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Fecha: 19980503

Título: El que se reconoce como oveja de jesucristo no tiene por que temer a nadie ni a nada

Original en audio: 15 min. 20 seg.


Queridos hermanos.

Este es el cuarto domingo de Pascua. Este domingo la iglesia lo llama “el domingo del Buen Pastor”, por eso es un día para reconocernos, como decíamos con el Salmo 99, como "su pueblo y ovejas de su rebaño" Salmo 99,3.

Dice el Señor Jesucristo que "sus ovejas conocen su voz" San Juan 10,27, y dice también que nadie puede quitarle las ovejas: “Nadie las arrebatará de mi mano” San Juan 10,28.

Sí nosotros reconocemos la voz de Jesucristo, sí nosotros nos reconocemos como rebaño de Cristo, nadie nos puede sacar, nadie nos puede quitar de la mano, del poder, del amor, de la gracia de Jesucristo.

¿Y por qué? Porque nosotros somos creaturas, hemos sido creados, y el Creador de todos es Dios nuestro Padre, y ese es el más grande porque ese es el Creador; no hay un poder comparable al poder de la creación, nadie tiene un poder comparable al poder del Creador.

Porque el Creador es el que determina qué existe, qué no existe, qué termina, qué es lo que hay y qué es lo que no hay, ¿y los demás quiénes son? Todos los demás. Satanás no puede crear, ni puede aniquilar, él no puede reducir a la nada las cosas, él mismo ha sido creado por Dios.

Amigos, esta es una doctrina, es una enseñanza que trae mucha paz al corazón. A veces le tenemos demasiado miedo a las personas, a los poderes, a los gobiernos, a las fuerzas, a las armas; a veces le tenemos mucho miedo a la enfermedad, a la vejez; a veces le tenemos demasiado miedo al pecado, a la tentación, al demonio, a los espíritus, a los maleficios, a las brujerías.

Resulta que el demonio también es una creatura, y el demonio haga lo que haga o quiera lo que quiera, no puede trabajar sino hasta donde Dios le permite, y como Dios le permite, y para lo que Dios le permite.

El que tiene el gran poder, el que tiene el verdadero poder, el que tiene todo en su mano es el Creador. ¿Por qué a veces tenemos tanto miedo? "¿Será que me han hecho un maleficio?" "¿Será que me han hecho una brujería?" "¿Será una enemiga que yo tengo que me hizo un entierro?" "¿Será que me rezaron al revés?".

Yo sé que la gente hace esas porquerías, yo sé que la gente hace maleficios, yo sé que la gente hace esas cosas, peor para ellos, peor para los que los hacen; pero el que está unido al Creador, ¿qué puede temer? ¿Qué puede temer sí está unido al que tiene el poder?. Satanás con todo el ruido que quiera hacer, y con toda la perturbación que quiera traer a nuestra vida, es sólo una creatura.

Esto que hay aquí, como una especie de adorno, también me sirve a mí como una imagen para contarles la diferencia entre el Creador y un artífice. Un artífice es por ejemplo un herrero, un zapatero, un talabartero, esos son artífices.

Pero El Creador, es el que hace que los cosas sean. Si un señor tiene todo el arte para trabajar el hierro, tiene muchísimo arte y es especialísimo en trabajos de hierro, pero no tiene hierro no puede hacer nada. Si una persona sabe trabajar el cuero, y sabe hacer muchas cosas y no tiene cuero no puede hacer nada.

Luego, el que tiene el poder es el que determina si existe o no existe el cuero y dónde existe el cuero, y dónde existe el hierro, y ese es Dios nuestro Creador.

Por eso el Señor Jesucristo nos dice que Él ha recibido del Padre Celestial todo poder, y el Padre Celestial es el creador de todos, por consiguiente, el que está unido a Jesucristo, el que se reconoce como rebaño de Jesucristo, no puede ser arrebatado, no puede ser robado por nadie.

Dios no lo quiera, un niño pequeño, Dios no lo vaya a permitir, pero un niño pequeño puede ser robado, puede ser secuestrado, los papás se desviven por sus hijos, pero los papás no tienen todo el poder; porque hay otros que tienen otro poder, y Dios no lo vaya a permitir, pero un niño puede ser robado.

A nosotros nadie nos puede robar de las manos de Papá Dios, a nosotros nadie nos puede robar del rebaño de Jesucristo, a nosotros nadie nos puede sacar de ahí. De manera que la primera enseñanza, la fundamental enseñanza de este día es esta, amigos: si tú te reconoces rebaño de Jesucristo, nadie te puede robar, nadie te puede sacar de ahí, nadie, nadie.

Una santa, a la que amo profundamente, una dominica del siglo XIV, llamada Santa Catalina de Siena, tiene esta expresión maravillosa, dice: “Tal fortaleza adquiere la voluntad humana cuando se une con fe a Jesús de Nazareth, tal fortaleza adquiere, es tanta la fuerza que adquiere, -dice Santa Catalina inspirada por Dios- que ni el demonio ni creatura alguna puede obligar a cometer el más pequeño pecado”.

No hay que tener miedo, ¿por qué a veces vivimos como si fuéramos hijos de esclavos? ¡Si somos hijos del Rey!, nosotros somos hijos del Rey, del dueño de todo este asunto; nosotros somos hijos por la gracia del Espíritu y estamos llamados a vivir como hijos del dueño de todo esto.

Nuestros papás son personas muy respetables, pero nuestros papás son sólo, si se me permite esa explicación, una primera aproximación a lo que significa ser papá.

Yo tengo, desde luego, mucho cariño, mucho amor y mucho respeto por mi papá y mi mamá, pero yo sé que ellos no son perfectos, ellos tienen defectos y a veces muchos defectos.

Papá, mi verdadero papá, el dueño de todo esto se llama Dios, y es el Creador; y mi Papá que es El Creador quiso que yo fuera su hijo, y me da el don del Espíritu Santo para que yo viva como hijo y no como esclavo, ni como asalariado, ni como proletario, sino como hijo, hijo del Rey.

Y si yo creo eso y si yo reconozco a Jesús en el fondo de mi alma como mi Señor como mi Pastor; si Él es mi Señor y mi Pastor, y yo me reconozco así en sus manos, nadie, nadie, nadie me puede robar, nadie me puede sacar de ahí, nadie me puede obligar a lo que yo no quiera, nadie me puede llevar al pecado.

Esta enseñanza, hay que predicarla mucho, porque yo noto a muchos cristianos muertos de miedo: "¿que qué va a pasar con el alimento, con el vestido, qué va a pasar con el trabajo, a dónde se va a ir la familia, qué va a ser de este país, que va a suceder aquí, adónde iremos a llegar? Yo tengo una respuesta para eso: al corazón de Papá Dios.

Allá es a donde vamos a llegar, a la Casa del Padre Celestial. Los caminos no los conocemos completos, hay que saberlos, basta con saber el camino de cada día, pero allá es donde vamos a llegar.

Sí tú, por ejemplo, estás en Bogotá y tienes que hacer un viaje a Bucaramanga, y te dicen: ”Mire, es que hay unos pedazos en ese viaje que son unos desfiladeros terribles y unos abismos espantosos”. Si usted tiene la certeza, si usted sabe quién es el que va a manejando y cuál es el bus en el que usted está montado, usted está tranquilo.

Y le dicen: “¡oiga, es que son unos abismos terribles, es que por ahí se ha matado mucha gente¡”; pero usted dice: ”yo sé en qué bus me he subido y yo sé quién es el conductor de este bus y por eso duermo y descanso tranquilo, porque yo sé a dónde voy a llegar“.

Por favor, la vida del cristiano no es una vida de zozobra, de angustias, de miedos: "¿Ay, ¿qué va a ser de mí, mi familia, mi país? ¿A dónde va a parar todo esto?. Yo quiero ser tan claro como me sea posible: desconfíen de las predicaciones que los quieren llenar de angustia.

Algunas veces personas, sobre todo cristianos no católicos, como decir evangélicos y de esos que se llaman a sí mismos cristianos, no dicen que son católicos sino sólo Cristianos; empiezan a hacer unas predicaciones terribles sobre el fin del mundo, y el final de los tiempos y todo lo que va a pasar: días de oscuridad, hambre, pavor....

La actitud del cristiano es distinta. Yo les ruego el favor, porque les amo en Jesucristo, ustedes no se conviertan por miedo, porque una de las actitudes, una de las estrategias del enemigo es remecer y remecer y remecer a la gente, ¿para qué? Para que nosotros llenos de angustia, para que nosotros llenos de miedo perdamos nuestra confianza en Dios; y cuando uno se ha separado de Dios, ahí sí uno es un juguete.

Les doy está comparación, aunque yo no soy tan poeta como Fray Fernando Piña. Mire, si usted mira por ejemplo las aves en vuelo, andan a grandes velocidades, recorren los espacios, les llegan los vientos y ahí siguen volando.

Pero si una pluma se desprende de esa ave, esa pluma irá a dar quién sabe a dónde, mientras las plumas están pegadas al pajarito, al ave, van con él y suben y bajan y vuelven al nido; pero la pluma que se desprende del ave, esa pluma quién sabe a dónde irá a parar, esa sí se la lleva el viento y quién sabe a dónde irá a parar.

Nosotros somos rebaño de Jesucristo, nosotros creemos en Él, nosotros le amamos, nosotros le celebramos, nosotros somos felices en Él, y nosotros no nos dejamos asustar ni por maleficios, ni por fines del mundo, ni por apariciones, ni por cosas terribles que vayan a suceder.

Para un corazón que esté arrepentido de sus pecados y fiado de la Sangre de Cristo y lleno del Espíritu Santo ¿qué miedo puede haber?

Les repito: sí un corazón está arrepentido de sus pecados, porque pecadores somos, pero está fiado, lleno de confianza en la Sangre perdonadora de Cristo y está lleno del Espíritu Santo, ¿qué miedos? Por favor, no hay que tener miedo; ¿cuántas veces dice Jesús en Evangelio esto: ”No tengan miedo"? San Mateo 10,26; San Mateo 10,28.

Vamos a curarnos del miedo. Y Cristo sigue pastoreando su pueblo, Cristo nos alimenta con su Palabra, Cristo nos alimenta con su Cuerpo y con su Sangre, Cristo nos inspira por medio de su Espíritu Santo, Cristo nos da el ejemplo de los santos, Cristo nos da los Sacramentos.

Y por eso también hoy el es día para dar gracias a Dios por aquél Sacramento del Orden, el Sacramento del Ministerio Ordenado, por el cual hay en la Iglesia diáconos, presbíteros, a los que casi siempre llamamos sacerdotes y Obispos. En ellos Jesucristo sigue realizando su labor de Pastor cuidando sus ovejas.

Amigos, vamos a reconocernos rebaño de Jesucristo y en Él a sentir la confianza, el gozo, la paz; nada más de miedos, estamos en Él y sí Él está con nosotros ¿quién estará contra nosotros?

A Él la alabanza y la gloria por los siglos.

Amén.

Category Homilías Ciclo C Pascua