I015001a
Fecha: 19990115
Título: El verdadero descanso es la manifestacion de la gloria de Dios en la creacion
Original en audio: [11 min. 56 seg.]
Esta Carta a los Hebreos lleva este título, entre otras razones, porque los destinatarios, sin la menor duda, eran gente que tenía el oído acostumbrado a las palabras de la Escritura, lo que para nosotros es el Antiguo Testamento.
Es una Carta para convertidos del judaísmo y por eso, para mejor comprenderla, necesitamos en cierto sentido familiarizarnos no sólo con los términos, sino con la manera de utilizar esos términos los judíos.
Por ejemplo, este pasaje de hoy nos ha hablado del descanso. Yo siento que nosotros, occidentales al escuchar un texto como este, se nos escurre como agua entre los dedos.
¿Qué es lo que quiere decir finalmente ese descanso? Y por eso, si con la bondad de Dios podemos avanzar un poquito en estas palabras, pues dejarán de ser como un libro sellado para nosotros. Si Dios habló no fue para que no le entendiéramos. El habla y habló para que nosotros le entendiéramos, para que pudiéramos comprenderle.
La palabra que aquí se traduce por descanso pues alude a ese sabbath, alude a ese reposo que tiene su origen en la obra misma de la creación. Este descanso no debe ser simplemente ocio o vacaciones, este descanso no debe limitarse a un cesar de trabajar, ese descanso que aquí adquiere la altura de finalidad de la vida.
Si nosotros miramos este pasaje, dice al final: "Empeñémonos en entrar en aquél descanso" Carta a los Hebreos 4,11, Y ese descanso queda equiparado prácticamente a lo que nosotros solemos llamar cielo. Entonces, definitivamente debe ser algo más que simplemente dejar de trabajar.
Dios no se jubiló, Dios no entró en uso de buen retiro y empezó a vivir de una pensión.
Se ve que esta idea del descanso no es tan fácil de comprender, si traemos a nuestra memoria todos estos pasajes en que Jesús discute con maestros judíos sobre el asunto del sábado.
Nos cuenta el Evangelista Juan que en una de esas controversias Jesús dijo: “Pues mi Padre sigue trabajando y yo también trabajo” San Juan 5,17, y eso lo dijo Jesús como justificando, como explicando una curación que había hecho precisamente en un día sábado.
Y eso era visto por aquellos judíos como un trabajo, y Jesús responde más o menos diciendo: "Pues si eso es un trabajo, yo voy a trabajar, porque ese trabajo lo sigue haciendo mi Padre" San Juan 5,17.
O sea que este descanso no es la inactividad, no es el descanso de la inactividad.
¿Qué podrá ser este descanso? Tampoco parece que Dios se hubiera agotado, que Dios hubiera agotado sus fuerzas haciendo la creación. Este descanso no es el desenlace de un agotamiento de fuerzas, como nos pasa a nosotros en el uso común de la palabra descanso.
Si uno tiene que hacer una labor ardua o prolongada, luego requiere un descansito y ese descansito es para rehacer las fuerzas. Tampoco parece que este descanso sea para rehacer fuerzas.
Porque si recordamos ese relato del Génesis que aquí se nos menciona, la idea no es que Dios trabajó – llamémoslo así - seis días y luego descansó el séptimo y luego empezó la otra semana a seguir trabajando.
Este descanso no es rehacer fuerzas, tampoco es inactividad, tampoco es ocio; mejor dicho, sabemos tantas cosas de lo que no es, que sabemos muy poquitas sobre lo que sí es este descanso.
Y quisiéramos conocer qué es este descanso, porque resulta que este descanso es como el desenlace propio de nuestra vida y ese descanso es la gran promesa de Dios, de acuerdo con lo que dice este pasaje de la Carta a los Hebreos: "Estando en vigor la promesa de entrar en su descanso" Carta a los Hebreos 4,1.
¿Qué es este descanso que es parte de una promesa? ¿Qué es este descanso que no es para rehacer fuerzas? También nosotros hemos recibido la buena noticia igual que ellos, pero el mensaje que oyeron de nada les sirvió porque no se vivieron por la fe.
Entonces se ve que a este descanso se entra por la fe, cosa que es consecuente con lo que responde Jesucristo en el evangelio de Juan cuando los judíos le preguntan: "Bueno, ¿y cuál es la obra que tenemos que hacer? ¿Cuál es el trabajo?" San Juan 6,28.
En griego dice “ergón”, "¿cuál es el trabajo que tenemos que hacer?" San Juan 6,28; y Jesús les dice: "Pues la obra, el trabajo que hay que hacer es creer" San Juan 6,29, y ahí si creo yo que hemos encontrado el principio de respuesta a nuestra búsqueda de este día.
Este descanso no es la inactividad para rehacer las fuerzas o para el ocio después de trabajar. Este descanso, en lo que tiene que ver con nosotros, es el desenlace propio de la fe.
La fe es el trabajo cuyo descanso es este descanso, o sea que este descanso es el desenlace y al mismo tiempo la llegada, la culminación de la obra de la fe. Este descanso se refiere al tiempo, al momento, al encuentro, cuando ya no haya que creer, a eso es a lo que se refiere.
El trabajo del que se descansa es el trabajo de creer, cuando ya no haya que creer. Yo me atrevo a relacionarlo con aquello que dice San Pablo en la Primera Carta a los Corintios: "por ahora quedan la fe la esperanza y el amor pero a más grande es el amor" 1 Corintios 13,13.
La fe pasará, la esperanza pasará, el amor queda siempre. Entonces, la fe tiene su propio trabajo. Este trabajo de la fe, ese esfuerzo de la fe que muchas veces nos lleva a ir como en contra de nosotros mismos.
Ese esfuerzo de vencernos en nombre de la fe, ese esfuerzo de sobreponernos, de retirar los ojos de los ídolos atrayentes de este mundo para seguir el querer de Dios; ese estar buscando, como decía San Pablo, fijarnos en lo invisible; ese esfuerzo para dejar lo que sería más consolador o más placentero o más útil en este momento, dejar eso y luchar por algo que uno no tiene, pero que sabe que está, ese es el trabajo de la fe.
Llegará el momento en que se podrá descansar de ese trabajo, este descanso es del que se nos está hablando aquí, es el descanso que sigue a la obra de la fe.
Es el descanso que sigue, cuando ya no tengamos, en cierto sentido, que luchar contra nosotros mismos; porque la gran tarea que tenemos nosotros los seres humanos es luchar contra un horario o contra las dificultades de la naturaleza o contra cosas de ese género.
Los descansos que se dan humanamente hablando, fisiológicamente hablando, son descansos para rehacer las fuerzas, son descansos que no arreglan nada. Uno se agota, qué sé yo, haciendo cualquier trabajo en la casa y descansa, pero luego tiene que volver a hacer el mismo trabajo. Ese no es el descanso del que aquí se nos está hablando.
Este descanso es el descanso definitivo cuando ya no haya que hacer nada más, es decir, este es el descanso del esplendor de la gloria.
Uno puede decir: "Bueno, ¿y por qué se dice que Dios descansó, si Dios no tiene fe? Si Dios no tenía una fe ni tenía, por consiguiente, un esfuerzo, ¿qué sentido tiene hablar de ese descanso de Dios?
A ver, ese descanso de Dios yo lo interpreto de esta manera: las obras de Dios tienen su gloria. Al final de las obras de Dios aparece la gloria de Dios en que ya no hay que agregar nuevos seres, en que ya no hay que cambiar lo que existe sino solamente regocijarse en el esplendor de lo que existe.
Por consiguiente, ese descanso de Dios del que se nos habla en el Génesis, no es la acción, o mejor dicho, no es el reposo del obrar de Dios, porque ya mencionamos el caso aquel en que Jesús dice. “Yo sigo trabajando porque mi Padre también trabaja”San Juan 5,17. No es la inacción de Dios, no es que Dios deje de actuar.
El descanso de Dios lo que significa es la aparición, la manifestación de la gloria de Dios en sus obras.
Lo que nos esta diciendo el Génesis es que al final de todo lo que Dios ha hecho, lo más grande que Dios ha hecho, es el esplendor de todo lo que Dios ha hecho, es su propia gloria, precisamente por ese Hijo suyo, que es también su Palabra, por el que fueron hechas todas las cosas.
Cuando aparece el esplendor de la gloria de todo lo creado, aparece también la gran finalidad de la creación. Ese séptimo día, ese día de descanso es el día del esplendor, es el día que nos recuerda que la finalidad única de todo lo creado no es la creación misma, sino la gloria del Creador.
Nosotros participamos de ese descanso de Dios cuando semana a semana suspendemos nuestras labores para contemplar lo que Dios ha hecho y dedicarnos a la alabanza, y con ese ejercicio nuestro estamos preparando el día último, el día definitivo, el día del encuentro con Él, cuando ya no haya que esforzarse en la fe, sino solamente gozarse en la caridad.