre. Nunca Dios tocó tanto nuestra humanidad, nunca, como en las entrañas de María y en el corazón de María, en su mirada; Ella es el lugar de la Nueva Alianza, por eso nosotros nos acercamos donde Ella seguros de una cosa: que si ese fue el Lugar donde Dios quiso dar ese abrazo, seguramente nos tiene grandes regalos ahí.

Y efectivamente, si nosotros miramos cómo fue la vida de María, cómo obró María, cómo creyó, cómo oró, yo opino que es un Templo, María es la casa de Dios. Y así como uno se puede encontrar con Dios en una estación de Transmilenio, claro, uno se puede encontrar con Dios en una estación de Transmilenio y también en un centro comercial, entre la hamburguesa y el helado, uno se puede encontrar con Dios.

De pronto mira a través de las celosías del centro comercial y ve la majestad del cielo y descubre que Dios es amor y llora de conversión, eso puede pasar, pero usualmente, ¿dónde suceden las conversiones? En un ambiente, ¿cierto?

Claro, usted se puede encontrar con Dios a 140 Kilómetros por hora especialmente si está a punto de salirse de la carretera y dice: "¡Dios mío!" Se puede encontrar con Dios, es posible, ¿pero dónde suceden usualmente las conversiones? En la Casa de Dios, en un ambiente, en una atmósfera.

Eso es lo que nosotros buscamos en el lugar, en la atmósfera donde Dios quiso regalarnos sus secretos, donde si uno mira un poquito, ¿quién es María? Y uno dice: "claro, este es el Templo de Dios".

Esta manera de creer, de orar, de amar, de esperar, esta pureza, este incienso que se quema oloroso y amoroso en la presencia de Dios, este es el lugar; y así en la Casa de Dios nosotros recibimos el abrazo de Dios, el beso de Dios, conocemos a Dios y la Alianza de Dios se realiza en nosotros.