I016003a
Fecha: 20110115
Título: Jesucristo es un puente entre Dios y el hombre
Original en audio: [4 min. 12 seg.]
Santa Catalina de Siena, Doctora de la Iglesia, hizo popular una imagen para describir la vida y la misión de Cristo. Esta gran Santa dijo que Jesucristo era puente, puente entre Dios y el hombre. Y lo característico de un puente es, por supuesto, que tiene que apoyarse muy bien en las dos orillas.
Esa idea y esa imagen nos pueden servir para mirar la intención del autor de la Carta a los Hebreos, cuando nos describe también la vida y la misión de Cristo.
Por un lado, nos presenta la santidad de Jesucristo, la grandeza de su ser; así empezó diciendo que "Cristo está por encima de los Ángeles, porque a ningún Ángel ha dicho Dios: "Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy"" Carta a los Hebreos 4,5.
Pero por otro lado, "este Cristo aprendió sufriendo a obedecer" Carta a los Hebreos 5,8, este Cristo participa de nuestra carne y nuestra sangre; este Cristo puede compadecerse de nuestras debilildades, porque Él mismo experimenta fragilidad.
Entonces fíjate cómo Cristo es puente; al mismo tiempo, es grande, cercano al Padre Celestial; este Cristo está lleno de virtud y pureza; pero por otra parte, es el Cristo cercano, es el Cristo que comprende nuestras necesidades y miserias.
Y por eso está la invitación de hoy, es el capítulo cuarto de la Carta a los Hebreos: "Acerquémonos con confianza, -dice-, al trono de la gracia" Carta a los Hebreos 4,16. ¡Qué expresión tan bella!: "El trono de la gracia" Carta a los Hebreos 4,16.
A lo largo de los siglos, algunos han interpretado esta expresión para referirse al Señor crucificado. Jesucristo crucificado es Rey de amor, es Rey de gracia, y en ese sentido la Cruz viene a ser su trono, por supuesto, un trono lleno de sufrimiento, pero desde ese sufrimiento, un manantial de redención, porque precisamente, Jesús ha aceptado ese sufrimiento para redimirnos.
Acogiendo las consecuencias del pecado en su propia Carne, Cristo nos ha librado de ese peso que nosotros mismos no podíamos levantar.
Entonces, nos queda ese pensamiento para hoy: Jesucristo puente, Jesucristo santo,Jesucristo levantado por encima de los cielos, y sin embargo cercanísimo a cada uno de nosotros.
Es lo mismo que aparece en el evangelio de hoy, capítulo segundo de San Marcos. Encontramos a Cristo en su misión bellísima, su misión redentora, predicando el Reino de Dios, sanando a los enfermos, expulsando a los demonios, y en todo esto muestra su santidad, su grandeza, su cercanía con el cielo.
Pero este mismo Cristo se abaja, este mismo Cristo mira al cobardor de impuestos llamado Mateo. Sabemos que los publicanos, o sea, los cobradores de impuestos, eran de las personas más despreciadas y más odiadas en ese tiempo, y en parte con razón, porque eran gente cruel e injusta.
Pues Cristo vuelve su mirada hacia este hombre, pecador y despreciado, y le llama: "Sígueme" San Marcos 2,14. Un llamado que también nos está haciendo hoy.
Sigue el camino de Jesús; acepta la gracia del Señor.