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De Wiki de FrayNelson
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El cuarto domingo de Pascua es conocido en nuestra Iglesia Católica, como el Domingo del Buen Pastor. Cada año, no importa el ciclo litúrgico en el que nos encontremos, el cuarto domingo de Pascua nos vuelve la mirada hacia esa imagen preciosa, la del pastor que se ocupa de sus ovejas, que las cuida, las alimenta, las defiende; y por eso en este domingo hemos de mirar a Cristo como pastor de nuestras vidas y hemos aprender a mirarnos como ovejas de su rebaño, según aquello que dice el salmo: “somos su pueblo y ovejas de su rebaño” (100,3).

En cada año hay un énfasis diferente, como sabemos nos encontramos en el Ciclo C y en este año el énfasis para la Fiesta del Buen Pastor está en la palabra “poder”. Es interesante el análisis que hace Santo Tomás de Aquino sobre el poder, porque nos dice que el poder tiene características de medio no de fin, quiere decir que el poder lo utilizamos para obtener otros fines, por ejemplo hay personas que utilizan el poder político para enriquecerse o para volverse famosos, ¡pero cuidado! no hay que tratar al poder como a una cosa perversa en sí misma, porque el poder también puede tener una finalidad buena; por ejemplo, una persona puede tener una gran empresa, que tiene un tremendo impacto en la sociedad y precisamente porque es poderoso hace un gran bien, pues le da empleo a muchísima gente, alimenta a muchas familias, mejora la calidad de vida de toda una región; por eso Santo Tomás nos dice que el poder no es un fin sino un medio, y en la medida que es un medio puede servir para cosas buenas o para cosas malas.

En este cuarto domingo de Pascua del ciclo C, el énfasis está como ya dije en el poder; Cristo dice: “nadie arrebatará mis oveja de mis manos” (cf. Jn 10,27-28) y refiriéndose a nuestro Padre del cielo dice: “el Padre es mayor que todos, el Padre me ha entregado a las ovejas” (cf. Jn 10,29); es decir Cristo habla con ponderación de Dios Padre y de su propio poder, nadie puede oponerse al designio de Dios y nadie puede quitarle sus ovejas, es decir que Cristo es el “pantocrátor” como dicen en griego, El que todo lo puede, El que está por encima de todo, es un elogio del poder de Cristo; pero este poder no tiene porque preocuparnos, más bien tiene mucho de qué alegrarnos, que bueno es saber que esas manos en las que estamos, las manos poderosas de Cristo, son las mismas manos llenas de bondad y de milagros, que bueno es saber que el mismo corazón que palpita con ternura por nosotros, es el que está en el centro de este despliegue de poder que nos defiende, que bueno es sentirse uno protegido, guiado, acompañado por el que es poderoso, porque es bueno.

Si el poder tiene características de medio, el mismo Santo Tomás también nos aclara: “el bien tiene características de fin”. Entonces si Dios es poderoso, ese solo dato nos dejaría como en vilo, “¡ahora quién sabe qué va a ser de mí!”; era lo que pasaba con las religiones paganas, las religiones de los griegos, de los muiscas o aztecas, “los dioses son poderosos, quién sabe qué va a ser de nosotros” ; nosotros los cristianos no hablamos así, tenemos la certeza de que el mismo Dios que es poderoso, utiliza ese poder para sanarnos, para cuidarnos, para alimentarnos y para defendernos. A Él sea la gloria por los siglos. Amén.