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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 19981115

Título: El amor que Dios nos tiene es el que nos va a juzgar

Original en audio: 16 min. 2 seg.


Muy Queridos Hermanos:

Está cercano el final de este año litúrgico. El próximo domingo será la gran solemnidad de Jesucristo Rey del Universo, que de alguna manera es como la culminación de la Pascua.

Contemplar a Jesucristo ya no solo resucitado y glorioso para unos pocos testigos, sino revestido de la gloria y de la majestad de todo el universo. Es por eso que nos encontramos la próxima semana, el próximo domingo.

Por ahora, estamos preparándonos en esa meditación sobre el final de la historia. Estamos preparándonos para recordar que Jesús vuelve. ¡Y cómo es de importante recordarle esto al pueblo católico! A veces, cuando predicamos sobre el retorno de Jesucristo, algunas personas piensan o sienten que eso debería estar reservado como para las sectas protestantes.

Porque efectivamente, hay muchas sectas protestantes que hacen insistencia en que Jesús ya viene, en que Jesús ya vuelve. Y me atrevo yo a pensar que algunas de esas sectas están ya profetizadas por Jesucristo cuando dice que muchos vendrán usurpando su nombre.

Pero precisamente las sectas cristianas no católicas tienen éxito en su predicación sobre el retorno de Cristo, entre otras cosas, porque a nosotros los católicos se nos olvidó meditar y predicar sobre el retorno de Jesús. Y lamentablemente todo lo que la Iglesia Católica descuida, alguien lo aprovecha, ese es el desastre.

Nosotros, por ejemplo, en la Iglesia hemos predicado poco sobre la oración, por eso tantas personas andan detrás de métodos de meditación, métodos de concentración, métodos de Yoga, métodos de introspección, métodos de intuición, todo lo que tenga que ver con interioridad, porque la Iglesia no ha predicado lo suficiente sobre eso.

Otro ejemplo: la realidad maravillosa de los Santos Ángeles. Hubo un tiempo en la Iglesia , años setenta, años ochenta, en que muy poco se habló sobre los Ángeles, y de pronto se encontraba uno y todavía se encuentra con algunos sacerdotes o diáconos que poco hablan de los Ángeles o que no creen en los Ángeles, ni en los Santos Ángeles ni en los Ángeles caídos, es decir, en la acción del demonio, que también es real.

No todo se le puede achacar al demonio, pero existe el demonio, existen los demonios, y su acción es real.

Pues bien, como la Iglesia no le prestó atención ni a los Ángeles Santos ni a los demonios, entonces por eso resulta tanto curandero que se supone que echa malos espíritus, y por eso resultó la Nueva Era con la historia de los ángeles.

Hoy, de diez obras que usted consiga sobre los Santos Ángeles, ocho o nueve son espúreas, son mentirosas, engañan, convierten a los Ángeles en otras cosas que no tienen que ver con el mensaje cristiano. ¿Culpa de quién? Culpa de todos nosotros que creímos que el amor a los Ángeles era un asunto para hacerle cuadritos bonitos a los niños.

Todo lo que la Iglesia Católica descuida, tarde o temprano se levanta en su contra.

Así también con este tema del retorno de Jesucristo como Juez. No se ha predicado a veces con claridad sobre Jesucristo como Juez del universo, sobre ese discernimiento que la persecución ya va anunciando.

Es que, démonos cuenta de que las persecuciones de las que habla Jesucristo en este evangelio, ya son un primer discernimiento. Porque efectivamente, la persecución es como es una pregunta que se te hace al pecho: "¿De qué lado estás".

Cuando las personas tienen que soportar persecución, cuando tienen que soportar tensión, entonces les toca resolverse, ese es ya un juicio. Estas persecuciones del final de los tiempos lo que están es anunciando que, efectivamente, vendrá el Juez de todo el Universo. Y ese tiempo de persecución yo creo que de alguna manera ha llegado.

No me refiero aquí solamente a los sacerdotes, o a los religiosos, o a los obispos asesinados, o a los laicos comprometidos que padecen tortura o muerte por Cristo; me refiero también al hecho sencillo de lo difícil, y lo excluyente, y lo complicado que es hoy ser un verdadero cristiano.

Si una muchachita, por ejemplo, tiene su novio y la muchacha está convencida de los valores de la familia y del valor de la pureza, un día el novio la confronta: "Bueno, ¿entonces qué? Pasamos a mayores, ¿o qué? ¿Me va a dejar? ¿O la dejo? ¿O qué?

Y entonces la muchachita tiene que sufrir persecución, porque si quiere ser fiel a Jesús, seguramente va a perder a ese hombre que le interesa, que le gusta, que lo ama. Y entonces tiene que escoger, y muchas veces muchas, escoge mal;pero hay algunas también que escogen bien y que saben hacer valer sus principios, su pureza, su amor a Dios.

Esa es una persecución. ¿Y la persona que está en el trabajo?: "bueno, a ver, firma el chanchullo este, se une, todo el mundo ha firmado, ¿va a firmar usted? O lo echamos, o lo arreglamos, o lo negociamos". Y la persona dice: ¡Y ahora yo qué hago? Tengo un hogar, tengo dificultades".

Claro, la persecución ya no es con lanzas, ya no es con espadas, no; la persecución es con Covinoc, la persecución es que te negrean financieramente; la persecución es que te quedas sin amigos; la persecución es que te aíslan; la persecución es que te quedas solo, radicalmente solo, esa es la persecución.

Pero he dicho que esta persecución ya te obliga a confrontarte, ¿crees o no crees? ¿Qué tan cristiano eres?

Hoy la mayor parte de los niños, niñas, jóvenes -ustedes ven que yo continuamente les hablo a los jóvenes, ¿por qué? Pues porque los amo en primer lugar,los amo, en nombre de Jesús los amo; y en segundo lugar, porque yo siento cómo son zarandeados por la propaganda, zarandeados por el mundo. Hoy los jóvenes tiene que vivir situaciones supremamente duras.

Conozco el caso, por ejemplo, de una joven con un gran amor a Dios, tanto, que ella quiere dedicarse al Señor, ella ha hecho voto virginal, no necesariamente para ser religioso, parta dedicarse a Dios como seglar, consagrada a Dios como seglar, en medio del mundo. A mí a veces eso me parece más difícil que cualquier otra cosa.

Pues esta muchacha está en el colegio, ¿y sabe qué le toca a ella? Tiene compañeros homosexuales; una compañera suya es mamá; otros compañeros suyos, drogadictos; los hogares de sus compañeros y compañeras, destrozados; el ambiente en las fiestas y los noviazgos, todo el mundo con todo el mundo, contra todo el mundo, encima de todo el mundo y debajo de todo el mundo.

Ese es el ambiente, y en ese ambiente esta muchacha, esta niña, esta jovencita se atreve a decirle a Jesucristo: "Quiero vivir virginalmente para ti". ¿Usted qué cree que le va a pasar a esa niña? ¿Usted qué cree, qué tipo de presión cree usted que le toca soportar a ella? Es una chica, es una jovencita.

Estamos llegando a estos tiempos en los que, efectivamente, los valores de la honradez, de la sinceridad, del amor, de la generosidad, parecen simplemente imposibles. Gastarle tiempo a una persona, es una estupidez; perdonar las ofensas, es una tontería, es ser tonto; y así sucesivamente.

Pero todo esto anuncia que están llegando los tiempos en que uno tiene que resolverse: o somos o no somos; o somos cristianos y vivimos con todas las consecuencias nuestra fe, y con garbo, y sin vergüenza, y con alegría, y con rostro levantado, o renunciamos a Jesucristo.

Este es el juicio que va llegando; no sabemos cuánto vaya a tardar, no sabemos si estaremos vivos cuando llegue el Señor, no lo sabemos; en el fondo, yo sí lo desearía, claro que sí, yo sí lo quisiera, porque ese encuentro con Jesús es lo mejor que puede sucederle a mi alma. Pero que haga Dios su voluntad en eso y en todo.

Quiero terminar haciendo una breve reflexión sobre esto de Jesucristo como Juez.

Una de las razones por las que muchos predicadores no volvieron a hablar sobre Cristo como Juez, es por esto: porque resulta que muchas personas estaban traumatizadas con el mensaje de Jesucristo como Juez; había mucha gente que estaba asustada y traumatizada con el asunto del infierno, el Dios castigador, terrorista y terrorífico.

Entonces por eso, por ejemplo, en la Renovación Carismática, cuando se comienza el camino, casi siempre se comienza por un seminario de vida en el Espíritu; y en ese seminario de vida en el Espíritu siempre se comienza por hablar de las falsas imágenes de Dios, y una falsa imagen de Dios es el Dios terrorífico, el Dios castigador.

Eso es cierto: Dios no es el Dios castigador, pero Dios tampoco es ningún pendejo, Dios se da cuenta de las cosas; no podemos hacer de Dios una especie de abuelito ñoño, que no se mete con nada, que te está aplaudiéndole todas las cosas, que todo le parece maravillosos.

Mucha gente no quisiera tener como Dios al Padre de Nuestro Señor Jesucristo, sino quisiera tener como Dios a un Papá Noel, ¡jo,jo jo, jo,jo!, que todo le pareciera maravilloso; un Dios al que uno se le acercara y le dijera: "-Señor, en un acceso de ira, maté a mi mamá", "-Ay, bueno, pero no lo vuelvas a hacer, no lo vuelvas a hacer, eso ya estuvo serio".

Muchas veces quisiéramos un Dios así, un Dios que no se metiera con nosotros; un Dios que fuera un gran indiferente; un Dios que todo lo consintiera, que todo le pareciera bien.

Pero vamos a tratar de pensar un papá o una mamá que todo le pareciera bien; y entonces el bebesito de tres años le dice a la mamá: "-Mamá, quiero prender la estufa", "-vaya, mijito, préndala"; "-mamá, quedó echando gas", "-tranquilo, mijito, no pasa nada"; -mamá, quiero encender un fosforito", "-Tranqulo, mijito", !Pumm! Ese es el Dios que quisiéramos.Un Dios que dejara quemar la casa.

¿Qué mamá, qué papá, si ve al niño que se va a hacer daño o que se va a tirar la casa, se va a quedar tranquilo? Por eso Dios es así con nosotros; Dios no es por amargarle la vida a uno. Cuando Dios le dice: "No mates, no robes, no adulteres, no mientas"; este Dios que nos obliga a ser sinceros, a ser coherentes, es un Dios que obra así por amor; es el amor el que le mueve a Dios.

Esto quiere decir, que si Dios nos manada lo que nos manda, es porque nos ama; por favor, no esperemos a que la vida nos destroce para decir: "Ay, sí, como mejor la manera que decía Dios", "sí, era mejor esa manera".

Es muy importante que nos quede claro esto: Dios lo que nos manda en sus santas leyes, lo que manda en sus santos mandamientos, lo manda porque nos ama, porque nos quiere, porque no puede dejar que volemos la casa, porque no puede dejar que nos destruyamos porque nos quiere.

Y en segundo lugar, este mismo amor de Dios es el que nos va a juzgar, Porque Dios nos ha amado tanto, tanto, tanto, pero tanto, que nos ha dejado sin disculpas. Por eso, el Dios amor, es también el Dios Juez; Dios nos juzga, nos juzgará, y nos juzgará con justicia, porque de su Corazón Sacratísimo ha brotado amor, mucho amor, todo el amor; y ese amor significa oportunidad para ti, bendición para ti, sanación para ti.

El día del juicio, ¿con quién nos vamos a encontrar? "Con un Jesús bravo"; no, hombre, con el mismo Jesús que nos ha amado toda la vida, con Él nos vamos a encontrar.

Y eso es lo terriblemente serio del amor: que nos vamos a encontrar con un Dios, el que nos ha amado, el Dios que te esperó días y noches; el Dios que te dio ocasiones y oportunidades; el Dios que se puso de tu parte y te invitó a orar; el Dios que mandó su Espíritu; el Dios que te mandó predicadores, libros, folletos, congresos; el Dios que te mandó este congreso y esta Eucaristía; ese Dios que hoy te da la oportunidad, ese es el Dios que te vas encontrar.

Y por eso, ese es el Dios ante el cual no queda ninguna disculpa. Por eso es tan seria la vida, y por eso es tan serio el amor; porque Dios me ha amado con seriedad. Y es precisamente la seriedad de ese amor la que un día me va a juzgar, porque me amó, realmente me amó; y me amó hasta el fondo, y me amó hasta el final, o como dice la Escritura: "Me amó hasta el extremo" San Juan 13,1.

Queridos amigos, recibamos esta palabra del Señor, recibamos con seriedad el amor de Dios que es serio. Dios no es un Dios castigador, ni amargado, ni neurótico; es un Dios sumamente amoroso, es un Dios serio para amar, es un Dios que se ha implicado hasta la Sangre del amor, y esa seriedad de su amor es la que pide también de ti; que tú aceptes con seriedad, que tú aceptes con profundidad y con coherencia el amor que Él te regala.

Amigos, como se vive se muere. Vivamos santamente, acogiendo esta palabra, acogiendo esta oportunidad, diciéndole a Jesús gracias cada día, viviendo intensamente cada momento, para que al salir de esta tierra, o cuando Él regrese a nuestra tierra, nosotros, con la sonrisa agradecida y jubilosa, podamos saludarlo diciendo: "Bendito el que viene en nombre del Señor".

Amén.