I016001a

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Fecha: 20030118

Título: La mentira no tiene la ultima palabra

Original en audio: [9 min. 22 seg.]


Hermanos:

Esto que nos enseña o nos recuerda la Carta a los Hebreos en el día de hoy tiene tanta importancia, porque nos enseña a vivir en la verdad. Con otras palabras, podríamos traducir el mensaje de hoy diciendo: la mentira no tiene la última palabra. Finalmente, la mentira queda desenmascarada, cae y aparece la verdad.

Ahí uno, frente al Señor, no hay nada de la mentira y esto significa que el que tiene un poder radical sobre todas las cosas, sobre todas las vidas y sobre todas las historias se llama el Señor.

Es por eso que es propio de cristianos, es propio de nosotros, los que creemos en esa verdad, vivir de acuerdo con la verdad, y vaya si es tarea esto de desprenderse uno de todas las mentiras.

Porque desprenderse de ellas no solamente es dejar de decir mentiras, es también dejar de aparentar, es también dejar las máscaras, también dejar la prepotencia con la que muchas veces queremos imponer nuestras opiniones, no porque sean las mejores, no porque sean las más útiles, no por las que hacen mayor bien, sino porque simplemente son las nuestras.

Vivir en la verdad es vivir no solamente diciendo verdades, no solamente evitando decir mentiras; vivir en la verdad es vivir más allá de las apariencias, más allá de las máscaras, más allá de los engaños del mundo.

Es no recibir y no propiciar el engaño, la apariencia, la máscara; es quitar, es retirar todo eso de nuestra vida, y si empezamos a examinar las cosas concretas, encontramos que no es cosa sencilla. A ver, yo empiezo con mi gremio: cuántas veces sucede que el sacerdote, por el solo hecho de ser el sacerdote, considera que tiene la razón, porque él es el sacerdote.

Por eso es un gran ejercicio, cuando a nosotros los sacerdotes nos toca participar en distintas actividades sociales, científicas, culturales, artísticas, deportivas, volverse, incluso, como uno más.

Un sacerdote que me hizo mucho bien con su sencillez, con su transparencia, con su estilo abierto, franco y alegre de vivir su vocación, fue el Padre Efraín Rozo, capellán por muchos años de la Universidad Nacional de Colombia con sede en Bogotá.

Y el Padre Rozo, además de ser un gran sacerdote, era un amante del deporte, y es que el deporte es una de las maneras de mostrar la verdad, porque él podía ser muy sacerdote y ganar una carrera, de hecho, él participó en competencias deportivas y en todo aquello; o podía ser muy sacerdote, muy capellán y tener mucha autoridad y quedar de tercero o de quinto o de décimo dentro de la carrera.

Cuántas veces, nosotros los sacerdotes, creemos que por que somos sacerdotes ya lo sabemos todo o ya lo entendemos todo y ya lo podemos resolver todo. Hasta hace unos años, el sacerdote consideraba que porque tenía estudios de teología, pues más o menos el razonamiento era: "Pues yo entiendo de Dios, ¿qué no podré entender?

Y con ese argumento, el sacerdote creía que era también psicólogo y el sacerdote también creía que era terapista y creía que era todo. Es verdad que nuestra formación humanista, pues nos puede dar muchos elementos, y es verdad que hay muchas cosas que con sentido común, y con lazos de amistad y de cordialidad y de sinceridad se pueden llevar adelante, pero hay muchas cosas que nos superan.

Así como yo no por el hecho de ser sacerdote puedo hacer un tratamiento para mejorarle el hígado a una persona que está enferma; es muy posible que yo como sacerdote no tenga el tratamiento adecuado para reformar, para ayudar a sanar una parte de la psiquis de una persona, una parte del trauma de una persona, algo que data de su infancia o de sus conflictos sexuales o que data de las humillaciones y conflictos de poder que ha tenido, problemas con la autoridad.

Fíjate, ¿por qué mencionamos esto? Porque muchas veces, el sacerdote ha pensado que porque es sacerdote ya lo sabe, y por consiguiente, puede imponer su opinión. Nosotros tenemos mucho que aprender en esta materia, mucho que aprender en materia de humildad, porque la verdad va de mano con la humildad y la humildad es otro nombre para la verdad.

Soy sacerdote por misericordia de Dios, pero hay muchísimas cosas que no sé, hay muchísimas cosas que tengo que delegar, hay muchísimas cosas en las que tengo que pedir ayuda y hay muchísimos casos en los que tengo que decir: "Lo mejor para ti, de pronto lo tiene esta otra persona que tiene una mejor preparación, que tiene una experiencia más grande, que tiene un conocimiento más amplio, tiene un conocimiento más profundo en esa área".

Ese es un ejemplo tomado de cómo uno puede practicar mentira, porque desde el momento que yo pienso que porque yo soy sacerdote me las sé todas y quiero imponer mi opinión, pues me estoy revistiendo de una autoridad que no me corresponde y eso no es vivir en la verdad.

Esto también se da en las religiosas, y en este sentido como que nos hacen bien algunas críticas, quizá ácidas, quizá mordaces, algunas críticas fuertes que nos llegan de distintas partes.

Me acuerdo un autor, no mencionaré su nombre, de tipo más bien secularista, de espíritu más bien laico, muy suspicaz con todo lo de la Iglesia, escribía con un poquito de sorna y decía: "Muy lindo el nombre de todas las religiosas: "Humildes Esclavas de Cristo, Siervas Humildes, Hermanas Pobres, Hermanitas Chiquitas, Sencillitas, Siervas y Esclavas", pero vaya uno a tratar la monja y a ver con qué resulta, a ver si toda esa humildad del nombre se corresponde con la humildad y la sencillez del trato".

Es verdad que uno encuentra religiosas ejemplares, pero también es verdad que en la vida religiosa se nos entran muchas mentiras, se nos entran muchos engaños y vivimos así en el engaño, porque también es un engaño llamarse uno: "Hermanita Humildísima de Cristo Pequeño" y luego tratar a la gente como si fuera la hermanota superiora medio dueña del universo, eso también es mentira.

Y bueno, empiezo por hacer estas correcciones en religiosas y en sacerdotes, pero es evidente que todos estamos tentados de la mentira, estamos tentados de la apariencia y es un desafío, pero al mismo tiempo, es una profunda liberación lo que nos ha dicho la Carta a los Hebreos hoy: "Con Dios no vas a poder, con Dios no va a poder, con la verdad de Dios no vas a poder".

Finalmente, hasta la última mentira cae y finalmente la verdad de tu alma aparece. Vivir en la verdad es no temer el juicio, vivir en la verdad es no temer el futuro, vivir en la verdad es no tenerle miedo a Dios; vivir en la verdad es vivir en la paz.

Que Dios nos lo conceda.

Amén.