I012005a

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Fecha:20030114

Título: Con Cristo el orden reina

Original en audio: [8 min. 58 seg.]


En el principio de la Biblia, en el libro del Génesis, nos encontramos con que Dios le da un mandato al hombre, Dios dijo a nuestros primeros padres que "crecieran, que se multiplicaran y que dominaran la tierra" Génesis 1,28.

Pero resulta que llegó el pecado, llegó el pecado de ellos y luego todo nuestros pecados, y el pecado es un desorden, es el desorden por excelencia, porque el pecado hace que lo que Dios quería no se realice, ese orden que Dios había pensado ya no se cumple, sino que quedan las cosas al revés.

Por ejemplo, Dios dijo que nosotros debíamos dominar a las cosas, pero ahora resulta que muchas veces son las cosas las que nos dominan a nosotros.

Cuando una persona vive obsesionadas por el dinero y llega un momento en el que es capaz de traicionar a un amigo por el dinero, es capaz de desatender a los papás, a la familia por el dinero, es capaz de descuidar su salud por hacer más plata, dice uno: ¿ese señor tiene la plata o la plata lo tiene agarrado a él?

Porque a veces lo que pasa es que no somos nosotros los que dominamos a las cosas, sino que las cosas nos dominan a nosotros. El que está dominado por la codicia del dinero, por el afán de un determinado placer, por ejemplo, la bebida, quiere decir que tiene descompuesto el orden, el orden que Dios quería ha quedado roto.

Pero las lecturas de hoy nos presentan una imagen muy hermosa, muy reconfortante, nos muestran que a Jesús se le han sometido todas las cosas, es decir, que en Jesús el mundo recupera el orden; el pecado es un desorden, pero Cristo le devuelve el orden a la vida personal, familiar, social.

Es un desorden, por ejemplo, que una persona esté gobernada por los sentidos, que teniendo inteligencia, razón, lo que no tienen los animales, se da el caso de personas que viven y que obran peor que los animales, son gobernados por pasiones exhacerbadas, por el fuego del infierno.

Es decir, llegan a ser verdaderamente esclavos, pero Jesucristo viene a nuestra vida a ponerle orden para que sea nuestra inteligencia, nuestra razón iluminada por el Espíritu de Dios, guiada por la fe, para que sea esa razón iluminada la que gobierne la vida y así la vida personal es otra cosa.

Lo mismo pasa en la familia. El pecado hace una parranda de desórdenes en la familia. Un papá que no es papá, sino que es un gruñón, un títere de su mal genio de su egoísmo, de su soberbia; una mamá que no es mamá, porque vive obsesionada por los celos, triste y amargada de ver que sus hijos se le salieron de las manos; unos hijos desnaturalizados, incapaces de agradecer lo que Dios les ha dado, incapaces de respetar.

Ese, hermanos, es muchas veces el rostro de la familia. La familia está desordenada, porque es un papá que no es papá y una mamá que no es mamá y unos hijos que no son hijos.

Pero Cristo llega a la familia, la carta a los Hebreos dice que "a Él se le someten todas las cosas" Carta a los Hebreos 2,8 y el evangelio nos dice que Cristo "enseña con autoridad y que es capaz incluso de expulsar a los espíritus inmundos" San Marcos 1,27.

Cristo le trae orden a la familia, de manera que el hombre sea autoridad en la casa, pero no la autoridad del que más grita, ni la autoridad de una billetera, ni la autoridad del que tiene la fuerza de un novillo, sino tiene autoridad porque sabe guiar esa familia como un capitán guía un barco, sabe infundir principios, dar ejemplo, respetar y hacerse respetar, es un maestro de vida, es un verdadero papá.

Y la mamá se convierte en una verdadera mamá, feliz de sentir que cuando su corazón palpita, ese hogar se llena de luz y de amor; ella sabe acompañar a sus esposo, sabe admirarlo, sabe también cómo guardarlo, cómo protegerlo, porque lo guía sutilmente con esa inteligencia que tiene la mujer.

La mujer tiene su propia inteligencia y la inteligencia de la mujer está en saber tomar el amor, el gusto, incluso el deseo de su esposo y saber guiarlo para buscar lo mejor para ambos y para el hogar; es una verdadera esposa, es piadosa, lleva en su corazón al Espíritu Santo, se siente feliz de sus hijos.

Cristo ha devuelto el orden a ese hogar, ¿ y cómo serán los hijos? Los hijos, guiados por Jesucristo, tienen un gran modelo y ese modelo es Jesús mismo que "creció en edad, en sabiduría y en gracia" San Lucas 2,52.

Así crecen los hijos en un hogar cristiano, no solamente crecen en edad, volviéndose viejos, sino que crecen en sabiduría, aprendiendo a distinguir el bien y el mal, y crecen en gracia porque cada vez viven más una amistad viva con Dios.

La familia ha entrado en desorden porque el pecado ha entrado en la familia, pero Cristo viene a la familia para darle el orden porque la Carta a los Hebreos dice "a Él, a Cristo, se le someten todas las cosas" Carta a los Hebreos 2,8.

Y lo mismo diremos de la vida social. Qué distinta la vida de la sociedad cuando Cristo reina, entonces los bienes públicos son, en primer lugar, para atender las necesidades de la justicia y de la compasión en favor de los más pobres, esa es la vida que Jesucristo viene a traernos.

Hermanos, admiremos la obra de Cristo, abramos las puertas a Cristo como nos lo dijo el Papa Juan Pablo II al comienzo de su pontificado.

Que venga Él a traerle orden a nuestra vida, porque sin Cristo el desorden reina, con Cristo se restaura el orden querido por Dios y con Él viene la paz y la alegría y el amor.

Amén.