Epif029a

De Wiki de FrayNelson
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El domingo después del primero de Enero, la Iglesia Católica celebra en muchos sitios la solemnidad de la Epifanía del Señor. La palabra “Epifanía”, suele traducirse por “manifestación”. Cristo ha llegado a nuestra tierra, con Él ha llegado nuestra salvación, pero esa salvación solo llega a ser nuestra cuando se comunica, cuando la recibimos (cf. Is 60, 1-6; Mt 2,1-12). Podemos decir que el pecado es ruptura, y por consiguiente, la victoria sobre el pecado solo es completa cuando esa ruptura termina, es decir, cuando se restablece propiamente la comunión y la comunicación. Eso, precisamente, es lo que celebramos en la Epifanía.

Cuando se ha manifestado el amor de Dios, su gracia preciosa en la persona de Cristo, se ha restablecido la comunicación y la comunión con Dios. Eso quiere decir que cada uno de nosotros necesita su propia epifanía, en el sentido de que solo cuando Cristo llega a ser Señor de mi vida, la venida de Cristo adquiere pleno sentido dentro de mi historia; si Cristo ha venido a esta tierra, pero si no se ha manifestado, si yo no lo he recibido como Señor de mi vida, es decir, si no he tenido mi epifanía, entonces esa venida de Cristo es inútil para mí. En este sentido va el estilo de la liturgia de los cristianos de oriente, que le dan bastante más importancia a la fiesta de la Epifanía que a la misma fiesta de Navidad, con un criterio que nos damos cuenta que es bastante lógico: solamente cuando se da la epifanía, solamente cuando se manifiesta esa gracia y esa gloria de Dios en nuestra vida, solamente ahí podemos decir que se ha destruido el reino del pecado.

Si cada uno de nosotros ha de tener su propia epifanía, también debemos esperar que en los santos Evangelios aparezcan distintas formas, distintas manifestaciones de esa gracia y de esa bendición de Dios. Por eso, tanto esta fiesta de la Epifanía como los textos que vamos a encontrar en los siguientes días, nos van mostrando distintas epifanías. Por ejemplo, en las bodas de Caná hay una manifestación de la gracia y la gloria de Dios; si miramos la multiplicación de los panes, eso fue epifanía para muchos; si miramos tantos milagros de curación que realizó Cristo, esas fueron verdaderas epifanías. Lo importante, mirando a los pastores, mirando a los sabios llegados de oriente, y mirando los textos del Evangelio de hoy y de los próximos días, es que cada uno de nosotros se haga una sola pregunta: Y mi epifanía, ¿Qué?, ¿cuál ha sido mi epifanía?, ¿en qué momento Cristo ha llegado a tomar verdaderamente su lugar en mi vida?.

En este sentido, creo que nosotros, cristianos católicos, tenemos toda una tarea por realizar; tenemos que llegar a descubrir cómo Cristo se manifiesta, ya de hecho se ha querido manifestar en la historia de cada uno de nosotros, y cuando le recibimos así, como Señor y Salvador, entonces se derrumba el imperio del pecado, se proclama el Reino de Dios, y podemos decir: Hay epifanía y hay salvación en nuestro corazón. Que Dios nos lo conceda por su misericordia. Amén.