Epif012a
Fecha: 20080106
Título: ¿La amistad con Dios es para muchos o es para pocos?
Original en audio: 9 min. 55 seg.
¿La amistad con Dios es para muchos o para pocos? Esa es la pregunta. Cuando uno piensa en todo lo santo y perfecto que es Dios, siente que la respuesta va a ser: "Para pocos". Porque son pocos los que realmente se preocupan de buscar la verdad de Dios, el servicio de Dios, el amor a Dios. "Son unos poquitos", siente uno, "unos poquitos, muy escogidos, muy elegidos".
Pero cuando uno piensa en la compasión de Dios, cuando uno piensa en la misericordia del Señor, entonces la respuesta tiende a ser: "Para muchos". Porque es verdad que Dios es así de bueno, y así de santo, pero así como es de bueno, así es de compasivo y así quiere atraer a todos, así quiere llamar a todos.
El pueblo de Israel sabía que era el pueblo elegido, y durante mucho tiempo ellos estuvieron tentados de pensar: "Aquí los únicos que nos vamos a salvar somos nosotros, la salvación es para muy porquita gente, la salvació es únicamente para este reducido grupo, para nuestro pueblo, únicamente para Israel, un número minúsculo en el concierto de las naciones".
Muchas veces, al saberse elegidos, pensaron que eran muy especiales, pensaron que muy pocos podían compararse con ellos y sintieron que esa amistad con Dios quedaba reservada prácticamente sólo a Israel. Pero Dios habló por medio de sus profeas. Y entre muchos textos que muestran un horizonte distinto, hoy hemos oído un texto poético, bello, muy bello del Profeta Isaías.
Él describe, con imágnes apropidas a su tiempo, cómo Jerusalén se vuelve, a la vez, la ciudad colmada de luz, la ciudad abierta a todas las naciones para que también los paganos, llamados en la Biblia "gentiles", -gentiles quiere decir eso, "paganos", por fuera de la Alianza de Moisés-, para que también ellos puedan llegar a Jerusalén.
La luz de Jerusalén, en esa oprimera lectura de Isaías, no es un privilegio sino es un faro que atre a todos. Y de esa manera el profeta anuncia el llamado universal a la salvación. Está mostrando que los diques de un nacionalismo extremo, o de una vanidad, de pronto son muy estrechos.
Dios es más grande que nuestras ideas, Dios es más grande que nuestras leyes, Dios es más grande que nuestros ritos y nuestras costumbres, Dios tiene todavía otros caminos, recursos, estilos y puede atarer a otras naciones para llamarlas a la unidad de Jerusalén.
Esa visión grandiosa tiene una primera realización cuando los Reyes Magos van de camino hacia Jesús. Ellos pertenecían a naciones gentiles, naciones paganas, naciones que no pertenecían al plan de la Alianza con Moisés.
Y sin embargo Dios utilizó un recurso, porque Dios tiene muchos recursos en su saco, Dios tiene muchas maneras de atraer, de convencer, de persuadir, de seducir; Dios tiene muchas maneras, y la manera con estos Sabios de Oriente, que estaban acostumbradosa mirar las estrellas, la manera que utilizó fue una estrella, y así los atrajo hacia jesucristo.
Así que tenemos que evitar dos extremos: hay un extremo que dice: "Únicamente nos vamos a salvar nosotros, aquí, este grupito chiquito, pequeñito; nosotros los judíos, nosotros los israelitas, nosotros los católicos; únicamente nosotros". Ese es un extremo.
Y ese extremo hay que evitarlo, porque las lecturas de hoy nos hablan de universalidad, nos hablan de un horizonte amplio, y nos dicen que Dios tiene todavía muchos recursos en su saco, en su bodega. Hay que evitar ese extremo que quiere reducir la salvación a un privilegio de unos poquitos que sí son los buenos.
Pero hay que evitar también el otro extremo, y el otro extremo es que todo da lo mismo; el otro extremo es que da lo mismo ser budista que ser cristiano; da lo mismo ser luterano que ser católico; da lo mismo ser ateo y portarse bien, que ser católico, y adorar a Cristo. Ese es otro extremo, es el extremo que se llama: "Da lo mismo".
Vamos a ponerle nombre a esos dos extremos para saber evitarlos. Un extremo es: "Sólo nosotros, nosotros aquí, nosotros, sólo nosotros", se llama ese extremo; y el otro extremo es: "Da lo mismo".
La Biblia no apoya ninguno de esos dos extremos, no apoya ese pensamiento cerrado que hace de la salvación un privilegio, como si nosotros fuéramos esencialmente distintos o mejores que los demás. Eso no lo apoya la Biblia. Pero la Biblia tampoco apoya la idea de que todo da lo mismo.
Fíjate cómo estos Sabios de Oriente, los que solemos llamar Reyes Magos, tuvieron que ponerse en camino, tuvieron que encontrarse con Jesús. El punto de partida puede ser la Astrología, el ateísmo, el Budismo, el Islamismo, o lo que sea; pero el punto de llegada es siempre uno y el mismo, el puento de llegada es Jesús.
Y por eso nosotros, en esta Fiesta de la Epifanía, tenemos que aprender dos cosas: que Dios quiere llamar de muchas maneras a muchos pueblos, y en segundo lugar, que nosotros tenemos el derecho y el amable deber de presentar la persona adorable de Jesucristo, no imponerla, imponer sería forzar la conciencia; no tenemos el derecho de imponer, pero sí tenemos el derecho de ofrecer.
Precisamente, porque estamos convencidos que no es cierto que todo da lo mismo, por eso estamos convencidos de que podemos y debemos ofrecer el mensaje de Jesucristo para que Dios, por los caminos que sólo su gracia conoce, atraiga a todas las naciones y nos dé tantas sorpresas hermosas, como ver a estos Sabios de rodillas ante el Niño de Belén.