Cp05001a

De Wiki de FrayNelson
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Fecha:19980510

Título: Oir la Buena Noticia alegra el corazon y lo llena de esperanza

Original en audio. 9 min. 13 seg.


La Pascua, en la Iglesia Católica, cubre cincuenta días, que van desde el domingo de la Resurrección hasta el domingo de Pentecostés.

Teniendo en cuenta que la Cuaresma toma su nombre por los cuarenta días de Jesús en el desierto y los cuarenta días también de la Iglesia en oración y preparación a la Semana Santa y al misterio de la Pascua, quiere decir que en la Iglesia hay más días de alegría que días de penitencia, porque son cuarenta los de Cuaresma y son cincuenta los de Pascua.

Nosotros vivimos más de la certeza de que Dios puede perdonar, que de la certeza de que nosotros somos pecadores necesitados de perdón; nosotros vivimos más de la certeza de la misericordia de Dios, que de la certeza de nuestra miseria; nosotros estamos más agarrados a la fortaleza de Dios, y eso es más claro para nosotros, que la debilidad que haya en nosotros mismos.

Pero resulta que la debilidad que hay en nosotros, y la miseria que hay en este mundo, de todo género, y el perdón que nosotros necesitamos son cosas como muy cercanas y muy evidentes.

Pues bien, la Pascua nos lleva a reconocer, a afirmar y a proclamar, que más grande que la mayor de las evidencias, es la victoria de Dios, que nada puede ser comparado por su victoria.

Quien quiera convencerse de esto, tiene que oír otros reportajes, otros noticieros que los que escuchamos usualmente, y tiene que leer otros periódicos que los que leemos usualmente.

Ángeles y Apóstoles han aparecido en las lecturas de hoy. En la primera lectura, Pablo y Bernabé reúnen a la asamblea y le cuentan todo lo que Dios ha hecho con ellos; y en el Apocalipsis son Ángeles los encargados de ir llevando a este vidente, cuyo nombre es Juan, de uno a otro escenario y de una visión a otra.

Mientras sigamos oyendo sólo los noticieros en la televisión, mientras sigamos leyendo sólo los periódicos que llegan por suscripción a nuestras casas, mientras sigamos sólo comprando las revistas que se ofrecen en los almacenes, nos parecerá que la Cuaresma es eterna y que la Pascua es cortica, que la miseria es muy grande y que la misericordia muy chiquita, que los problemas inmensos y las soluciones insuficientes, y sobre todo, el rostro estará siempre marcado, siempre surcado por la tristeza, por el miedo.

Hablaba hace poco con una amiga sobre este punto, el miedo, vivimos asustados, y cuanto más tenemos, más miedo; cuanto más poder, más miedo; cuanto más dinero, más rejas, más miedo.

Amigos, el rostro de miedo, la posibilidad de la sonrisa, del arrepentimiento sereno, del perdón, eso sólo puede venir si cambiamos de noticieros, si nos sintonizamos en otra parte.

Un sacerdote de mi comunidad, -yo creo que estolo dije aquí alguna vez-; un sacerdote de micomunidad pero no de este convento, se enfermó hace unos años, gravemente enfermo, y la revisión médica correspondiente llegó a una conclusión: estaba enfermo de noticias.

Usted se puede enfermar de noticias. Este padre era adicto a noticias, y como hay emisoras que son noticias, noticias, noticias cada diez minutos, cada cinco minutos, cada quince minutos; noticias, noticias y más noticias.

si usted no cambia de emisoras, si usted sólo oye esas noticias, se enferma, como se enfermó al padre de nuestra comunidad, y el médico le dijo: “Si usted quiere sanarse, usted no soporta, su organismo, -qué curioso, un médico alópata, no homeópata, alópata-; un medico le dice: "Si usted quiere sanarse, sepa que su organismo no soporta tantas noticias".

Es posible que entre los que estamos aquí haya organismos fuertes, que sí soportan muchas malas noticias; tu organismo, tu cuerpo las soporta, pero la cara se te está echando a perder, hermanito.

Tienes cara de desastre, tienes mirada de invierno, se te ha congelado la sonrisa en el rostro, has perdido el brillo en la mirada, ¿qué pasa contigo? ¿Qué pasa que no tienes palabras, ni abrazos, ni cariño, ni fuego, ni entusiasmo, ni esperanza?

Y eso no sólo ustedes, a mí me parece que ustedes son de los que tienen mucha esperanza, no voy a hacer yo lo que hizo algún sacerdote que empezó a criticar tanto en la iglesia de la gente que no venía a Misa, hasta que se paró alguien y le dijo: "Padre, pero yo vine"; no, ustedes son de los que tienen esperanza, ustedes son de los que creen, yo creo que ustedes creen.

Pero es que las visiones de desesperanza que uno se encuentra en un colegio como este que tenemos aquí vecino, oiga, pasearse uno por esos cursos de décimo y de once, ver uno el vacío y la muerte que sudan los muchachos, ver uno el perfume de vacío, de absurdo, de nada que tienen las niñas en las universidades, una superficialidad, una carcajada vacía, próxima ya al ridículo.

¿Y dónde está la sonrisa serena? ¿Dónde está la amistad? Carcajadas hay. Yo, como he tenido la fortuna de atender en confesión a muchas personas de muchas edades, por eso puedo hablar lo que les estoy diciendo.

Se encuentra uno una muchachita, veintiuno, veintidós años, una cajita de música, muy simpática, muy risueña, se acerca donde el sacerdote y lo primero que dice es: "-Yo no tengo amigos", y le dice uno: "-Bueno, ¿y las risas? ¿Y las salidas? ¿Y todas esas personas?" "-Esas no, yo conozco esas amigas, y esas no son amigas".

La gente no cree ni en sus amigos ni en sus amigas, no creen en sus risas, ni en sus tragos, ni en sus reuniones, no creen en sus alegrías.

Amigos, hay que cambiar de emisora, si usted no lo sabía, estamos en Pascua; Cuaresma son sólo cuarenta días, Pascua son cincuenta.

Cambie de emisora, oiga a los Apóstoles, oiga a los Ángeles, ahora no se meta a comprar un curso de Ángeles, no faltará el que salga y compre un curso de Ángeles, allá en el Andino, en Santa Bárbara, o en no sé dónde, alguna tienda esotérica, y va allá a aprender cómo se invoca a los Ángeles y no sé qué otras cosas.

Entonces hablo más clarito: acérquese a la Sagrada Escritura, medite con amor, por favor, piérdale tiempo, quítele unos cuantos clientes a los noticieros Caracol, RCN y todas esa gente, por lo menos unos minutos al día, y piérdale tiempo a leer estas otras noticias.

¿Usted oyó lo que leímos? Mire lo que dice: "Terminando su misión, se embarcaron para Antioquía de Siria. Al llegar, reunieron a la iglesia y contaron todo lo que Dios había hecho por medio de ellos y cómo había abierto las puertas de la fe a los no judíos" Hechos de los Apóstoles 14,26-28. Y ese día en Antioquía de Siria la gente gozó, sonrió, cantó, lloró de alegría.

Hay que oír otras noticias. Acérquese a la Buena Noticia, medite la Buena Noticia, gócese en la Buena Noticia, le va a cambiar la cara, le va a mejorar el corazón.