I015003a
Fecha: 20010112
Título: Dios ve lo que nosotros no vemos
Original en audio: [29 min. 3 seg.]
Queridos Amigos:
Desde que yo me acuerdo de haber oído este texto del evangelio, me he preguntado muchas veces sobre eso mismo que preguntó Jesús: “¿Qué es más fácil, decirle al paralítico: tus pecados quedan perdonados, o decirle: levántate coge la camilla y echa a andar"? San Marcos 2,9, "¿qué es más fácil?" San Marcos 2,9, pregunta Cristo.
Observemos qué fue lo que sucedió y tratemos de descubrir la pedagogía de Dios. Hay una enfermedad que se ve, la parálisis, hay una llaga que no se ve, el pecado; pero nosotros descubrimos el poder sobre lo invisible a partir del poder sobre lo visible.
Para Cristo la obra grande fue: "hijo, tus pecados te son perdonados" San Marcos 2,5, esa fue la obra grande para Cristo, porque los ojos de Cristo ven lo que nosotros no vemos. Para los ojos de la multitud, incluyendo los ojos de los que criticaban a Cristo, lo grande fue que el paralítico se sanó, tomó su camilla y se fue.
De modo que hay dos órdenes, dos jerarquías en esto, lo que es importante para Dios y lo que es importante para el hombre. Empecemos curando lo que se ve, lo que aparece. El hombre dirige el proceso, maneja una escala a partir de las apariencias, Dios maneja una escala distinta a partir de la realidad visible o invisible, no importa, a partir de la realidad de las personas.
Bueno, eso es como un primer pensamiento que debemos tomar para nosotros: Dios tiene una escala que tal vez no es la escala mía; Dios tiene un orden que tal vez no es el orden mío; Dios lleva una secuencia que tal vez no es la secuencia mía.
Es muy importante percibir esto, porque si nosotros queremos imponerle a Dios nuestro orden, nuestro estilo, nuestra secuencia, tal vez los primeros que podemos resultar perdiendo somos nosotros mismos.
Imaginémos por ejemplo, que llega el paralítico y Cristo sana al paralítico y el paralítico se va para su casa, es decir, quitemos de este pasaje la parte del perdón, probablemente nadie hubiera notado nada, pero el bien que se le hubiera hecho a ese señor, hubiera sido un bien mucho menor, es decir, al paralítico mismo le convino que Dios aplazara su curación.
Evidentemente ese paralítico estaba ahí esperando ante todo su curación o por lo menos deseándola, pero al paralítico le convino ese aplazamiento.
Entonces, primer punto para que nos quede claro: Dios ve más que yo, mucho más que yo; Dios tiene un orden distinto, tal vez distinto del mío y Dios, por lo tanto, seguramente va a obrar con una secuencia, de una manera que no es la que a mí más me gustaría, que no es la que a mí más me entusiasmaría; Dios llevará su propia secuencia, bien, esa es una primera enseñanza.
Vamos con la segunda. Resulta que si nosotros atendemos más de cerca al texto, descubrimos algo que es interesante y que es importante en el diálogo con cristianos no católicos: “Llegaron cuatro llevando un paralítico” San Marcos 2,3.
Sujeto esa frase: cuatro personas, los cuatro que estaban cargando el paralítico; y como no podían meterlo por el gentío, sujeto esa frase, los mismos cuatro levantaron unas tejas, y es donde el padre Tito dice que se le corrió la teja. Levantaron unas tejas, sujeto también esa frase: los mismos cuatro que estaban cargando el paralítico.
Lo que quiero destacar mientras voy haciendo este énfasis es que el paralítico obraba, o mejor dicho, no obraba, era como una especie de bulto llevado por otros.
Abrieron un boquete, ¿quiénes? Los cuatro; descolgaron la camilla ¿Quiénes? Los cuatro; de acuerdo con esto viene la siguiente frase: “Viendo Jesús la fe que tenían” San Marcos 2,5, ¿quiénes? Los cuatro.
Esto es muy importante: Jesús vio, ¿qué vio? Antes de ver oyó: "Están golpeando"; después vio: "Empiezan a quitar el techo", vio que descolgaron al paralítico ¿y qué dice ahí?: “Viendo la fe que tenían” San Marcos 2,5.
Entonces, todo el pasaje se refiere a los cuatro que cargaban al paralítico, es decir, el paralítico en ese momento es como una especie de muerto.
Este es el mensaje alegórico del pasaje, el paralítico estaba como muerto, él se dejaba llevar, se dejaba trepar, se dejaba descolgar, él se dejaba, él estaba como muerto. Pero lo interesante es que dice: “Viendo Jesús la fe que tenían” San Marcos 2,5, y resulta que la fe que tenían es la fe de los cuatro, y le dijo: "¡ojo!".
¿Cuál fue entonces la fe que operó aquí? La fe de los cuatro, la fe de esos cuatro amigos que transportaron, como si fuera un muerto, a este enfermo, que estaba enfermo del cuerpo y del alma.
Lo transportaron, lo llevaron como un muerto y se lo pusieron a Cristo: “Viendo Jesús la fe que tenían ellos" San Marcos 2,5, obró en ése que estaba como muerto, eso es muy importante. ¿Qué nos enseña esto? Nos enseña la potencia de la intercesión, ¿qué es interceder? Hacer lo que hicieron los cuatro: es recoger a una persona.
¿Ahí dice que el paralítico quería ser sanado? No. ¿El paralítico, cuándo empieza a actuar en este pasaje? Vamos a seguir leyendo: “Hijo, tus pecados quedan perdonados” San Marcos 2,5, y ahí su actuar es nulo, no dijo ni sí, ni no, ni gracias.
Luego intervienen los letrados: "¿Y éste blasfemando?” San Marcos 2,7, interviene Cristo: “¿Por qué pensáis así?” San Marcos 2,8.
Y luego le dice al paralítico que seguía ahí acostado mirando a ver qué pasaba alrededor de él: “Levántate, coge tu camilla y vete a tu casa!” San Marcos 2,11, y el tipo callado no sabemos si además era mudo, probablemente tocaba sanarlo del pecado, la parálisis y la mudez.
El hecho es que aquí se acabó el pasaje, se acabó todo; luego sigue Marcos 2,13 y ya no se habló nada sobre el paralítico ¿y qué habló el paralítico en todo el pasaje? Nada. Era un paralítico tímido, no dijo nada, no dijo ni creo en ti, ni gracias, ni te alabo, ni cúrame, ni dijo nada.
¿Qué nos está representando entonces este personaje? Nos está representando al mundo muerto, a las personas muertas, que usted conozca. Porque usted seguramente conoce, o si no, va a conocer usted mañana temprano gente que está muerta, no es que está débil o está enferma, es que está muerta en la fe, se siente incapaz de creer, se siente incapaz de agradecer, son como éste.
A Ver, ¿qué dijo el paralítico? ¿Gracias? ¿Dijo: "permiso, permiso", mientras sacaba su camilla? No dijo nada. Es el ser humano en su más completa postración, eso es lo que presenta ese paralítico.
Pero, ¿qué nos enseña el pasaje? Nos enseña que cuando usted encuentre seres humanos así, usted puede ser del grupo de los cuatro, y usted puede, junto con otros amigos, cargar a los que estén así, ¡cárguelos!, y llévelos hasta Jesús, la palabra definitiva la va decir Jesús, no la va a decir usted, pero usted puede cargar la persona hasta Jesús, y Jesús puede hacer algo por esa persona.
Lo más impresionante del pasaje es “viendo Jesús la fe que tenían” San Marcos 2,5, es decir, la fe.
Desde que yo me acuerdo de haber oído este texto del evangelio, me he preguntado muchas veces sobre eso mismo que preguntó Jesús: “¿qué es más fácil, decirle al paralítico: tus pecados quedan perdonados, o decirle: levántate, coge la camilla y echa andar”? San Marcos 2,11, "¿qué es más fácil?" San Marcos 2,9, pregunta Cristo.
Observemos qué fue lo que sucedió y tratemos de descubrir la pedagogía de Dios.
Hay una enfermedad que se ve, la parálisis; hay una llaga que no se ve, el pecado, pero nosotros descubrimos el poder sobre lo invisible a partir del poder sobre los visible.
Para Cristo la obra grande fue: “Hijo, tus pecados te son perdonados" San Marcos 2,5, esa fue la obra grande para Cristo, porque los ojos de Cristo ven lo que nosotros no vemos; para los ojos de la multitud, incluyendo los ojos de los que criticaban a Cristo, lo grande fue que el paralítico se sanó, tomó su camilla y se fue.
De modo que hay como dos órdenes en esto, hay como dos jerarquías en esto, lo que es importante para Dios y lo que es importante para el hombre.
Lo que es importante para Dios es empecemos por curar el pecado, lo que es importante para el hombre es empecemos curando lo que se ve, lo que aparece. El hombre dirige el proceso, maneja una escala a partir de las apariencias; Dios maneja una escala distinta a partir de la realidad visible o invisible, no importa, a partir de la realidad de las personas.
Bueno, ese es un primer pensamiento que debemos tomar para nosotros. Dios tiene una escala que tal vez no es la escala mía; Dios tiene un orden que tal vez no es el orden mío; Dios lleva una secuencia que tal vez no es la secuencia, mía.
Es muy importante percibir esto, porque si nosotros queremos imponerle a Dios nuestro orden, nuestro estilo, nuestra secuencia, tal vez los primeros que podemos resultar perdiendo somos nosotros mismos.
Imaginemos, por ejemplo, que llega el paralítico y Cristo sana al paralítico y el paralítico se va para su casa, es decir, quitemos de este pasaje la parte del perdón.
Probablemente nadie hubiera notado nada, pero el bien que se le hubiera hecho a ese señor hubiera sido un bien mucho menor, es decir, al paralítico mismo le convino que Dios aplazara su curación, evidentemente, el paralítico estaba ahí esperando ante todo su curación, o por lo menos de hacer el ridículo. Desde el primer libro de la Biblia, desde el Génesis la fe empieza por el ridículo.
Un pensador que me encanta, ustedes me lo oyen mencionar con alguna frecuencia, es Gilbert Chesterton, tiene su famosa frase “ el primer deber de un hombre enamorado es ponerse en ridículo” El amor requiere superar el ridículo, pasando por el ridículo, el ridículo es importante, el absurdo es importante, y desde el primer libro de la Biblia el ridículo está ahí.
La fe está siempre entre la sonrisa de Dios y la carcajada del diablo, eso es duro porque, por una parte, no acaricia la sonrisa de Dios, pero por otra parte, nos hiere nos lastima la burla del infierno y entre las dos hay que saber caminar.
La fe nos lleva a una cantidad de ridículos; todas las expresiones de fe, en algún momento, frente a algunas personas, van a ser ridículas.
Un padre muy apreciado en nuestra comunidad, un español nuestro, querido, felicísimo, Martínez, cuenta entre sus crónicas, que alguna vez algunos amigos de él querían preguntarle un poco sobre su vocación, que era un vocación bonita para dar testimonio.
El único problema es que esos amigos eran todos psicólogos, o psicoanalistas, varios de ellos ateos.
Y empezar tú a explicar tu vocación frente a un grupo de psicoanalistas que saben como preguntarte, como decía un amigo mío, que son de los del colmillo retorcido, eso te hace sentir en ridículo, siempre habrá una persona que te haga sentir que es estúpido creer, y siempre habrá una persona que te haga sentir que estabas mejor cuando no creías, y todas nuestras manifestaciones de fe serán ridículas por lo menos frente a alguna persona.
A ver, Noé, ¿te imaginas a Noé construyendo esa barca? Eso tuvo que haber sido completamente absurdo a pesar de que las dimensiones que da la Biblia, de acuerdo a lo que dicen los científicos actuales, no servía ni para cargar el uno por ciento de las especies, pero a pesar de eso, imagínese lo que es hacer una barca en seco, calcule.
¿Y por qué esa barca? Para que cuando todo eso se inunde, la barca flote. ¡Ridículo!
Sería interesante, ustedes que son amantes de la Biblia, hacer un recorrido por toda la gente que hizo el ridículo y encontraríamos cosas interesantísimas. Por ejemplo, David, él se puso una ropa fina de lino, su efod, y en ese tiempo no existía la ropa interior, y en esa época nacieron los carismáticos: "Y yo te alabo con el corazón", y alabe y alabe.
Y el tipo iba en alabanza y alabanza, y claro, en esa alabanza él no se dio cuenta, que falto de práctica en esa líneas, hizo el tremendo ridículo, y una mujer, una de las esposas de David, cuando acabó todo, le dijo: ¡cómo supo ponerse en ridículo el rey delante de toda la servidumbre!"
Claro, a David no le interesaba hacer ningún espectáculo, no era un exhibicionista, pero evidentemente hizo el ridículo, en ese caso fue un exceso de alabanza.
Estos del pasaje hicieron el ridículo, pero decíamos: "¡Por favor!", y sentiríamos un escalofrío, ¿y qué tal que no lo cure? Es un ridículo terrible.
Imagínese el caso de Pablo: Pablo iba para Damasco, su objetivo llevaba cartas de los sumos sacerdotes autorizándole tomar presos a hombres y mujeres para meterlos a la cárcel y que fueran reprendidos severamente, ¿motivo de la reprensión? Estaban dividiendo al judaísmo con esa secta llamada de los cristianos, después los llamaron así.
Pablo llevaba sus cartas de recomendación y le tocaron varios ridículos, primero: cuando se queda ciego. Él, que estaba dirigiendo la expedición, que no era expedición botánica, dijo: "Llévenme", primer ridículo, él, que estaba dirigiendo la expedición, diciendo: "Llévenme".
El que debía dirigir necesitaba una mano que lo guiara, tal vez por ese ridículo se quedó tres días sin comer ni beber, por allá metido en una cueva amargado humillado orante, recibió el bautismo, recibió gracia, fuerza y amor de Dios.
Entonces viene el ridículo más grande: va a las comunidades de cristianos, porque tenía que ir a esa comunidades y su objetivo era meterlos presos y llega allá a decirles: "soy Saulo de Tarso y vengo aquí para decirles que todo lo que ustedes creen, está bien y que sigan así, y permiso".
Es absurdo, es contradictorio. Para nuestro ego, para nuestra soberbia contradecirnos es ridículo, y hay gente que por no contradecirse, por no admitir que se equivocó termina despedazándose a sí mismo, despedazando otras vidas por no echarse para atrás. Pues Pablo pasó por el ridículo de arrepentirse y decir: "quiero que sepa todo el mundo que estaba equivocado".
Estaba tan terriblemente equivocado que lo mas sensato era decirles: que lo que ustedes estaban creyendo está bien y que lo que yo estaba creyendo estaba mal, hagan el favor de orar por mi y les cuento que Jesús Salvador de ustedes está también a mi favor y El es el Señor de todo y yo voy a predicar eso.
En la Biblia hay demasiados ridículos, uno que recuerdo con frecuencia también es el de aquella mujer samaritana que en un pueblecito así, Sicar ya llevaba cinco maridos, iba por el sexto, imagínese qué no se diría de esa mujer.
Por eso no se necesitaba televisión o telenovela, había bastante de que hablar en ese pueblo con esa muchachita; pero ella, después de encontrarse con Cristo fue a decirle a toda la gente: "Figurense que un hombre me dijo todo lo que había yo hecho. ¿No será el Mesías?" San Juan 4,29
Calcule esa frase, tómele el peso a esa frase. Es decir, ella anunció a Cristo a costa de los restos de su fama ya destrozada, anunció a Cristo sobre las ruinas de lo que había sido su vida, es decir, tomó las ruinas de su vida para escribir con ellas un mensaje de fe en Jesucristo.
Esto es muy importante porque muchos de nosotros por los distintos ridículos, por no echarnos para atrás, por no reconocer un error, por no pedir disculpas, por no parecer demasiado emotivos, por no perder la fama de racionales, de intelectuales, eso nos pasa por ejemplo a los dominicos, por cosas parecidas estamos dejando correr el río de la vida lejos de nosotros.
Por eso, la tercera enseñanza para este día es: tenemos que pedirle al Señor Dios liberación.
Eso no quiere decir que todo el que haga el ridículo ha predicado a Cristo, pero sí quiere decir que el que ha predicado a Cristo sin hacer el ridículo, seguramente está tirándose de santo, que ha dejado de anunciar las aristas más importantes del mensaje del Señor.
Esa es una enseñanza que creo puede hacernos mucho bien. Y finalmente tomemos esa última frase para una cuarta enseñanza pequeñita, “nunca hemos visto nada igual”. El pasaje termina con una proclamación de la alabanza de la gente “nunca hemos visto nada igual”.
Yo estoy convencido de que necesitamos experiencias de estas, de desbordamiento, experiencias de sobrecogimiento, de estremecimiento, experiencias de éxtasis, experiencias que nos dejen sin palabras, para creer todo lo que Dios puede hacer por nosotros, necesitamos de esas experiencias.
Pidámosle a Dios que nos permita experimentar su poder, su ternura, su sabiduría hasta dejarnos sin palabras, hasta dejarnos atónitos, admirados estupefactos, asombrados, estáticos.
Que Dios traiga a nosotros estas experiencias, porque estas experiencias son las que luego le hacen a uno capaz de creer lo que tienen que creer, que Dios lo puede todo.
Bienaventurados los que hayan tenido estas experiencias, las hay de muchos modos, ante la santidad de una persona, ante los milagros que uno ve, ante ciertas experiencias de perdón, que uno se queda sobrecogido, en fin con tantas experiencias que no se esperan.
Si usted nunca ha tenido una experiencia de sobrecogimiento, dice la Biblia varias veces con Cristo, mire: "Se quedaban admirados: "¡Pero como así! ¡Pero qué es esto!""
Sin estas experiencias la vida cristiana es tímida, es miedosa, ahí la vida cristiana está pendiente de la opinión de la gente y de no hacer el ridículo y de que nos tapemos todos con la misma y que nos cuidemos unos la fama de los otros y necesitamos experiencias desbordantes de amor, de poder, de misericordia.
Ese tipo de experiencias sin ser esclavos de ellas, porque también existe la adicción de esas experiencias, entonces es la gente que anda detrás de todos los grupos y de todos los personajes raros que deambulen por estas tierras, haber este que milagros hace, y haber este que poder tiene, sin volvernos esclavos de eso.
Sí, roguémosle a Dios que administre en nosotros la capacidad de admiración. Una de las palabras clave en mi vida en este año es la admiración, necesitamos crecer en admiración y sentirnos desbordados ¿por qué? porque esas experiencias de desbordamiento nos llevan a una convicción, oiga yo creo que si lo puede todo.
Cuando bajó el paralítico, ahí estaba ante Cristo, pero estaba también ante la mirada de todo el mundo y seguramente toda esa multitud sintió lo mismo que nosotros podemos sentir, ¿quién podrá hacer algo por este pobre?
Esa imposibilidad del ser humano se ve rota por un relámpago de amor, por un trueno de gracia que sale de la voz de Cristo, que levanta a ese hombre de su postración. Ver eso, ver que alguien rompió lo que nadie podía romper.
Lo que dice el Apocalipsis, ver que alguien le quitó los sellos al libro, ver que el león de la tribu de Judá; "vente que hoy puede lo que nadie ha podido".
Eso nos da alegría, ganas, fuerza, con esas experiencias uno sale convencido, oye es que es verdad, es que es cierto, aunque lo negara todo el mundo, yo lo he visto y yo se que es cierto.
Necesitamos de eso para ser verdaderos evangelizadores, verdaderos testigos del Señor.