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Hoy es Domingo de Ramos, hoy empieza la semana más importante para nosotros los católicos durante el presente año. En la culminación de esta semana tendremos la Vigilia Pascual, la magna solemnidad con la cual el pueblo creyente celebra la victoria de Jesucristo, victoria sobre la muerte, sobre el demonio, sobre el pecado. Agradecidos con Dios que nos permite llegar a este momento, tal vez lo primero que podemos hacer es evaluar cuál ha sido nuestra Cuaresma, es importante que nuestra primera actitud en la Semana Santa sea de humildad, seguramente hemos podido practicar en alguna medida el ayuno, la oración y las obras de misericordia, pero si hemos fallado, si nos hemos quedado cortos, por favor que nuestra actitud sea humilde.
El pueblo hebreo recibiendo a Jesucristo en Jerusalén mostró esa humildad arrojando sus capas ante Cristo que entraba a la ciudad sobre un humilde borrico, arrojando así esas capas ellos estaban mostrando la infinita superioridad del que entra como Rey glorioso, así también llega Cristo a nuestra vida y así también es necesario que nuestro corazón humilde se postre ante Él para proclamarlo Rey, “¡tu eres el Rey de mi vida!”; esta es la primera actitud a la que nos convoca el Domingo de Ramos.
En segundo lugar en este domingo se proclama integra la Pasión del Señor, es uno de los dos días en todo el año en que se lee completa la Pasión del Señor, el otro día es el Viernes Santo. La lectura de la Pasión del Señor hemos de recibirla como una gran declaración del amor divino, y a la vez como una denuncia clarísima del pecado del mundo. Leer la Pasión del Señor es encontrar la traición de los amigos del Señor, la virulencia y la sevicia de sus enemigos, la indiferencia de un sistema judicial que finalmente se hace cómplice, la gran capacidad de manipulación que tienen algunos líderes falsos y la gran irresponsabilidad de las multitudes que así se dejan seducir de los grandes líderes.
Todos estos mensajes nos están mostrando hasta donde llega el pecado del mundo, porque nosotros de muchas maneras también nos hemos dejado manipular, nosotros como Pedro o como Judas también hemos negado a Nuestro Maestro, nosotros como Pilatos muchas veces nos hemos lavado las manos, no solamente ante el honor de Cristo sino también ante la gloria de Dios y ante el dolor de nuestros hermanos. Por eso la Pasión de Cristo es un recorrido por lo que podríamos llamar “peor” dentro de la humanidad, pero a la vez es un canto a la bondad gratuita, a la misericordia inagotable del Dios que ha venido a nuestro encuentro.
Domingo de Ramos, domingo para leer la Pasión del Señor, domingo para escuchar esta proclamación de fe, y domingo por supuesto para preparar al gran domingo, el próximo domingo, el Domingo de la Pascua.
Si es verdad que hoy encontramos a Cristo en su dolor, ese dolor no es el final de la historia, la victoria está cercana y por eso a lo largo de estos días de Semana Santa, vamos a caminar como pueblo creyente, hasta llegar al cenáculo en la institución de la Eucaristía, hasta llegar al calvario en la acción litúrgica de la Pasión del Señor, pero sobre todo para llegar hasta las puertas del sepulcro y allí recibir a Cristo glorioso y resucitado.