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Este es el sexto domingo de Pascua, y el Evangelio de hoy nos va sintonizando con el gran día de Pentecostés. No olvidemos que el Tiempo Pascual en el que nos encontramos, ha tenido su comienzo en la solemnidad de la Pascua, y tendrá su culminación en Pentecostés. El mismo Espíritu Santo que resucitó a Jesús de entre los muertos, es el que quiere hacer su obra en nosotros; es el que le da la vida a la Iglesia; es fuente de vida, fuente de luz, fuente de poder, y es principio de misericordia; todo eso hace el Espíritu Santo.

Pero, de todas esas obras del Espíritu, el texto del Evangelio de hoy, tomado del capítulo catorce de San Juan (cf. Jn 14, 23-29), destaca una; la frase fundamental es aquella que hemos oído: “Cuando venga el Espíritu de la Verdad, él los introducirá en toda la verdad” (Jn 16, 13). ¿Qué significa esto? Significa que, por una parte, la semilla que hemos recibido, el testimonio que hemos recibido de los apóstoles, es palabra de verdad; no estamos cimentados sobre fábulas o sobre inventos; es palabra sólida, es cimiento en el que podemos confiar.

Pero, por otra parte, esa palabra es como una especie de semilla que ha de crecer hasta dar la plenitud, y ese crecimiento, esa comprensión más profunda de la verdad que hemos recibido de los apóstoles, es lo que experimentamos como Iglesia, a través del magisterio de nuestros Obispos y, particularmente, del Papa. Quien habla de crecimiento, habla de cambio, pero también habla de continuidad. Efectivamente, si yo siembro, por ejemplo, una planta de trigo, pues, espero que crezca; pero al crecer no se va a volver un árbol de manzana, y después ese árbol no se va a volver un león, y ese león no se va a volver luego una roca. Es decir, hay cambio, pero también hay continuidad, y ese crecimiento que es llamado “crecimiento homogéneo”, es una ley, podríamos decir, del ser de la Iglesia.

Por eso, explicaba muy bien el Papa Benedicto, que cuando se trata, por ejemplo, del Concilio Vaticano II, lo que hemos de aplicar como criterio interpretativo, es la continuidad. Hay una hermenéutica, es decir, un modo de interpretar, que le da la primacía a la continuidad. Lo mismo debemos aplicar nosotros, en otros momentos en que la enseñanza de la Iglesia, tal vez, nos deja un poco perplejos. Recientemente, el Papa Francisco ha publicado una exhortación apostólica, un documento de mucha importancia, llamado “Amoris Laetitia” (El gozo del amor), y ese documento papal, ha causado mucha confusión en muchas personas, sobretodo, porque quieren interpretarlo como una ruptura. Esa clase de ruptura no es la manera de ser católico. El crecimiento en la fe, no es a base de rupturas, como si el trigo se volviera después manzana, después león y después roca. El crecimiento en la Iglesia, es crecimiento, es evolución a partir de esas verdades fundamentales que se van esclareciendo; así que aquello que nos parezca extraño de Amoris Laetitia, hay que entenderlo a partir de la continuidad, por ejemplo, de documentos tan importantes, como “Familiaris Consortio”, del Papa Juan Pablo II, o “Veritatis Splendor”, también del mismo Papa.

Demos gracias a Dios, por el magisterio del Papa Francisco, y nos dejemos, fácilmente, confundir.