Cp06001a
Fecha:19980517
Título: El Espiritu Santo es el resultado de la suplica de una Iglesia que ora
Original en audio: 12 min. 2 seg.
Queridos Hermanos:
Por iniciativa del Papa Juan Pablo II, estos últimos años del milenio están dedicados a una reflexión más profunda sobre nuestra fe, y cada uno de estos últimos años tiene como centro de meditación una de las personas Divinas.
Así en el año pasado reflexionábamos y celebrábamos a Jesucristo, y en este año al Espíritu Santo, y el año entrante, con la bondad de Dios, a Él mismo, al Padre, de quien proceden el Hijo y el Espíritu.
Finalmente, en el año dos mil, estaremos renovando nuestra fe en el misterio de las Santísima Trinidad, y de este modo nos vamos preparando, mes por mes y año por año, para una conciencia más completa y para un gozo más pleno en la fe que hemos recibido, la misma en la que vivimos, la misma que anunciamos.
Así pues, este es un año que tiene como centro de meditación al Espíritu Santo, pero además de eso, estamos celebrando el tiempo pascual y el tiempo pascual tiene, por decirlo así, dos objetivos.
Primero, la memoria viva de la Pascua del Señor, como lo indica su propio nombre, de la victoria de Cristo; y segundo, la preparación para una efusión más plena del Espíritu Santo en nosotros.
El tiempo pascual cobija cincuenta días. Se inició en el Domingo de Resurrección, cuando terminábamos la Semana Mayor, y terminará en Pentecostés, exactamente dentro de dos semanas.
Hay que saber relacionar estas dos fiestas: la Pascua de Cristo y Pentecostés. Porque la llegada del Espíritu Santo a nosotros, hace que puedan acontecer en nosotros los misterios que celebramos como sucedidos en el Cristo de la Pascua.
Nosotros no somos solamente admiradores de todo lo que Cristo hizo, ni menos vamos a decir: "A Él le quedaba fácil por que era Dios". Precisamente la fiesta de Pentecostés es para que a nosotros nos sucedan, nos ocurran las mismas cosas maravillosas que nos cuentan los Evangelios con respecto a Jesucristo.
Para que nuestra inteligencia tenga luz, nuestra voluntad firmeza, fortaleza, pureza, para que recibamos salud en nuestro cuerpo, sanación en nuestra persona entera, reconciliación en las familias, en fin, todo aquello que el Espíritu puede hacer en nosotros.
¿Y cómo se prepara uno para la llegada del Espíritu Santo? Porque hay un lugar en los Hechos de los Apóstoles donde se cuenta que San Pablo se encontró con unos ciertos cristianos allá de una región del Asía Menor, lo que hoy es Turquía.
Y les habló del Espíritu Santo, les dijo que si habían recibido al Espíritu Santo, y ellos dijeron: “Nosotros no habíamos oído que se recibiera Espíritu Santo con el Bautismo” Hechos de los Apóstoles 19,2.
Desconocían la persona del Espíritu Santo, y así pienso yo que también ha habido muchos cristianos que han vivido como en un cuarto oscuro mientras afuera hay sol.
Así pienso que nosotros diremos que no existe el sol mientras estemos en nuestro cuarto oscuro, y nada importa que la luz del sol recorra no sé cuantos millones de kilómetros hasta nosotros, si las ventanas están cerradas, las cortinas corridas, las persianas cerradas y no puede penetrar la luz de Dios.
¿Qué hace la Iglesia para que nosotros podamos recibir ese regalo que ha recorrido mucho más de docientos millones de kilómetros entre el sol y la tierra? Porque lo que Dios ha recorrido es muchísimo más de lo que ha recorrido la luz del sol, desde que salió del astro rey hasta llegar a nuestro planeta.
Dios ha recorrido muchísimo más, muchísimo más hasta hacerse hombre, hasta padecer nuestras injusticias, hasta sentir en su cuerpo muerto el frío del sepulcro, hasta palpar esa hondura de nuestras depresiones, tristezas, e incoherencias.
Dios ha recorrido, Dios ha hecho el camino; y después de hacer el camino, del Cuerpo glorioso de Jesucristo brota Espíritu Santo, para que nosotros lo recibamos y lo acojamos.
Es mucho lo que Dios ha recorrido para alcanzarte, falta sólo un pequeño, un pequeño trecho. Yo, a veces lo comparo con lo que sucede con la luz del sol, y ya no digo ni siquiera las ventanas de una casa, sino nuestros propios párpados; aunque haya mucha belleza que puede ser iluminada por el sol, si mis párpados están cerrados, la belleza no existe para mí. Si yo me pongo unas gafas oscuras, no existe la claridad para mí.
¿Qué ha hecho y qué hace la Iglesia para que esta calamidad no suceda? ¿Qué hace la Iglesia para que nosotros podamos abrir los ojos? Mira, ya es muy poquito lo que hace falta, lo duro del camino ya lo recorrió Dios, es muy poquitico lo que hace falta.
Lo duro que era vencer a Satanás, perdonar el pecado, pasar por encima de la burla del mundo, superar la injusticia, la soledad, la aridez, el desierto, la fragilidad de la carne, ya todo eso está vencido.
Dios Padre, por el Hijo y el Espíritu ha vencido, ha salvado la distancia que nos separaba de Él, ya falta muy poquito, ¿vas a negarte ese derecho? ¿Vas a quitarte ese poquitico que hace falta?
¿Qué hacemos para que llegue ese poquito? Hacemos lo que hace la Iglesia, lo que estamos haciendo aquí en la Santa Misa, lo mismo que usted puede seguir haciendo en su casa.
A ver, cosas concretas: lea, por favor, todo lo que pueda, lea, por favor, los Hechos de los Apóstoles, está en la Biblia que usted tiene en su casa, abra el libro de los Hechos de los Apóstoles, llévese la hojita de la Misa, repase las obras del Espíritu Santo.
Cuando uno va leyendo sobre las obras del Espíritu Santo, el mismo Espíritu va suscitando dentro de uno un amor, un anhelo, un deseo: "Yo quiero que me suceda eso, yo quiero que me pase eso".
Lea el libro de los Hechos de los Apóstoles, especialmente esos primeros capítulos, primero, segundo, tercero, cuarto; esos cuatro primeros capítulos, aunque todo el libro le va a servir.
Lea los Hechos de los Apóstoles, porque en el fondo, quien los hizo Apóstoles, fue la gracia del Espíritu; y en el fondo ese libro se podría llamar "los Hechos del Espíritu Santo".
Hay que leer los Hechos de los Apóstoles, que son los hechos del Espíritu Santo. ¿Qué más hay que hacer? Hay que perseverar en la oración. Jesús nos dice: "Pedid, y se os dará" San Mateo 7,7, "Pedid, y se os dará" San Mateo 7,7, "pedid, y se os dará” San Mateo 7,7.
Mira, es como si la Iglesia fuera nuestra mamá y nosotros fuéramos unos bebés chiquitos, pero caprichosos; y la Iglesia, que es la mamá, ya nos trae la cucharadita de colada, ya nos trae la cucharadita de compota, ya está aquí junto a la boca y la Iglesia lo que nos dice es: "Abra la boca, abra la boca para que se le pueda alimentar. Pida".
Porque hay una cosa: nadie puede, nadie puede hacer lo que usted tiene que hacer en esto; la vida suya es intercambiable, yo puedo rogar el don del Espíritu Santo por usted, o usted por mí, pero yo no puedo violentar la puerta de su corazón, ni usted puede violentar la puerta de mi alma.
Cada uno tiene que abrir la puerta, abrir la boca, no seamos bebés malcriados, consentidos, indigestos, como estos niños ahítos, esos niños repletos de golosinas que ya no les cabe nada y cuando llega el almuerzo de verdad verdad, ya no tienen apetito ni amera de comer.
No, nosotros vamos a abrir la boca, vamos a decirle a Dios, en este año del Espíritu Santo, vamos a decirle a Dios: "Este año quiero recibir tu gracia", incluso mírelo como una especie de reto, mírelo como una aventura.
¿Qué será todo eso que dicen del Espíritu Santo? Pero ore, ore usted, usted tiene que orar, todos tenemos que orar y unirnos en oración y decir: "Ven, Espíritu Santo, transfórmame, renuévame, perdóname, sáname, ilumíname, ayúdame, Espíritu Santo, para que sucedan dentro de mí las maravillas que yo oigo que se dicen de ti".
Y una última sugerencia: el libro del Apocalipsis nos ha presentado una visión de la Iglesia: unirnos en comunidad. Es importante, desde luego, la súplica personal, pero el Espíritu Santo no es un estado mental.
Hay una secta protestante que se llama: "Oración Fuerte al Espíritu Santo", ellos contratan teatros, arriendan teatros y allá, con música muy entusiasta, de pronto estridente para algunos gustos, cantan celebran y gozan hasta que la gente se siente que llegó el Espíritu Santo.
El Espíritu Santo no es un estado anímico, el Espíritu Santo no es un estado mental, no es una histeria colectiva simplemente, es el resultado, es el fruto de la súplica de una Iglesia que ora.
Yo creo que usted puede sacar más tiempo para unirse a la Santa Iglesia; por ejemplo, si usted conoce un grupo de oración católico, -porque si no es católico le quitan la confesión y le quitan todo-; si usted conoce un grupo de oración católico, vuelva a él, sea asiduo, únase con otros hermanos.
Haga un grupo de oración con la Virgen María, contemple los misterios gloriosos del Santo Rosario, invoque el Espíritu Santo, siguiendo el ejemplo de la Biblia, invoque el Espíritu Santo junto con María, los Apóstoles y las demás personas que estaba allá en el cenáculo.
Asista más frecuentemente a la Misa. ¿A usted le basta lo que escucha aquí? ¿Es suficiente para usted venir a Misa los domingos? Y eso que algunas veces llegamos casi rezongando.
¿Es suficiente para usted esto? ¿A usted el corazón no le pide como más alimento, como llegar más lleno a su casa? Si usted tiene posibilidad, sobre todo en estos días cercanos a Pentecostés, asista a la Santa Misa, escuche esas lecturas, beba de esos textos y suplique la gracia del Espíritu Santo.